El voto en el exterior define hoy la crucial elección en Galicia

Son comicios que incidirán en el futuro del gobierno español y de la oposición conservadora. No es claro si se impondrán populares o socialistas. En Argentina, residen 121.000 gallegos cuyo fallo será clave. También votan en el País Vasco.
Los gallegos que votan en Argentina pueden ser un factor decisivo en los resultados de las cruciales elecciones gallegas de hoy. Se produce una situación bastante similar a la de los comicios de 2005 para el Parlamento regional, que debe elegir al nuevo gobierno de Galicia, cuando los votantes en el exterior tuvieron un rol tan fundamental como ahora.

Baste recordar que el Partido Popular (PP) perdió la mayoría absoluta, que se forma con 38 legisladores, por un solo escaño y que en Pontevedra a los conservadores se les esfumó un diputado esencial por poco más de 8.500 votos.

Más de dos millones de gallegos, de los cuales 335.357 residen en el exterior (121.000 en Argentina) y 2.311.515 en la comunidad autónoma están llamados a las urnas en las octavas elecciones autonómicas. A su vez, también se producen hoy los novenos comicios regionales, en el País Vasco donde sufragarán 1.776.006 ciudadanos, de los cuales 1.732.346 residen en la comunidad autónoma y 43.660 viven en el extranjero

Los resultados en Galicia tendrán una extraordinaria importancia para la vida política española tanto para el gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero que aspira a triunfar para consolidar su prestigio muy jaqueado por las dramáticas consecuencia de la crisis económica. Los socialistas también aspiran a desalojar, por primera vez en treinta años, al Partido Nacionalista Vasco al que muchas encuestas le otorgan menos de los 38 votos de la mayoría absoluta incluso sumando sus aliados. Los socialistas vascos, en cambio, aumentan su caudal de los 18 diputados actuales a 26 o 28.

Pero, las cifras finales de las elecciones en ambas comunidades autónomas son inciertas y muy reñidas. En Galicia es posible que el Partido Popular consiga la mayoría absoluta. El electorado conservador es muy fiel y va a votar llueva o truene. Los sectores progresistas, que son fundamentales para el triunfo de los socialistas gallegos aliados con los nacionalistas, parecen otra vez amenazados por el desencanto. Es en los sectores juveniles donde más predominan quienes no piensan ir a votar.

Los principales líderes socialistas y del Partido Popular han acudido a la campaña electoral gallega con una asiduidad que demuestra todo lo que se juega en estos comicios. Los populares, tienen que tratar de ganar para alejar la imagen negativa que arrastran por los escándalos asociados a una red de espionaje en la comunidad de Madrid, y una trama de corrupción que golpea también a dirigentes de la capital española y Valencia.

Madrid y Valencia son los dos grandes fortines electorales de los conservadores. Para Mariano Rajoy, un triunfo en Galicia consolidaría decisivamente su liderazgo que ha estado cuestionado demasiado tiempo por la interminable lucha interna. Rajoy consiguió un buen triunfo al exigir la dimisión del ministro de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, que acalló a quienes dentro del PP lo acusan de falta de energía. Una derrota en Galicia facilitaría el cuestionamiento de Rajoy dentro del PP.

Para José Luis Rodríguez Zapatero perder en Galicia pese a los escándalos que golpean al PP y en medio de una crisis devastadora que comienza a pasar factura a su gobierno, implica un golpe serio a su prestigio. También significaría que en la durísima cuesta arriba que plantea la crisis, tenga que enfrentar a un Rajoy fortalecido.

En el País Vasco, la tradicional fragmentación del voto y la incertidumbre de los resultados produce la insólita coyuntura de que casi todas las fuerzas políticas pueden especular con algunas alianzas que les permitirían franquear las puertas del poder. Todo depende del apoyo que le brinde un electorado que parece poco motivado y cuya abstención podría superar el 35% mientras un 29% de indecisos puede volcar la situación para un bando u otro. Una alternativa importante, para las dos fuerzas, es que tanto los nacionalistas como los socialistas intenten formar un gobierno en minoría.

Los nacionalistas han clamado en la campaña que socialistas y conservadores se unirán para desbancarlos y trasladar el eje de las decisiones vascas de Euskadi a Madrid. Pero, lo que parece haberse convertido en una buen basa para el presidente vasco José Luis Ibarretxe, es una gestión económica eficaz por parte de los nacionalistas que convierte a Euskadi en la comunidad autónoma que mejor está pasando la crisis.

Estas elecciones se producen además cuando por primera vez no podrá presentarse ningún partido que represente al nacionalismo radical afín a ETA. Se calcula que, por lo menos, ese caudal de votos equivale a 8 o diez diputados. La organización terrorista se ha proclamado favorable al voto nulo, es decir que los sufragantes coloquen papeletas con los nombre de las dos agrupaciones ilegalizadas por la justicia.

La organización terrorista, que ha protagonizado una ola de atentados durante la campaña electoral, ha realizado seis ataques contra los "batzokis" (comités) del Partido Nacionalista Vasco para indicar su confrontación total con el actual gobierno de Euskadi. Esta es otra incognita en la larga serie que complica cualquier vaticinio serio sobre los resultados de hoy.

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