El voto no se agota en un programa de TV

Por Fernando Gonzalez

Pocos hechos ilustran la temperatura institucional de la Argentina como las reacciones que los dirigentes políticos tienen ante un programa de humor que caricaturiza sus defectos. Néstor Kirchner bajó el tono de su voz en sus discursos después de verse gritando desaforadamente en Showmatch. Julio Cobos está deprimido y planea una estrategia comunicacional para contrarrestar el daño que cree haber recibido. Y el ministro Aníbal Fernández considera que la Presidenta debería recibir allí un trato más amable.

El buen rating del envío no alcanza para establecer que Marcelo Tinelli le haya hecho ganar una elección a Carlos Menem (lo reporteó antes de su reelección en 1995) o haya precipitado la caída de Fernando de la Rúa, imitado con ferocidad en 2001. Y tampoco será el factor determinante de la elección del 28 de junio.

Asombra que los políticos profesionales pierdan la cabeza por estas cuestiones. Desde siempre, los programas de humor satirizan a sus dirigentes. Pero las sociedades guían sus preferencias por razones más profundas que una caricatura acertada. El desempleo, la inseguridad o el dengue son estímulos mucho más poderosos en las decisiones ciudadanas que una imitación para reír en el living a la hora de la cena.

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