Vuelve la campaña después del duelo.

Por: Eduardo van der Kooy.

El fallecimiento de Alfonsín se convirtió en un sorprendente fenómeno político. Es todavía temprano para desentrañarlo. Pero con seguridad tendrá efectos en la pelea política por las elecciones de junio. Kirchner será candidato en Buenos Aires. La oposición se reacomoda.

Hace un puñado de días que Raúl Alfonsín se ha ido y los rastros de esa partida permanecen intactos en la política argentina. Una conmoción social que puede tener interpretaciones múltiples pero que, con certeza, no excluiría una: la ciudadanía parece estar demandando formas de convivencia menos traumáticas. El imaginario viajó entonces hacia los melancólicos tiempos de la restauración democrática.

Esos tiempos no fueron nada sencillos pero, tal vez, algo más normales que los actuales. El concepto de normalidad, así de simple, se fue extraviando en la Argentina incluso antes de la era de Néstor y Cristina Kirchner.

También comienza a advertirse, prematuramente, que el legado político del ex presidente se filtrará como una llamarada en la campaña electoral que vuelve después del duelo. Será otra forma de homenaje que lo hubiera halagado. Si la vida y la salud le hubieran dado un tiempo adicional, Alfonsín habría estado otra vez prendido en los debates y las tribunas.

Kirchner fue el primero en descubrir el nuevo componente que tendrá en estos meses la pelea política. Fue, para ser justos, el primero en expresarlo por el privilegio y la notoriedad que le concede su papel de ex presidente. Habló sobre Alfonsín con una familiaridad desconocida. Reveló diálogos íntimos, consejos y consultas casi cotidianas. La última constancia de una larga conversación entre ellos se remonta a abril del 2005, cuando asistieron en el Vaticano a la entronización del papa Benedicto XVI. Todo lo demás es nuevo e inédito, si lo es.

Kirchner recurrió también a elogios sobre Alfonsín para reflejarse en un espejo y marcar, quizás, el rumbo de sus próximos pasos. "Fue siempre un militante, un luchador. Defendía sus ideas. No le importaba si ganaba o perdía elecciones", describió.

¿No le importa ganarlas o perderlas a Kirchner? Sí le importa, como también le importaba al caudillo radical. Lo que Kirchner quiso anticipar fue que, más allá del tiempo de adversidades, no rehuirá a ninguna batalla. Será candidato a diputado en Buenos Aires en contra de cualquier conjetura, en contra del viento y la marea.

Un problema de Kirchner es la convicción con que cree en el compromiso de vastos sectores sociales que estarían dispuestos a seguirlo hasta el último instante. No es la misma percepción de políticos e intendentes de Buenos Aires que recorren día a día esa misteriosa geografía. A esos intendentes les cuesta un Perú congregar gente cada vez que el ex presidente realiza una aparición en el conurbano.

Hace pocos días estuvo reunido en Olivos con la mesa chica del peronismo. Estuvieron, entre otros, el vicegobernador Alberto Balestrini, los intendentes Hugo Curto, de 3 de Febrero; Raúl Otacehé, de Merlo y el cegetista Hugo Moyano. Todos le sugirieron que moderara su línea discursiva porque el malhumor porteño es, en parte, un estado de ánimo que derrama también en Buenos Aires. Kirchner pareció asentir pero el martes, mientras se apagaba la vida de Alfonsín, trató de demoler con críticas al peronismo disidente, a los radicales y a los medios de comunicación.

Kirchner aparece ahora atenazado entre aquel malhumor que no cede y la cuña que le acaba de encajar en Buenos Aires el acuerdo entre Francisco De Narváez y Felipe Solá. Ambas cosas no forman parte de ninguna confabulación sino de un registro que empieza a tener constancia en la realidad y que, además, empieza a ser conocido por los Kirchner.

La semana pasada concluyeron dos trabajos de consultoras sin tuteo con el Gobierno que incorporaron al binomio del peronismo disidente en el examen de las encuestas. El primer informe le concede a Kirchner una ventaja de menos de dos puntos sobre De Narváez y Solá: 28,7% a 26,8%.

El segundo informe arroja también números globales y otros parciales. Todos tienen todavía un carácter provisorio porque el ex presidente no formalizó aún su candidatura y porque los comicios legislativos están distantes en el horizonte de las preocupaciones populares.

El resultado global señala que una hipotética lista de Kirchner con Graciela Ocaña, la ministra de Salud juntaría el 30,7% de los votos provinciales. De Narvaez y Solá llegarían al 27,9% y Margarita Stolbizer con Ricardo Alfonsín, de la Coalición Cívica, al 10,7%.

