Volantazo por apremios de caja

Por: Ricardo Kirschbaum

Hace más de cuatro años, el gobierno de Néstor Kirchner pagó 10.000 millones de dólares al contado al Fondo Monetario Internacional. El objetivo de semejante desembolso fue sacarse de encima al FMI para siempre. Desde entonces, Kirchner no aceptó informes del organismo ni una sola misión en Buenos Aires.

La explicación fue que las recetas del Fondo habían conducido a la Argentina al infierno. Y que los condicionamientos a cambio de dinero habían sido salvavidas de plomo para las administraciones que se habían aferrado al FMI para salvarse inútilmente del naufragio.

El Gobierno de Cristina, que es continuidad del de su esposo, que retiene las riendas políticas del Gobierno, ahora ha negociado que el Fondo vuelva con chequeo de cuentas y misión en Buenos Aires. De la cumbre al llano, del discurso siempre altisonante a este acercamiento vergonzante, el Fondo podrá criticar las políticas argentinas, según dijo Boudou. Como puede hacerle a China, EE.UU. o Chile, aclaró por las dudas.

¿Qué cambió para semejante volantazo? Se achicó la caja, la recaudación es menor, la ANSeS tiene límites y las retenciones son lo que son.

Se necesita imperiosamente abrir nuevas fuentes de financiamiento. El FMI no ha cambiado tanto como pretendían los Kirchner ni está debilitado, mucho menos después del papel que le asignaron en la cumbre del G-20.

La Argentina no está buscando plata del FMI. No tener trato con el Fondo le cierra las puertas del crédito internacional. O lo expone a pagar tasas del 13,5%, como acaban de pedirle por un bono de 1.000 millones de dólares, contra el 5,6% que arregló Brasil o el 6,8% de Chile.

Estamos casi igual que cuando pagamos 15% a Chávez, único prestamista de última instancia.

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