Vuelve Cristina y crece al máximo la tensión con Cobos

En el Gobierno no esconden su irritación por las últimas apariciones del vicepresidente. Dicen que la Presidenta evalúa incluso la posibilidad de pedirle la renuncia. Pero otros creen que el gesto debe surgir de Cobos: "Es él quien debería irse".
El peor momento. El tiempo no ha curado las heridas entre Cristina Fernández de Kirchner y Julio Cobos. Más bien, ha ocurrido todo lo contrario. La relación está anclada en el punto más distante desde aquella madrugada en la que el vicepresidente derribó el proyecto de retenciones móviles al sector agropecuario y su imagen trepó a picos impensables de popularidad. Hay máxima tensión entre el kirchnerismo y Cobos. Nadie se atreve a decir de qué modo resolverán la cuestión.

Altas fuentes del Gobierno indicaron ayer a Clarín que la exposición del vice durante el viaje de la Presidenta a Africa generó irritación, a tal punto que Cristina evalúa para su regreso hasta la posibilidad extrema de pedirle su renuncia. Otras fuentes de la Casa Rosada desestimaron esa posibilidad, aunque hicieron hincapié en que la propuesta de la renuncia debería surgir del propio Cobos.

Como sea, Cristina no tomará ninguna determinación sin consultarla con Néstor Kirchner, quien el jueves volvió a subirse a la tribuna para criticar al hombre que él mismo dijo haber elegido para acompañar a su esposa.

Existen dos motivos centrales por los que el matrimonio presidencial habría precipitado su decisión de desprenderse de su ex aliado. Ambos se desencadenaron la última semana, justamente cuando Cristina voló al exterior y Cobos se hizo cargo del máximo sillón de la República.

El primero: el kirchnerismo tembló el día que los diputados de la oposición le pidieron a Cobos que vetara la flamante norma que devuelve al Estado las jubilaciones y los aportes que estaban en manos de las AFJP. Cristina llamó desde Africa para decirles a sus senadores que no le llevaran el texto de la ley sancionada. Cerca de Cobos dijeron que nunca pensaron en vetar la ley, pero el solo hecho del reclamo opositor alcanzó para poner los nervios de punta en los despachos oficiales.

El otro motivo que dio lugar a los razonamientos de pedido de renuncia: el giro de las negociaciones entre la cúpula de la Unión Cívica Radical y el cobismo. Hasta la semana pasada sólo parecían reservadas para los dirigentes que se refugian bajo el paraguas del autor del voto no positivo. Pero, ahora, hasta el jefe radical, Gerardo Morales -uno de los más reacios a la vuelta de Cobos- asumió frente a los periodistas que el perdón es posible. El camino parece allanado.

Así, muchos kirchneristas ven en Cobos un potencial rival en 2011. No sólo porque él mismo trabaja en esa dirección sino porque, además, observan que los radicales del sector que responde a Raúl Alfonsín lo alientan como la figura que puede llegar a aglutinar a buena parte de la oposición.

"La actitud del vicepresidente no es la correcta. A mí me preocupa que se lo intente mostrar como un ejemplo", disparó por Radio 10 el ministro del Interior, Florencio Randazzo. La crítica no se detuvo ahí: "Me parece que uno debe ser coherente, respetuoso y leal. Cobos, en muchas ocasiones, ha destacado la grandeza de Kirchner. Con el triunfo garantizado le ofrecía integrar la fórmula".

Randazzo asumió que al kirchnerismo le molestan las audiencias que el vicepresidente le concedió a la oposición: "Recibe a todo opositor que anda dando vueltas". Detrás de esas movidas, creen que se esconde la apuesta de Cobos de cerrar acuerdos para ser la alternativa en la próxima presidencial.

La tensión llegó a un punto que ni Kirchner pudo eludir el tema en el acto que el jueves compartió en Necochea junto con el líder de la CGT, Hugo Moyano. "Todas las mañanas, Cristina me dice: 'qué vicepresidente me pusiste, Néstor'", ironizó.

Cobos, sin embargo, asegura que no piensa renunciar. "Soy vice hasta 2011", sostiene. Sólo una consulta popular podría hacer que revea su posición, decían ayer en su entorno.

Algunos funcionarios temieron incluso que Cobos fuera este fin de semana a Mar del Plata para ver la final de la Copa Davis. Se tomaban la cabeza cuando pensaban que se podía llevar la foto con la entrega de la Copa, una posibilidad que tras la derrota de ayer en el dobles se volvía un más complicada.

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