El voto bronca de Felipe Solá

Un viejo rencor. Ese es el motivo por el cual la fórmula que en los comicios de junio encabezará Francisco de Narváez posiblemente sea ampliamente rechazada en una pequeña localidad del sudoeste bonaerense. Así lo pudo comprobar La Tecla a través de una encuesta telefónica. Consultados aproximadamente unos 30 vecinos, los resultados fueron contundentes. Sólo tres personas optarían por la lista del PJ disidente.
Un asfalto tardío y un inolvidable plantón hacen que la mayoría de los habitantes de Felipe Solá hayan decidido, por el momento, no darle su voto al sobrino bisnieto del artífice de la creación del pueblo, que es quien secundará en la nómina al empresario de nacionalidad colombiana.

Esta olvidada localidad perteneciente al Partido de Puán lleva el nombre de quien en vida fue un médico español especializado en psiquiatría, que llegado a la Argentina se convirtió, entre otras cosas, en presidente de la Sociedad Española y director del hospital Español de la ciudad de Buenos Aires. El hombre en cuestión, hermano del bisabuelo del actual diputado nacional, era el poseedor de los lotes donde comenzó a forjarse este pueblo. Al morir, su esposa y su hija donaron parte de esos terrenos para que en el lugar se asentara la estación ferroviaria y algunas casas aisladas. El nombre de la localidad no podía ser otro que Felipe Solá.

Pero volvamos a la tirante relación que mantiene la sociedad solense con el ex gobernador y actual diputado y candidato. El propio mandatario comunal de Puán, Horacio López, se encarga de contar brevemente la historia: "Siendo Solá gobernador, iba a venir a la localidad a inaugurar una fábrica de postes de cemento, en el marco de un plan que se denominó Volver. Además, estaba previsto que anunciara la obra de la pavimentación de la ruta 76 entre la localidad de 17 de Agosto y Felipe Solá.

¿El pueblo tendría una gran expectativa?

-Teníamos todo preparado. La gente de protocolo del Ejecutivo bonaerense ya había llegado al partido de Puán para colaborar con nosotros en la organización. Había un gran asado popular, para el que convocamos a todos los solenses y a toda la gente del Partido. Iba a ser una jornada histórica.

El día anterior a la llegada de Solá vino más gente de protocolo. Nos hicieron construir hasta una pista de tierra firme para que aterrizara el avión y determinar los lugares donde iban a aterrizar los helicópteros.

-¿Y qué pasó?

-A las once de la noche nos informa-ron que el gobernador no iba a poder estar presente

en Solá. Todavía tenemos guardado un poco de asado, así que si algún día quiere, puede venir y comerlo.

El relato de López explica los números arrojados por la encuesta. Sin embargo, y a pesar de la ironía en su res-puesta, el intendente no dramatiza demasiado sobre el asunto, y asegura que "la gente debe tener sensaciones encontradas, ya que el asfalto finalmente se está haciendo".

Y que algo avance y se concrete, aunque sea a cuentagotas, no es poca cosa en Felipe Solá, una sociedad básicamente agropecuaria que se vio duramente golpeada por el conflicto campo-gobierno y la infernal sequía que azotó a gran parte del territorio de la provincia más productiva. A es-tos males debe sumarse un mal común de los pueblos del interior: la desaparición del tren.

Pese a las interminables pálidas, el pequeño pueblo de tan sólo setecientos habitantes redobla día a día tanto los esfuerzos como las apuestas con el afán de seguir subsistiendo. Y, como dicen en el campo, "esperan confiados a que llegue la buena". También aguardan por Felipe Solá, el candidato. Si bien los vecinos todavía están dolidos por aquel plantón, un gesto, una señal, una mano, nunca vienen mal y podrían significar el puntapié inicial de una reconciliación.

"Todavía está a tiempo, diputado, los votos del entristecido pueblo que lleva el nombre de su antepasado, también suman; poco pero suman", se anima a decir y a invitar "el viejo" Alberto, un vecino que sabe de las épocas doradas de la pequeña localidad del Partido de Puán.

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