Otro ensayo de Kirchner con José Scioli, el hermando de Daniel, el gobernador de Buenos Aires, alzaría al cómputo al 31,2% contra el 28,7% de los disidentes y 7,3% de Stolbizer y Mario Llambías, el dirigente agropecuario.

La preocupación no radicaría sólo en ese equilibrio aparente. En el segundo cordón, el bastión con que cree contar el kirchnerismo, sonarían alarmas. La Matanza seguiría favoreciendo a Kirchner aunque por un margen menor del supuesto. En Ezeiza, la dupla disidente le estaría arrancando una diferencia de cuatro puntos al ex presidente.

Esa radiografía explica el empeño colocado por Kirchner para criticar a De Narváez y Solá. Aunque esas críticas, muchas veces, podrían descolocar a sus socios. El ex presidente pretendió descalificar a sus rivales agitando los fantasmas de la década del 90. Al lado suyo estaba estoicamente Scioli. También remarcó las dificultades que tuvo Solá cuando fue gobernador. Varias de esas dificultades -la inseguridad o la escasez de recursos- son las que sufre Scioli ahora mismo.

La incertidumbre electoral que se estaría instalando en Buenos Aires daría más relevancia o otras cuestiones irresueltas que posee el Gobierno. ¿Cuáles? Se sabe que Capital es una geografía perdida, una impresión que parece haberse reforzado con el acompañamiento espontáneo y la congoja que rodeó la partida de Alfonsín. Pero el oficialismo no logra allí colocar siquiera un ladrillo sobre otro. Hasta el senador Daniel Filmus se resistió a encabezar una oferta electoral en nombre del kirchnerismo.

Santa Fe es otra provincia conflictiva porque Carlos Reutemann no está dispuesto a convertirse en postulante de los Kirchner. Por ese motivo eludió propuestas del ex presidente para compartir una lista con el jefe del bloque de diputados del PJ, Agustín Rossi. También desoyó otra sugerencia: que aceptara a la concejal María Eugenia Bielsa, hermana del ex canciller, en el lugar de Rossi. Esa sugerencia progresó sin el consentimiento de la dirigente.

Un dilema parecido sucede en Córdoba. Juan Schiaretti anunció que los fondos de la coparticipación de la soja para la provincia que inventó el Gobierno para divorciar a la política del campo, se destinarán en beneficio de los sectores agropecuarios. La ira estalló en los Kirchner.

El impacto emocional que produjo la muerte de Alfonsín no ha sido indiferente, tampoco, para la oposición. El radicalismo ya supone que merecería otro espacio en el frente con la Coalición Cívica, y Julio Cobos cree haber recibido un envión fundamental para su proyecto presidencial del 2011. El vicepresidente, por la presencia de Cristina en Londres por la Cumbre del G-20, tuvo un papel protagónico en los días de luto. Generó rachas de bronca en el Gobierno: Oscar Parrilli pidió a los funcionarios oficiales que no permanecieran más tiempo en el Congreso. Algunos le hicieron caso, pero otros no.

Stolbizer no estaba convencida de que Ricardo, el hijo de Alfonsín, la acompañara en la lista de diputados en Buenos Aires. Había rechazado antes la posibilidad de la unidad con De Narváez y Solá. No le parece mal ahora la posible presencia del heredero del ex presidente. Pero no pocos radicales estarían dispuestos a elevar la apuesta después del fenómeno social que moldeó el velatorio. "Ricardo es mucho más conocido en la provincia que Margarita", atizan con maldad. Podrían sobrevenir momentos de turbulencias para Elisa Carrió.

El Gobierno y la oposición estarían enfrentándose, tal vez, a un tiempo distinto e inesperado. A un tiempo que podría darle otro sesgo a la demanda popular en la campaña. Los Kirchner están acechados por la crisis económica y por los innumerables imprevistos de una Nación frágil como la Argentina. Un imprevisto, la epidemia del dengue, ha desnudado deficiencias de gestión, en especial en Chaco, y un escandalete político.

También están acechados por un clima político ciertamente hostil e inarmónico que parece tener fatigada a la sociedad. Un clima que muchas veces, además, estimula la oposición.

¿Ha sido la sorprendente despedida de Alfonsín un gesto social que apunta a revalorizar su persona, su Gobierno y la política? ¿O ha sido sólo un golpe emocional? ¿Ha sido genuina aquella misma revalorización o sólo consecuencia de ostensibles ausencias actuales?

Resulta imposible ahora mismo dar una respuesta siquiera aproximada. Pero, según sea en el futuro esa respuesta, la Argentina podrá romper, o no, con la desgraciada inercia de su historia.

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