Un vuelo para distender

Un vuelo para distender
El secretario general de la CGT le aclaró a Lorenzetti que no tenía un problema político con la Corte y que el reclamo de esta semana se limitaba a la situación de los judiciales. Compartieron el viaje en el Tango 01.
Ya se habían visto las caras antes de subir al avión. Y cuando se encontraron en los primeros asientos del Tango 01, Ricardo Lorenzetti y Hugo Moyano se saludaron sin problemas. El secretario general de la CGT aprovechó el contacto y enseguida le aclaró que la central sindical no tenía un problema político con la Corte Suprema. "El problema es algo acotado a los judiciales", fue el mensaje que transmitió el camionero. No sólo Moyano se preocupó por poner paños fríos en el vínculo con los miembros del Tribunal. También el santafesino Juan Carlos Schmid, secretario de Capacitación de la CGT y dirigente de Dragado y Balizamiento, se acercó a Lorenzetti para transmitirle su opinión. Lorenzetti también proviene de Santa Fe, ambos se conocen bastante. Schmid le dijo que la interpretación que se estaba haciendo de la puja entre el gremio judicial que encabeza Julio Piumato y la Corte era "una desmesura".

La coincidencia de Lorenzetti y Moyano, más Schmid y el taxista Omar Viviani, en el avión para volar a Roma no pareció un hecho casual. En el mundo sindical hubo quien interpretó esa eventualidad como una decisión del Gobierno para impulsar al titular de la Corte y al camionero a acercar posiciones. "No fue así, las invitaciones nos habían llegado mucho antes del acto de Piumato", se preocuparon por desmentir los hombres de la CGT. Por el lado de la Corte, en los últimos días se había deslizado la versión de que el Tribunal estaba estudiando dos casos de delegados electos por sus compañeros de trabajo que no pertenecían al gremio con personería del sector. En un primer momento se comentó que esos casos podían derivar en fallos a favor de una supuesta "democratización" sindical.

Ayer, sin embargo, a miles de kilómetros de la Argentina, circuló la versión de que esos dos fallos habían quedado archivados o al menos suspendidos. Uno de ellos, que aparentemente tenía que ver con la Asociación del Personal Legislativo y un gremio que se le había plantado como competidor, habría quedado en la nada tras un acuerdo entre las partes. Mientras esperaba para ir al Trastevere para acompañar a CFK a la Comunidad San Egidio, Lorenzetti no habló de la protesta de judiciales. Prometió conversar con la prensa hoy tras la visita de la Presidenta y su par chilena al palacio papal.

La Corte tiene la potestad de definir la situación laboral de los empleados de la Justicia. Es, si se quiere, el sector empleador. Esta semana, un acto organizado por el gremio judicial puso sobre la escena una serie de reclamos impulsados por el sindicato y dirigidos a los ministros de la Corte: participación en la administración de la obra social, aplicación de paritarias, el regreso de los códigos por descuentos a los afiliados que suelen recibir los gremios, la extensión a los empleados judiciales del 82 por ciento móvil que favorece a los jueces.

La reacción del máximo tribunal, en un primer momento, fue atribuir la protesta a una "presión política" de la CGT. Según una hipótesis que hicieron circular desde el cuarto piso del Palacio de Tribunales, Moyano y compañía estaban amenazando a la Corte porque los supremos estaban evaluando aquellos dos fallos sobre encuadramiento sindical.

Aunque desde la CGT hayan insistido con que las invitaciones estaban hechas desde hace dos semanas, la coincidencia de Lorenzetti y Moyano en el mismo avión a Roma descomprimió la situación. La actitud de los popes cegetistas fue dar señales claras de que no quieren escalar un eventual conflicto. Lorenzetti escuchó el mensaje. Ayer fue uno de los pasajeros más solicitados por sus compañeros de vuelo: el cura Juan Carlos Molina conversó mucho con él, pero también lo hizo el gobernador santacruceño Daniel Peralta. Varios fallos recientes de la Corte exhortaron a Peralta a reponer en el cargo de procurador general a Eduardo Sosa, quien perdió su puesto en 1995 tras una reforma judicial impulsada por el entonces gobernador Néstor Kirchner. Peralta aprovechó el vuelo a Roma para conversar del caso. El titular de la Corte, otra vez, se limitó a escuchar.

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