De vuelta al páramo: el mercado se quedó sin ‘brotes verdes’.

Por Laura García.

Las últimas elecciones habían abonado ciertas ansias de normalización. Y la expectativa se había colado entre tanto escepticismo bien fundado. El mercado pensó por un momento que la heterodoxia K estaba agotada y que habría algo de aire fresco. No mucho.

Una mueca obligada de racionalidad, un gesto discreto de acercamiento, un "brotecito verde" que distraiga del páramo. Nadie esperaba mucho pero tampoco lo que terminó siendo. No hubo estrategia conciliatoria sino más de lo que ya insinuó el resentido discurso de la derrota. Cristina hizo pura cosmética y se jugó por un "maquillaje" todavía más recargado. "Como ya lo venimos diciendo, somos muy escépticos respecto a la disposición de este gobierno de hacer cambios importantes de política", dicen en el Bank of America, con el desencanto de quien se topa siempre con más de lo mismo. "Las políticas intervencionistas/heterodoxas que el gobierno viene implementando nacen en esencia de una convicción filosófica-económica antes que de una postura política, por eso no creemos que vayan a cambiar fácilmente", apuntan en Goldman. "Este cambio de gabinete indica que no habrá giros sustanciales de política en la segunda mitad del gobierno de Cristina", agregan en Credit Suisse. Después del 28-J había un hilo de luz. Hoy todos ven puertas cerradas.

La reafirmación K llega, además, en plena reversión del recuperado apetito de riesgo global. Y la combinación de billeteras temerosas con desilusiones domésticas nunca condujo a nada bueno. En el Royal Bank of Scotland, sin embargo, le ponen una nota positiva al asunto: la solvencia de corto plazo del país todavía está fuera de sintonía con las altas probabilidades de default que reflejan los spreads. Si la marea exterior se calma, la debilidad de los bonos puede ser una buena oportunidad de compra de corto plazo. Es cierto.

En un mercado tan baqueteado, acostumbrado a digerir golpes sin atragantarse, muchos encontrarán sin dudas el negocio. Algunos seguirán esperando la buena noticia que se les escatima para volver a zambullirse. El grueso, probablemente, sienta que las oportunidades es mejor buscarlas en otro lado.

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