Vuelta de página del modelo: dejar atrás el superávit y sumar deuda

Por: Daniel Fernández Canedo

El Gobierno está dejando atrás dos de los postulados esenciales del esquema económico que viene desde 2002.

El tan destacado superávit fiscal (la caja con más ingresos que gastos) de otros años, comenzó a diluirse. Mes a mes el resultado de las cuentas públicas evidencia que mientras el gasto público crece por encima de 25%, llegando en algunos casos al 30% en un año, la recaudación impositiva promedia un alza de 10%.

Así, el superávit que en los años anteriores giraba entre 2% y 3% del PBI, este año araña sólo un 1%. Y las cuentas darían cero si no se considera los ingresos que tiene el Tesoro por los fondos de las estatizadas AFJP.

Ese resultado tiene como trasfondo una lógica política: el Gobierno no piensa ni en bajar el gasto ni en hacer un ajuste.

Y convive con una realidad: la Argentina tiene hoy la mayor presión tributaria en años y es el Tesoro nacional (y no las provincias) el que se lleva la parte del león. En 1998 la presión tributaria -la relación entre lo recaudado y el PBI- era de 16,7%. Este año es de 26,6%. De los diez puntos de suba, la mayoría los acaparó el Tesoro nacional.

Al tener más plata, gastó más y ahora, antes de recurrir a bajar gastos, la puerta de salida está relacionada con el abandono del segundo de los postulados.

Desde el comienzo, el Gobierno también se planteó una política de desendeudamiento.

Descartar un acuerdo con los organismos financieros internacionales, o con los mercados fue una constante acompañada por el pago al contado.

La idea dominante era pagar con reservas, caso FMI, o con bonos, en el canje de deuda de 2005, que ahora el ministro Boudou busca reflotar a partir de una propuesta de tres bancos internacionales.

El plan de llegar a un acuerdo con los bonistas para volver al mercado de crédito voluntario y poder endeudarse tiene, en estos tiempos, condiciones favorables.

Los países desarrollados van dejando atrás la crisis y pueden volver a crecer.

Hay exceso de dólares a nivel mundial y los inversores buscan alternativas de colocaciones para su dinero.

Bonos como los argentinos que, a pesar de haber subido mucho, aún ofrecen rentas de 12% anual resultan muy atractivos para los inversores financieros.

Por eso el Gobierno cree que a partir de enero podrá colocar bonos en el exterior. Y así conseguir unos 1.500 millones de dólares el año que viene.

El esquema se complementa con la colocación de deuda en el mercado interno.

Haber obtenido $ 5.900 millones del dinero de la ANSeS y del PAMI, es sólo una muestra de que en estos días el Estado más que cortar los gastos, busca la forma de financiarlos.

Curiosamente, y a contramano de lo que indica la lógica de los mercados, el Gobierno saldrá a buscar deuda al mismo tiempo que diluye el superávit fiscal.

Y, por las circunstancias del mercado, probablemente le puede ir bien.

Haber pagado la deuda después del default de 2002 le deja réditos y la superliquidez mundial ayuda mucho.

Hay otro postulado del esquema económico que puede flaquear pero que el Gobierno seguramente no está dispuesto a permitirlo.

El precio del dólar está congelado prácticamente desde hace un mes y el Banco Central tiene que hacer un esfuerzo para que no baje.

Desde octubre, el Central compró en promedio US$ 75 millones por día para recomponer las reservas y evitar que caiga por debajo de $ 3,80.

Frente a la inflación podría decirse que el dólar se retrasa pero se trata de una visión parcial.

El dólar cae a nivel mundial, y lo más relevante para la Argentina, es que también lo hace en Brasil y Chile.

Así, aún quedándose quieto, el tipo de cambio real no estaría bajando.

En otras palabras, hoy no existe la posibilidad de un retraso cambiario, como en los tiempos de la convertibilidad, que vaya a terminar en una explosión.

Lo que sí comienza a gestarse es la idea de que la inflación requerirá un seguimiento especial en los próximos meses.

Si bien el dólar quieto juega a favor de la estabilidad de los índices -es un valor de referencia ineludible para los precios de los alimentos- la inflación que miden los privados no baja de 1% mensual.

Uno de los interrogantes esenciales de los próximos meses es cuál será el porcentaje de aumento salarial a discutir en febrero si la inflación gira en 13% anual, más allá de lo que diga el INDEC.

El Gobierno apuesta a tomar crédito para gastar más y agregarle combustible al consumo. No parece muy preocupado por quién pagará la cuenta.

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