Votar a conciencia.

A un mes de las elecciones, los debates importantes por los temas que verdaderamente afectan a Mendoza y al país, ni siquiera han comenzado. Pretendemos que esta campaña no sea una competencia de "verso electoral", sino que los candidatos muestren propuestas para recuperar la calidad institucional, superar el estancamiento de la política pública y salir de la crisis.
Lo que debería ser una elección normal de mitad de mandato, sin consecuencias políticas más allá de los normales cambios de mayorías, si los hubiera, ha sido transformada en una situación dramática casi sin precedentes en la Argentina. Algo de todo o nada, de vida o muerte.

La degradación de la institucionalidad de la república no es reciente, ni patrimonio de este gobierno. Otros, antes, decían que si no los votábamos corrían riesgos la democracia, o la estabilidad económica, o el "modelo", y extorsionaban a los ciudadanos con el miedo.

A falta de debates e ideas inteligentes, la política ha quedado vacía de contenidos y fue bochornosamente reemplazada –en el ánimo de muchos- por un programa de televisión, que parece ser el que fija las pautas de comportamientos y simpatías políticas por estos días.

Pero este gobierno no sólo no ha quebrado esta tendencia a vaciar la política, sino que la ha profundizado.

Un gobierno que llegó al poder en el 2007 prometiendo más institucionalidad y que ha sido exitoso en términos electorales, ha hecho en muchos aspectos lo contrario a lo que prometió. Ha amenazado a sus ciudadanos al afirmar que si no gana las elecciones el país volverá al caos del 2001, y se encarga de enfatizar el miedo utilizando las tristemente recordadas figuras del corralito y el helicóptero. Mientras tanto, la provincia y el país sufren las consecuencias de la crisis. Y los políticos se suman a debates intrascendentes, zancadillas electorales y campañas sucias, sin discutir los asuntos que son importantes para mejorar la calidad de vida de la población.

Tampoco la oposición es capaz de hilvanar un mensaje con propuestas claras. Ha hecho alianzas que parecen forzadas y difíciles de explicar y sostener en el tiempo, excepto por un afán meramente electoral. Es el caso del radicalismo con Julio Cobos, que a sólo un año de expulsarlo para siempre del partido, mágicamente, luego del "No positivo" que lo lanzó a la popularidad, redescubrió sus virtudes radicales. Otro hecho fortuito, lamentable en este caso, como la muerte de Raúl Alfonsín, les hizo maravillarse con las habilidades políticas de su hijo Ricardo, lo que le valió el segundo lugar en las fórmulas de la provincia de Buenos Aires.

El proyecto Union PRO ha quedado encerrado en Buenos Aires, Capital Federal y algunas alianzas menores en las provincias. La relación entre el PRO y el peronismo es conflictiva, y nuevamente se perciben más los intereses de corto plazo, que la existencia de un proyecto transformador.

En Mendoza se reproduce el fenómeno. La alianza entre radicales puros, radicales cobistas y cobistas puros fue un verdadero embrollo que aún hoy cuesta desentrañar. Vaya como ejemplo la actitud de Víctor Fayad, de quien su sola prescindencia electoral marca una tendencia política, que lo muestra cada vez más cercano al gobernador Celso Jaque. La presencia de peronistas disconformes en las listas mientras sus compañeros disidentes de Buenos Aires están con el PRO es aún menos entendible. El PD, por su parte, sólo ha hecho una alianza electoral y muy limitada con el PRO, donde no se debatieron programas para Mendoza e incluso no aparecen en las listas demócratas figuras del PRO. En realidad, se han limitado a incorporar el color amarillo tan típico del macrismo, y el estilo comunicacional. Tampoco espacios supuestamente "progresistas" lograron avanzar en conjunto, y quedaron divididos entre el apoyo a Carrió, y la cercanía con los radicales y Cobos.

¿Ideas y proyectos para transformar Mendoza y Argentina? Casi nada. Lo único concreto es que se han esbozado algunas ideas sobre reformas al Consejo de la Magistratura, límites a los superpoderes, y otros puntos donde el kirchnerismo ha abusado del poder. Si bien son asuntos importantes, están muy lejos de constituir un proyecto de país.

