De los votos a los billetes

La secuencia era esperable, pero además está adornada de la lógica más elemental: pasada la disputa por los votos, que dejó como saldo un Gobierno nacional debilitado, ahora todos quieren morder la billetera K, que en los últimos años funcionó como una aspiradora de recursos.

Por: Rubén Curto

Si bien el Gobierno cedió terreno ante una oposición difusa, que no terminó de erigir un liderazgo alternativo, en ningún momento dio señales claras de haber asimilado el veredicto de las urnas.

"Perdimos por poquito", dijo Néstor Kirchner. Y lo siguió la presidenta Cristina Fernández, con una actitud de "acá no ha pasado nada", que planchó toda expectativa sobre una posible autocrítica oficial.

Frente a esa actitud negadora la oposición empezó ahora –mucho antes de diciembre, cuando la composición del Congreso reflejará los votos del domingo– a plantear su propia agenda legislativa.

El caso de Córdoba es emblemático. Casi sin distinción de colores, las fuerzas con representación legislativa hicieron notar ayer a coro que le quieren saltar a la yugular al kirchnerismo, para recuperar los fondos que la Nación le retacea a la provincia, ya sea por incumplimiento de compromisos acordados (programas de financiamiento, fondos para jubilaciones) o bien por la apropiación de impuestos que luego no coparticipa.

La movida supone un inesperado salvavidas para Schiaretti, a quien las urnas también castigaron feo. Golpeado y todo, el gobernador recibió como una buena noticia –y así lo hizo notar en sus análisis públicos sobre las elecciones– que el poder K salió tanto o más debilitado que él y que en consecuencia tendría menos margen para seguir parándose en una pose intransigente para con las demandas de Córdoba.

A nivel nacional, la estrategia opositora para avanzar sobre el Gobierno tienes tres patas: salir de la emergencia económica (para forzar que la discusión sobre cuestiones aduaneras vuelva al seno del Congreso), derogar los superpoderes y reformar el Consejo de la Magistratura.

Hay quienes especulan que la trinchera opositora podría alcanzar ahora –sin esperar a diciembre– los soldados necesarios para esa batalla, pero no son pocos los que replican que el mandato de los votantes es "controlar" al Gobierno, no acorralarlo y poner en riesgo la gobernabilidad. "A lo mejor tenemos los votos para eliminar ya las retenciones, pero el agujero fiscal sería enorme", razonan estos últimos.

La advertencia cobra más peso cuando se advierten señales de que el oficialismo, lejos de consensuar, planea encerrarse más y resistir, tal como lo manda el estilo de Néstor Kirchner. Esto, pese a que el fantasma del desbande campea en los otrora sólidos bloques legislativos K.

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