El voto castigo llega a México

Casi todas las encuestas dan como perdedor al partido del presidente Calderón en las elecciones mexicanas de mitad de término. El PRI está cerca de recuperar la mayoría absoluta en Diputados y podría volver al poder en el 2012.
El hartazgo y la desconfianza de la ciudadanía mexicana en todos los partidos políticos, que podría expresarse en las elecciones intermedias de hoy, podrían tener un efecto secundario: arrinconar al presidente Felipe Calderón durante los últimos tres años de su administración con un Congreso abiertamente opositor y señalar la puerta de salida del Partido Acción Nacional (PAN) de la Presidencia de la República en 2012.

El problema menor para Calderón y para el PAN es perder hoy, como señalan casi todas las encuestas. Lo grave es que el complejo sistema electoral mexicano permite la sobrerrepresentación de los partidos, lo que permitiría que el viejo Partido Revolucionario Institucional (PRI), que gobernó México durante casi todo el siglo XX, recupere la mayoría absoluta en la Cámara de Diputados.

Sin embargo, para que eso ocurra, el PRI necesita algo más que captar el voto de castigo en contra de la inepta derecha gobernante, que lleva nueve años en la presidencia de la República, y de una izquierda dividida entre los seguidores del ex candidato presidencial Andrés Manuel López Obrador y la estructura formal del Partido de la Revolución Democrática (PRD) que lo desplazó. Paradójicamente, la mayor ganancia priista podría estar no en los votos que reciba, sino en los votos en blanco que deposite la ciudadanía en las urnas para exclamar que ya no cree en nadie.

México tiene un sistema representativo complejo. Cada tres años, los partidos postulan candidatos para 300 diputados federales de mayoría relativa. Ganan los que más votos reciban. Hasta ahí el proceso es simple. Pero también se eligen otros 200 diputados de representación proporcional. Para esta elección paralela, los partidos postulan una lista de candidatos en cada una de las cinco circunscripciones en que se divide el territorio nacional. Mediante una enredada operación aritmética que suma la votación de cada partido por region, se asigna el número de diputados que les corresponde.

Lo que muchos electores no saben en México es que los votos nulos se restan de la votación nacional total, es decir, no se cuentan. También se anulan los votos de los partidos que no alcancen el 2 por ciento de los sufragios totales, el mínimo que les marca la ley para conservar su registro legal para competir por puestos de elección popular.

Esta extraña fórmula es lo que permitiría al PRI rebasar los 251 de un total de 500 diputados, pues los sondeos auguraban que el voto en blanco –promovido intensamente por intelectuales y comunicadores durante las últimas semanas de campañas electorales– podría representar entre el 2 y hasta casi el 5 por ciento de la votación nacional total.

En el PRI ya se frotan las manos, porque también se anticipa una muy baja participacion electoral ciudadana, que también lo beneficiaría, y pavimenta el camino de regreso a la presidencia de la República en 2012.

Luego de casi siete décadas de control absoluto del Poder Legislativo en México, el PRI perdió por primera vez la mayoría simple en 1997, al quedarse con 239 diputados, frente a los 261 que reunieron otros cinco partidos, y fue la antesala de su derrota en las elecciones presidenciales de 2000, cuando debió entregar el poder al derechista Vicente Fox, postulado por el PAN. El retroceso priísta se acentuó hasta caer a la tercera posición en 2006, cuando apenas tuvo 106 diputados.

Actualmente, el PRI es la tercera fuerza política nacional con 106 diputados, contra 206 del PAN, 126 del PRD y 62 repartidos entre otros cuatro partidos minoritarios.

El PRI espera también buenos resultados en varios comicios locales concurrentes, pues hoy también se eligen gobernadores, alcaldes y diputados locales en Campeche, Colima, Querétaro, Nuevo León, San Luis Potosí y Sonora. En el estado de México, Guanajuato, Jalisco y Morelos se renovarán ayuntamientos y congresos locales. En el caso del Distrito Federal, las elecciones abarcan a la Asamblea Legislativa y a las 16 delegaciones políticas en que se divide la capital del país, uno de los pocos bastiones que le quedan a la izquierda, que está casi borrada del mapa electoral.

Enfrascado en disputas por el control del partido, ésta podría ser tal vez la última elección en la que Andrés Manuel López Obrador milite en las filas del PRD, pues ha optado por apoyar a los candidatos del Partido del Trabajo y de Convergencia, sus aliados en el Frente Amplio Progresista, lo que le ha valido varios amagos de expulsión del partido del que fue dirigente nacional y candidato presidencial en 2006, cuando asegura que fue despojado del triunfo mediante un fraude electoral.

Así las cosas, todo apunta al regreso del PRI.

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