Lesión a las instituciones

En las últimas semanas se han realizado además diferentes maniobras que siguen dañando las instituciones. El adelantamiento de los comicios con fines netamente electorales fue el primer caso.

Más recientemente han sido las candidaturas testimoniales. La movida -francamente no encontramos ninguna palabra adecuada para nombrarla- comenzó cuando el Gobernador Daniel Scioli (alguna vez, el maltratado vicepresidente de Néstor Kirchner), tuvo que aceptar la candidatura testimonial para evitar que el déficit de varios miles de millones de pesos generara un incendio político y social en su provincia.

El carnaval de candidatos que no van a asumir ha continuado con decenas de dirigentes de la provincia de Buenos Aires y varios familiares directos que han aceptado mantener este verdadero papelón institucional. El caso emblemático es el del Jefe Gabinete de Ministros Sergio Massa, quizás destinado a salir en los libros de historia. Es, al mismo tiempo, intendente del municipio bonaerense de Tigre en uso de licencia, Jefe de Gabinete de Ministros en funciones y candidato a Legislador por su provincia.

Esta degradación institucional no tiene que ver sólo con las elecciones.

Desde que asumió, la Presidenta se ha convertido poco a poco en una figura protocolar mientras significativas porciones de poder son ejercidas ilegítimamente por su marido, que ostenta sólamente el titulo de presidente de uno de los partidos de la Argentina, el PJ.

Al mismo tiempo, la falta de diálogo y la intemperancia han generado enfrentamientos casi sin retorno con sectores enteros de la comunidad, como es el caso del campo. El resultado no pudo ser peor: no sólo se dividió inútilmente al país sino que cayó la producción agropecuaria y posiblemente, aunque cueste creerlo, el año que viene sea necesario importar carne, leche o algunos granos.

No ha sido raro ver funcionarios del gobierno nacional en actitudes francamente violentas. El señor Guillermo Moreno, por ejemplo, no contento con haber dañado la confianza del país con la destrucción del INDEC, recientemente ha aparecido en actos partidarios con frases extremas como "somos nosotros o ellos compañeros". Posiblemente la peor frase que se puede escuchar o pronunciar en una democracia y especialmente de un partido acostumbrado a acceder al poder por el voto popular.

En un terreno menos visible pero igual o más grave que los anteriores, se ha producido la cooptación de muchos segmentos de la Justicia. El Consejo de la Magistratura en manos del gobierno es el instrumento principal de la maniobras de apriete a los jueces. El propio Presidente de la Asociación de Magistrados ha expresado públicamente que el Consejo es la herramienta más usada para presionar a los jueces, muchas veces manteniendo denuncias que debieron ser rechazadas con el fin de "usarlas" en su contra en el momento necesario, o en otros casos, manipulando a los magistrados con la posibilidad de otorgar ascensos. La justicia, a través de jueces, fiscales, camaristas adictos, no sólo demora investigaciones sobre fraudes a la administración pública o cprrupción como el caso Skanska y sus ramificaciones, o las valijas del venezolano Antonini Wilson, o las denuncias de sobreprecios en la obra publica, o las reiteradas denuncias sobre funcionarios como los secretarios de Transporte y de Medios, Ricardo Jaime, y Enrique Albistur, con sospechas de enriquecimiento ilícito incluidas; sino que es crecientemente utilizada como un factor de presión, donde funcionarios y empresarios amigos del poder hacen negocios y se han convertido en verdaderos grupos mafiosos.

