El voto divide a los zelayistas

La resistencia busca un candidato para ir unida a las elecciones del 29 de noviembre, pero varias organizaciones populares, tradicionalmente abstencionistas, ven en los comicios una suerte de distracción respecto de los objetivos centrales.
Como si el fragor de la batalla contra el gobierno de facto no bastara, la resistencia hondureña vive un intenso debate interno sobre su camino inmediato, sea o no restituido el presidente Manuel Zelaya en el poder. El centro de la polémica es la elección del 29 de noviembre: las organizaciones de la resistencia buscan un candidato para ir unidas a la contienda, apuestan a restar votos al Partido Liberal (PL), el partido de Zelaya que lo traicionó y apoyó el golpe, y ofrecieron la candidatura presidencial a Luis Alfonso Santos, el único obispo abiertamente contrario al golpe de Estado.

La ley hondureña impide que el obispo sea candidato si no renuncia a su ministerio y tampoco permite nuevas candidaturas, pero todo es negociable y ése sería el menor de los problemas en la ruta electoral de la resistencia. Las negociaciones sobre un frente común se realizan aún con la oposición de una parte de la resistencia. Varias organizaciones populares, tradicionalmente abstencionistas, ven en los comicios una suerte de distracción respecto de los objetivos centrales: el retorno de Zelaya y el continuado impulso de una asamblea nacional constituyente.

En esa línea, aunque el Frente de Resistencia no ha tomado una determinación definitiva, algunos dirigentes hablan ya de un boicot a las elecciones. El sindicalista Carlos Reyes es el primer candidato independiente a la presidencia de Honduras y muchos liberales lo ven como la opción para no votar por el aspirante de su partido, al que consideran golpista. En estos días, Zelaya le pidió a la OEA que no reconozca el proceso electoral y Reyes se sumó a ese llamado. "Los candidatos no golpistas a todo nivel de elección popular deberían retirarse del proceso si se mantiene la dictadura", propuso.

Sin embargo, líderes del PL cercanos a Zelaya se registraron como candidatos a diputados y alcaldes, pero bajo las siglas del izquierdista partido Unificación Democrática (UD), cuyo candidato presidencial, César Ham, es más cercano que Reyes a Zelaya.

Frente al aislamiento internacional, el gobierno de facto, encabezado por Roberto Micheletti, apostó todo a las elecciones de noviembre. Durante la reciente visita de los cancilleres de países de la OEA, Micheletti machacó con la salida comicial. "Habrá elecciones en Honduras, lo apruebe el mundo o no", advirtió.

Así será, si se toma en cuenta que los anuncios de no participar o boicotear los comicios parecen más una cuestión táctica que una acción que vayan a realizar los antigolpistas. "Tenemos que participar. De lo contrario, nos va a pasar lo que a la derecha retrógrada venezolana, que no fue a elecciones después de haber ganado un referéndum y dejó solo a Hugo Chávez en la Asamblea Nacional", decía Ham en los días de intensas negociaciones con los liberales que se integrarían a sus listas.

Para Carlos Eduardo Reina, dirigente liberal cercano a Zelaya, el boicot no es siquiera una opción. "Ni el Frente Farabundo Martí de Liberación Nacional, armado en las montañas, pudo boicotear elecciones. Eso es muy difícil", aseguró.

En la bipartidista Honduras, el PL y el Partido Nacional (PN) controlan el 95 por ciento de los puestos de elección y los cargos públicos. Se reparten además las instituciones del Estado, por ejemplo, los 15 magistrados de la Corte Suprema, ocho fueron propuestos por el PL y siete por el PN.

A ese monopolio de rojos (liberales) y azules (nacionales) se quiere enfrentar la resistencia dentro de tres meses. "El peor de los escenarios posibles es que pujemos fuerte por la presidencia de la república y obtengamos una bancada fuerte en el Congreso, en alianza con el movimiento social organizado", pronosticó Reina. Pero no todos comparten su optimismo en la resistencia.

Para Juan Almendares, ex rector de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, no es tan fácil romper con un sistema bipartidista tan aceitado como el hondureño. "Los dos partidos tradicionales son dueños de las maquinarias electorales y controlan los medios de manera abrumadora. Así que las elecciones las van a controlar ellos. Es difícil que la izquierda pueda ganar, aunque vengan observadores internacionales", señaló.

En 2005, recordó Almendares, Zelaya ganó apenas con 23 por ciento de los votos válidos y sólo con una diferencia de 1,7 por ciento sobre su contendiente Porfirio "Pepe" Lobo, quien se volverá a presentar en noviembre próximo. Las sospechas de fraude, fundadas en que nunca se escrutó 15 por ciento de las urnas, se esfumaron cuando los empresarios poderosos, siempre grandes electores, se inclinaron por Zelaya. "Y también la embajada de Estados Unidos", advirtió Almendares.

Ham coincidió. "Esa decisión la tomaron los grupos de poder económico, porque para ellos Pepe era comunista o menos confiable en todo caso", señaló Ham. La ironía, agregó, es que cuatro años después el menos confiable es el favorito para quedarse con la presidencia.

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