La vuelta de Carrió después del stress y un largo silencio

El concierto de música clásica estaba a punto de comenzar cuando ella sintió el flash de una cámara. Estaba con un matrimonio amigo y se empezó a sentir mal. Habían pasado unos días de las elecciones. Fue el primer aviso de un stress severo que la mantuvo casi dos meses fuera de todo y con parte de su cuerpo paralizado. Elisa Carrió ahora está casi lista para su vuelta a la política. Tiene algunos temores pero la decisión de siempre.
La dieta la cumple en forma estricta. Primero la sopa de verduras, luego el soufflé de zapallitos y al final le sirven una crema light con canela. Ya bajó doce kilos y se le notan. Cumple con el reposo que le indicó su médico. Pero eso sí, enciende varios cigarrillos por día. "Todo junto no puedo", confiesa. Alguno ni los termina de fumar y los apaga.

Se deja ver por muy poca gente. Sólo la semana pasada volvió en privado a hablar de política con algunos de sus allegados. Pero muy poco porque dice que todavía le "hace mal". Habló con el senador radical Gerardo Morales y quedaron en verse.

Es la primera vez en su carrera política que necesitó parar y no sólo porque se le paralizó un brazo y tuvo serios problemas en las cervicales. Primero quería salir de la escena cuando renunció a liderar la oposición y después llegó lo que "Lilita" consideró un "error grave" de la oposición. Fue ir a la Casa Rosada para sumarse al "diálogo político" que planteó Cristina Kirchner luego de la derrota, y que luego fracasó. Ahí Carrió estalló enfurecida por los "niveles de irresponsabilidad de la oposición". Y luego más cuando otros que no son de su espacio político se acercaron a Julio Cobos y hubo otra foto.

"Hasta el 10 de diciembre hay un período de transición que había que atravesar. Resistir. Pero decidieron vaciar el Congreso y llenar la Casa Rosada, sacarse fotos para la nada", dijo en su momento. Se distanció de algunos de sus socios políticos del radicalismo, como Margarita Stolbizer, y de los socialistas.

Sólo en privado cuenta que observó "excitados" a muchos dirigentes por las luces de las cámaras de televisión. Alguno hasta le sugirió: "Dale Lilita vamos a la Rosada, tenemos todas las cámaras". Ella se rió: "Yo tengo las cámaras hace 15 años". Presentía la jugada de los Kirchner. "Kirchner juega anticipadamente. Es un perverso con estrategia y con capacidad de daño", dijo. Todavía se lamenta por cómo la oposición fue "funcional" al ex presidente. "Yo necesitaba sacarme el dolor que produjo todo esto para poder seguir. Ahora estoy bien", contó en su sillón preferido. Así explica en la intimidad qué fue lo que le pasó y por qué le pasó.

En su departamento convertido casi en un refugio, donde suena "música de agua" (como suele decir) y las persianas están casi bajas, la líder del Acuerdo Cívico y Social prepara su regreso público a la política. Lanzará el viernes su nueva agrupación Coalición Cívica-ARI, y convocará a la sociedad a un acuerdo para la estabilidad política, social y económica. "Tenemos la opción de elegir una salida para garantizar los próximos 50 años de estabilidad", le gusta decir. No cree en un pacto que armen Eduardo Duhalde y Cobos.

No piensa hablar de 2011 en su reaparición. "Hoy no soy candidata y es una obscenidad hablar de candidaturas", comentó a uno de sus allegados. Tampoco planteará la ruptura en el Acuerdo Cívico pero considera que hay que mantener una "distancia simbólica" hasta que decante la situación política actual.

Siempre jura que no va a entregar "la causa a nadie que no garantice los principios" por los que ella pelea. Hoy es Cobos el hombre que Carrió cree que no cumpliría con ese requisito. Siempre que le preguntan la diputada electa dice que no tiene nada contra él vicepresidente pero asegura que nadie sabe lo que piensa y sube en las encuestas como le pasó a Carlos Ruckauf.

