La voracidad del Estado K

Por Fernando Laborda

Detrás del intervencionismo estatal en el sector privado, cuya última manifestación ha sido la designación de directores en empresas en las cuales la Anses tiene acciones, no hay un proyecto de país. Tan sólo un proyecto de poder.

La exacerbación del intervencionismo en la era kirchnerista ha llegado al extremo de pretender controlar hasta los más mínimos actos de empresas privadas, desde los programas periodísticos de televisión en los que éstas ponen publicidad hasta la participación en una feria auspiciada por el Ministerio de Planificación Federal.

Casi desde su llegada al poder, el gobierno kirchnerista, detrás de la consigna de promover una burguesía nacional, ha presionado a grupos extranjeros que tenían concesiones de empresas de servicios públicos privatizados para que dejaran su lugar a empresarios locales cercanos al poder político. Fue el llamado "capitalismo de amigos".

Luego fue el turno del campo, sector del cual el Gobierno pretendió convertirse en socio en las ganancias, aunque no en las pérdidas.

Más tarde, el oficialismo impulsó y logró sancionar una reforma previsional que terminó con las AFJP, cuyos fondos administrados pasaron al Estado. En aquel momento, funcionarios kirchneristas juraron que el Gobierno no quería tener participación en las empresas privadas en las cuales la Anses poseía acciones.

Sin embargo, ya son ocho las empresas en las que el Estado ha nombrado directores en representación de la Anses.

La amenaza intervencionista no termina ahí. La semana pasada hombres del Gobierno, elípticamente, sugirieron que podría nacionalizarse una empresa siderúrgica del grupo Techint. Casi al mismo tiempo, la presidenta Cristina Fernández de Kirchner cuestionó a los bancos por estar "sentados sobre la liquidez" y anunció que "si las entidades bancarias no otorgan créditos, el Estado va a intervenir".

No son pocos los analistas que vislumbran que, como el gobierno nacional se está quedando sin caja, el oficialismo vea en la liquidez bancaria un preciado tesoro que pueda sufrir un destino parecido al de los fondos jubilatorios que administraban las extinguidas AFJP.

En tal sentido, el economista y ex presidente del Banco Central Rodolfo Rossi, con un sentido crítico, advirtió que "una centralización de los depósitos, sin modificación de la estructura accionaria de los bancos, podría ser una salida frente a la carencia de confianza general y de crédito internacional".

Rossi señaló que, en su último informe mensual, el Banco Central "citó advertencias llamativas sobre las utilidades de los bancos, el nivel de morosidad en aumento, su solvencia y su liquidez" y afirmó que "si bien las expresiones manifestadas son precautorias, pueden volverse negativas contra el mismo sistema e incrementar la insinuante dolarización existente".

Entretanto, la política del miedo y la presión está haciendo efecto en las organizaciones empresariales, donde reina un particular estado de alerta, que tornará dificultosa la recreación del tan indispensable clima de negocios en la Argentina.

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