¿Volverá el país de la crispación?

Por: Ricardo Kirschbaum

Terminada la "Alfonsín-manía" ¿volverá el país de siempre? Estos días la democracia estuvo de luto y los argentinos, otra vez, sentimos la gran ausencia de un líder político que, más allá de sus grandes aciertos y sus inocultables errores, se ha ganado un lugar indiscutible en el afecto popular, en el reconocimiento de una sociedad de pareceres muy volátiles.

Estos días de duelo distendieron los músculos y los nervios de un país demasiado crispado, como si estuviera echando el resto en un esfuerzo por aplastar al otro, no de ganarle en una contienda democrática.

Ha sido, hasta aquí, una bocanada de aire en la pelea y, por los antecedentes, este entretiempo sólo augura una etapa final en la que, como estaba planteada la campaña, pareciera valer todo.

La sociedad debería acompañar con hechos esta legítima pena y las lágrimas que se derramaron por Alfonsín. Los dirigentes políticos verdaderos, hechos en la madera de las pasiones y de la inteligencia, tienen muy entrenado el olfato para detectar lo que la sociedad minuto a minuto está reclamando. Debieran estar atentos a los nuevos requerimientos si es que éstos perviven más allá del sepelio en La Recoleta.

No hay entonces que decepcionarse si todo vuelve a estar como estaba antes de las 20.30 del martes. La sorpresa sería que aparezcan síntomas de que es posible otra forma de discutir la política, de que la negociación y la búsqueda de consenso –porque existen diferencias notorias– tuvieran un lugar en la agenda de los políticos, de todos los políticos. Del Gobierno, que ha exhibido una conducta de reconocimiento a la trayectoria de Alfonsín, y de los opositores –de los nuevos y los viejos– que también contribuyen con sus diagnósticos de cataclismos a la crispación del país. Que es de todos y que tiene graves problemas a resolver entre todos.

Comentá la nota