Muchos ejemplos más se pueden citar sobre esta decadencia de la institucionalidad argentina. El uso de los superpoderes por parte del Jefe de Gabinete, que hacen del presupuesto nacional una letra muerta y le permiten gastar miles de millones de pesos con total discrecionalidad. La destrucción del federalismo mediante la sujeción de los gobernadores e intendentes a directivas políticas a cambio de obras y dinero que en realidad les corresponden por derecho propio. La destrucción del INDEC que ha dejado al país sin estadísticas confiables. La apropiación de los fondos de los jubilados sin ningún plan de largo plazo y solo para darle "caja" al gobierno, ha sido otro ejemplo de falta de ideas. En este caso el dislate involucra a parte de una oposición sin ideas y demagógica, y a muchos empresarios complacientes que vieron el resquicio para hacer negocios con el dinero de los jubilados. Algunos de ellos paradójicamente ahora ven cómo "directores" del Estado controlan sus propias empresas y se sientan en su mesa de decisiones.

Son todos elementos que afectan la credibilidad del país y hacen que la inversión productiva sea cada vez más baja y la fuga de capitales cada vez mayor.

Mientras gran parte de los políticos se miran al ombligo y piensan en cómo retener o llegar al poder a cualquier costo, la crisis económica se profundiza. La caída de la actividad económica, el empleo y el poder adquisitivo del salario amenazan la vida cotidiana de muchos argentinos.

Mendoza, nuestra tierra, no sólo no escapa a la crisis nacional sino que en muchos aspectos está peor. Sin un plan estratégico y con serios problemas en la gestión del gobernador, no tiene peso entre sus pares y está entregada a las decisiones del poder nacional. No encuentra un nuevo modelo económico que genere empleos y salarios dignos. Los commodities resultan afectados por dogmatismos e inacción. La posibilidad de recibir más regalías se ve truncada por la falta de exploración y dramática caída de producción petrolera, sin un plan a la vista. La metalmecánica no se recupera de los perjuicios de la promoción industrial que hundió a Mendoza, y el sector frutihortícola está virtualmente quebrado.

La educación, la salud siguen sin rumbo y perdidas entre la notoria incapacidad de sus ministros y la pérdida de valores de toda la sociedad. En este marco, es evidente que la seguridad, más allá de los esfuerzos de los funcionarios, siga sin mejorar y genere un mal humor creciente entre los ciudadanos.

Se viven tiempos difíciles, en Mendoza, y en todo el planeta. Más que nunca necesitamos dirigentes probos y capaces que lideren la salida de una crisis que amenaza con afectar seriamente la vida de muchos de nuestros comprovincianos.

Desde MDZ creemos que la situación nacional y provincial requiere, más que nunca, de un voto meditado, responsable, equilibrado.

Aspiramos a que todos los candidatos, incluso o quizás especialmente los del partido gobernante, sean un soplo de aire fresco, de ideas y compromisos democráticos y federales en el Congreso Nacional, la legislatura provincial y cada uno de los Concejos Deliberantes.

Pretendemos que las típicas frases hechas de la campaña se transformen en propuestas reales, que se debatan, se concreten y sirvan para algo más que mantener el poder y los privilegios de los picaros de siempre.

Por ello, vamos a invitar a todos los candidatos a ser transparentes y concretos en sus propuestas. Acudiremos a su vocación democrática y les preguntaremos, en cada entrevista, no sólo qué piensan promover sino cómo van a hacerlo. Les pediremos que nos expliquen su posición sobre los temas importantes y actuales del país y la provincia. CÓMO van a defender realmente a Mendoza, CÓMO van a frenar su declinación económica, CÓMO van a luchar por la educación, la salud y contra la pobreza. Si van a votar la continuidad de los superpoderes, si están de acuerdo con la actual mayoría oficialista en el Consejo de la Magistratura y CÓMO mejoraran la situación de Mendoza en la distribución del presupuesto nacional, donde pese a los discursos oficiales somos sistemáticamente castigados.

Ahora, atendiendo a las enormes debilidades de nuestro país, de nuestra tierra, es que cada elector debe tomar conciencia cabal de su voto, de la importancia que tiene sufragar a conciencia.

A un mes de las elecciones, no queremos que esta sea una campaña más, una competencia de verso electoral para sostener o aumentar posiciones dominantes. Pretendemos, desde este espacio de debate, ser útiles a la sociedad, y que los postulantes a los cargos electivos muestren cuánto están dispuestos a hacer por Mendoza.

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