El voto también es testimonial

Por Carlos Reymundo Roberts

Estoy feliz: voy a volver a votar. El 28 me despertaré temprano e iré a cumplir con mi deber cívico, que no lo tomo como un deber, sino como un derecho. Además estoy feliz porque ya elegí candidato: voy a votar por Néstor Kirchner.

Con todo esto de las candidaturas testimoniales, muchos han perdido la confianza y ya no creen en nada. Yo sí le creo a Néstor. Le creo cuando roba sonrisas en los jardines de infantes de Quilmes, le creo cuando se muestra en las tribunas de campaña con espíritu zen y melodía de Madre Teresa, le creo cuando dice que nunca estuvimos mejor y le creo, también, cuando dice que va a asumir la banca que ganará legítimamente en las urnas.

En realidad, ahí se me presenta un problema: como creo que irá a trabajar al Congreso, me pregunto quién va a gobernar este país. Me imagino las peleas de alcoba en Olivos, con una Cristina más enojada que su personaje de "Gran Cuñado": "¡Dejá de rosquear y organizame esto!".

Entendamos su contrariedad: lleva un año y medio anunciando las decisiones que toma él, y de pronto el señorito se convierte en diputado y hace abandono de sus deberes de cónyuge, que en este caso son nada más ni nada menos que dirigir los destinos de la República. No es justo.

No, no es justo que, de buenas a primeras, ella tenga que vérselas, por ejemplo, con Carlos Fernández, un ministro (de Economía, les recuerdo) al que si se lo cruza por la calle probablemente no lo reconozca. Néstor tampoco lo conoce, pero lo quiere tanto que le hace todo el trabajo.

No es justo tampoco que tenga que ser ella la encargada de atender en Olivos a los barones del conurbano. Cristina no se siente cómoda con el relato de esos señores: no los entiende bien y además superan la cuota de peronismo y de conurbano que ella está dispuesta a tolerar.

Pensándolo bien, me parece que Néstor no va a estar tiempo completo en Diputados, sobre todo cuando caiga en la cuenta de que le tocará comandar un bloque que ya no será la mayoría y que retener a su tropa le va a costar más que a River ganar un partido.

Me temo que se cansará de todo eso y volverá a los brazos de Cristina, que, por entonces, con síntomas evidentes de no tener ya tiempo para la toilette , será una señora aturdida por sindicalistas, ministros, gobernadores, cardenales, empresarios, punteros... en fin, toda una serie de personas con las que ella nunca ha tenido que lidiar.

Estoy cayendo en la cuenta de que, más temprano que tarde, Néstor dejará su nuevo empleo (creo que mandar leyes al Congreso le gusta mucho más que recibirlas) y volverá a Olivos, donde será recibido cual hijo pródigo. Si así fuese, la suya -tiemblo al decirlo- terminará siendo una banca testimonial.

Pero, bueno, la lista del oficialismo, mi lista, no se termina con él. Ahí pegadito tenemos a Daniel Scioli, siempre cerca de los que mandan. A él también le creo todo. Le creo cuando habla bien de Menem, de Duhalde y de Kirchner, que, como todo el mundo sabe, son tres gotas de agua. Le creo cuando dice que en eso de la inseguridad estamos mucho mejor, y también le creo cuando dice, puertas adentro y puertas afuera, que seguirá siendo gobernador. Lo suyo es auténtica y genuinamente testimonial: él ha testimoniado que no asumirá su banca.

Sigo leyendo la lista. Ahí está, radiante en su tercer lugar (o en el primero, con un poquito de suerte), la querida Nacha Guevara. Vaya sacrificio el suyo. No hablo de que haya tenido que retrasar un día su viaje a la Polinesia para ir a saludar a la Presidenta en la Casa Rosada, sino de algo mucho más importante: en pleno esplendor artístico, seguramente va a tener que dejar a un lado su carrera para poder cumplir bien sus funciones en la Legislatura bonaerense, donde, me imagino, si algo no hará es quedarse callada. Sería un crimen.

Nacha ha hecho saber que, como Evita, no es dócil, que tiene sus opiniones y no las negocia, en fin, que no va a ser una levantamanos. Si todo esto es cierto, y si además le agarra una extrañitis aguda y empieza a echar de menos las tablas, le auguro un paso sólo fugaz por la tarea legislativa. Quizá termine prefiriendo dar su testimonio desde la música, desde la piel de Evita, y no desde una insípida banca.

Estoy, pues, decidido a votar a Néstor, que nunca será realmente un diputado; a Daniel, que seguirá siendo gobernador, y a Nacha, a la que le gusta más cantar parada que hablar sentada. Estoy en problemas.

Me parece que ya tengo la solución: el 28 voy a ir a votarlos, pero a último momento cambiaré y elegiré a otros o a otras (ha de haber algún candidato que piense asumir su banca, ¿no?). Y si alguien viene a reclamarme por mi falta de conducta, si Néstor me manda a La Cámpora o a Moreno, si Daniel me aprieta con la bonaerense, si Moyano bloquea con camiones la salida de mi casa y si Nacha me canta las cuarenta, sólo tendré un argumento, una única defensa. Diré: mi voto es testimonial.

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