"Todos me dan siempre la razón. Pero me la dan tarde", suele decir. Lo último que le dolió fue la "defraudación del socialismo", que votó con el kirchnerismo la media sanción de la "ley de medios K".

Dice que no se explica cómo apoyaron a los Kirchner en una ley que ella considera es una "amenaza concreta al periodismo libre". Está en contra de toda la ley.

"Yo pedí el voto por ellos en Santa Fe. Siento vergüenza ante los que votaron", se ha quejado. Tuvo una excelente relación con el senador Rubén Gustiniani pero no lo entiende. Tampoco al gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, su otro socio del Acuerdo Cívico.

"De la izquierda lo único que digo es que ser la segunda amante del kirchnerismo es patético", dijo hace unos días.

No está apocalíptica, como antes. Sólo advierte que no puede repetir el 2001 y no la van a encontrar en ninguna conspiración. Está confiada en que "un día el cielo se abrirá porque el pueblo es más sano que la política". Estuvo muchos días en silencio. Bastante sola por decisión propia pero no enojada, como muchos creyeron.

Todas las mañanas "Lilita" Carrió sale a caminar con una amiga, va a misa, toma un café y vuelve a su casa. El ritual dura casi dos horas. Todavía tiene algunos dolores, pero ya no usa el cuello ortopédico. Descansa y se cansa. "Es la edad", le dijo a una de sus colaboradoras. Suele reírse de sí misma y cuando tiene un "ataque de narcisismo" usa para combatirlo una técnica que no se la cuenta a nadie.

Estuvo en Disney con sus hijos, mientras acá Stolbizer se sentaba con Florencio Randazzo (a quien Carrió llama el ministro "motomandado"). Dice que en Estados Unidos pasó la mayor parte del tiempo en el hotel, mientras sus hijos iban a los parques de diversiones. Cuando volvió terminó internada. "Me estallaron todos los valores", contó. Obligó a su entorno a mantener en secreto su estado de salud y luego su destino: se refugió quince días en la Posada del Quenti donde cortó con todo. No hablaba con nadie. Ya cuando se sintió mejor, nadó un poco. Estar en el agua es algo que la apasiona.

Ahora tiene cierto temor a enfrentar el "click" de las cámaras. La pasó mal y para ella fue una novedad porque los que la conocen de memoria cuentan que Carrió nunca se enferma.

Ella se niega a analizar escenarios políticos hipotéticos y a decir lo que va a pasar en el futuro, como hacía antes. "Después dicen que estoy loca. Pero muchos más tarde me piden perdón".

Lo máximo que augura es que el final de los Kirchner los dejará para la historia como "el matrimonio más solo y despreciado".

Tiene la teoría de que no hay que victimizar al matrimonio Kirchner y sostiene que no hay que "hondurizar" la Argentina.

Volver al Congreso a ocupar una banca le produce una sensación casi parecida a sus dolores cervicales, que también la hacían marearse. "No es el trabajo de diputada lo que me pone mal, es el clima de ese lugar", suele decir. Decidió que trabajará desde su casa y sólo irá a todas las sesiones. En Diputados, Carrió vivió su peor momento político y personal. "Voy a cumplir mi mandato de diputada y aunque sea candidata a presidenta no voy a romper ese contrato con la gente", anticipó a un testigo. Ante esa situación menciona a Dios para que la ayude.

Desde que volvió del Quenti hizo en los últimos días algunas salidas: fue a ver a Charles Aznavour y este fin de semana a Alfredo Alcón en "Rey Lear". Evitó las fotos.

Cada vez que sale a la calle la gente le pregunta qué le pasa, por qué no apareció más.

"No entienden que soy una persona muy sensible", le comentó a su amiga de caminata. En su casa recibe decenas de llamadas para entrevistas, rechaza todas.

Le dejan al portero del edificio flores, cartas y hasta remedios. "Lilita curate y volvé", le dijo el otro día un joven. Carrió parece haberle hecho caso.

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