Hay que votar como dueño, no como inquilino

Por Hernán de Goñi

A veces cuesta encontrarle una explicación al desánimo con el que muchos argentinos se entregan al proceso electoral. Las campañas electorales se hacen cada vez más cortas por una cuestión de costos, pero también por rating, por decirlo en términos televisivos. Los candidatos perciben que el interés del público al que se dirigen no se cuenta en meses o semanas, sino en días. Después se cansan y ponen su cabeza en otra frecuencia.

Esto no es teoría. Es lo que se percibe en las últimas elecciones. Como si el país tuviera su futuro resuelto y el electorado le dejara a los políticos gastar su tiempo en detalles menores.

Cuando encontrar un presidente de mesa que ponga su pequeña cuota de responsabilidad en la marcha del país (a cada uno le toca un 0,00125%) se vuelve una tarea de orden casi policial, algo no funciona. Es un registro que no se corresponde con el grado de insatisfacción que transmite la población sobre múltiples aspectos de la gestión pública. Los argentinos quejan como dueños pero se portan como inquilinos.

Es legítimo sentirse cansado de repetir un esfuerzo que no rinde lo esperado. Pero nuestra obligación es hacer funcionar al sistema. No dar un cheque y quejarse de que no tenga fondos.

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