El año que vivimos en peligro

El año que vivimos en peligro
Sin aspirar a cambios estructurales, el Gobierno logró superar el escollo del Congreso con leyes económicas fundamentales, que le permitirán al menos durante 2010 seguir aplicando políticas con firme intervención estatal.
Presupuesto de gastos y recursos, prórroga de impuestos, reapertura del canje, asignación universal por hijo fueron temas centrales en el debate parlamentario de la segunda mitad del año. Políticas de retenciones a las exportaciones y redefinición del sistema de seguridad social con la eliminación de las AFJP habían sido lo más relevante de la discusión política del año pasado. Entre uno y otro período, una elección legislativa con resultados adversos para el oficialismo, pero además teñidas en la campaña con mensajes y premoniciones apocalípticas respecto del futuro económico inmediato. Y la crisis internacional, de yapa. Con ese menú, no es extraño que quienes están más comprometidos con el diseño de la política económica oficial estén viviendo el momento actual con un profundo alivio. Ahora les queda definir cómo utilizará este gobierno los instrumentos que tiene en manos durante el año próximo, que quizá no pinte tan duro como el actual, pero que mantiene fuertes condicionantes para la acción pública.

Para los integrantes del think tank (usina de pensamiento) económico oficial, lo principal es que se lograron preservar ciertos instrumentos de intervención pública sin ceder a las presiones de los más poderosos. Un ejemplo de ello podría ser el rol de la Anses, una suerte de "tanque" del crédito público que apareció en escena con todo su poder de fuego al eliminarse las AFJP y pasar al Estado la administración de sus fondos. Su rol pasó a ser clave en la financiación de políticas públicas que, como en el caso de las asignaciones por hijo, son capaces de modificar sensiblemente la realidad social.

La otra gran batalla ha sido la del dólar, y en ella se han jugado factores ideológicos y distributivos a la vez. Antes de las elecciones, se auguraba desde franjas políticas nada inocentes que la divisa volaría hasta cerca de los 5 pesos, pero planteado casi como una necesidad ineludible. Sin embargo, el Gobierno preservó la estabilidad de la moneda y el tiempo le dio la razón. Vadear la crisis no dependió finalmente de las exportaciones, sino que fue el consumo, particularmente el de bienes no durables (alimentos, por ejemplo), el que traccionó para salir. En plena retracción mundial, "los exportadores no hubieran colocado más producto por la devaluación, sino que habrían tenido más ganancias vendiendo lo mismo", analizan hoy en despachos oficiales. El impacto para la economía en su conjunto, de haber cedido a la demanda de los sectores exportadores, hubiera sido claramente negativa: menos demanda interna por muy poco o ningún aumento de exportaciones.

El gobierno nacional tendrá, y utilizará, estos dos instrumentos durante el año próximo en el mismo sentido: la Anses y el dólar. También logró preservar el oxígeno fiscal suficiente con las prórrogas impositivas y sin ceder al pedido de baja de retenciones. Pero ello no le impedirá tener que seguir soportando otras de-sigualdades y distorsiones de la economía, cuya solución quedará otra vez para más adelante. La extrema concentración en de la producción agropecuaria y en el complejo sojero, una estructura productiva que, por muy concentrada, retrasa la redistribución del ingreso, y la no modificación en la forma de intervención de la Argentina en el comercio internacional (extremadamente primarizada) seguirán vigentes o se profundizarán. Las leyes económicas que pasaron por el Congreso no avanzaron sobre ello –hasta la ley de arrendamientos agropecuarios quedó en el camino–. En estos puntos, el 2010 seguirá siendo para los poderosos.

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