Los votos swingers y la felicidad kirchnerista

Por Fernando Laborda

El matrimonio Kirchner vive sus días de mayor felicidad desde la dura derrota electoral del 28 de junio. La economía parece sonreírles: la fuga de capitales ha cedido y el riesgo país ha llegado a su menor nivel en el último año. Por si esto fuera poco, su soñada ley de medios audiovisuales pasó con éxito la Cámara de Diputados y no debería sufrir tropiezos mayores en el Senado; a lo sumo, alguna que otra modificación que haga retornar el proyecto a la Cámara baja para su sanción definitiva.

Hay algo más que puede explicar el placer de los Kirchner, y en especial de la Presidenta. Una de las claves de la aprobación del controvertido proyecto en Diputados fue el aval que le dieron los legisladores del socialismo y del grupo afín al cineasta Fernando "Pino" Solanas. Los críticos del respaldo al oficialismo de estos sectores hablan ya del voto swinger.

No les hará, por cierto, ninguna gracia a figuras como Solanas o al propio gobernador de Santa Fe, Hermes Binner, que se los compare con Borocotó. Pero las explicaciones de sus diputados a la hora de justificar el súbito paso de su oposición al proyecto al apoyo han dejado muchas dudas en el camino. ¿Pretenderán empezar a ser vistos como una suerte de kirchnerismo más prolijo con la idea de seducir a un supuesto electorado progresista? Frente a esta hipótesis, lo más probable es que terminen siendo deglutidos por el aparato oficialista.

Con la media sanción del proyecto oficial de radiodifusión, a pesar de los cambios poco menos que cosméticos en el artículo sobre la autoridad de aplicación y de la exclusión de las compañías telefónicas del triple play, se acentúa la tendencia dirigista y el intervencionismo estatal en la vida económica.

Retorna el fantasma de la censura, de la mano de la potestad de un órgano para cercenarle a un medio gráfico la posibilidad de acceder a uno audiovisual y de la facultad para regular los contenidos de las emisiones radiales y televisivas.

Paradójicamente, pese a que el proyecto oficial fue presentado como un cambio frente a "la ley de la dictadura militar", lejos de constituir una revolución, la norma impulsada por el kirchnerismo implica una revuelta.

La vieja ley de radiodifusión promulgada por el último régimen militar fue siempre cuestionada por su tristemente célebre artículo 45, que prohibía a empresas que manejaran diarios y revistas ser licenciatarias de estaciones de radio o televisión. Ese artículo fue modificado por primera vez en 1989, suprimiéndose aquella discriminación.

El proyecto que hoy se debate tiene curiosamente más puntos en común con el afán regulatorio e intervencionista del gobierno militar que con la legislación actual.

En aquel oscuro período de la historia argentina, la mayoría de los medios audiovisuales estaba en manos del Estado. El proyecto aprobado en Diputados podría hacernos retroceder en una suerte de túnel del tiempo. Con caras nuevas, claro está, y con prototipos de empresarios como Rudy Ulloa, el ex cadete y chofer de Néstor Kirchner, que hoy maneja su propio grupo multimedios en Santa Cruz.

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