Una visita inoportuna que genera suspicacias

El Gobierno evidencia falta del sentido de la oportunidad al hacer coincidir el viaje de CFK a Cuba y Venezuela con la asunción de Obama
La presidenta Cristina Kirchner no estará en Washington la próxima semana para la histórica asunción de Barack Obama al frente del gobierno de los EE.UU.. Y es lógico que así sea: lejos de tratarse de un desaire presidencial al primer mandatario negro de ese país, es norma de la Casa Blanca no invitar a jefes de estado extranjeros a esas ceremonias, donde los países están representados usualmente por sus embajadores.

Sin embargo, lo que resulta menos lógico y difícil de explicar es la falta de sentido de la oportunidad que evidenció el gobierno argentino al reprogramar el viaje de CFK a Cuba y Venezuela para la misma semana en que Obama tomará las riendas de la Casa Blanca.

¿O acaso se trató de un gesto deliberado de los Kirchner (al margen del inesperado problema de salud que afectó a la mandataria), para seducir a sus decepcionados aliados de izquierda en un año electoral?

De uno u otro modo, para Diego Guelar, ex embajador en Washington durante el menemismo, la actitud del Gobierno constituye “un error brutal”.

“Aquí hay dos lecturas posibles: que el dato no se haya tenido en cuenta para reagendar la visita, lo que demuestra un autismo absoluto o que se haya hecho a propósito. Yo me inclino por la primera opción, que es aún más grave”, sostuvo el actual asesor del PRO en temas internacionales.

Lo cierto es que el martes próximo, mientras el mundo entero esté con el foco puesto en la asunción de Obama, Cristina se tomará una pintoresca foto en La Habana con Raúl Castro y, luego, se cruzará hasta Caracas para visitar a su amigo Hugo Chávez.

Como se dijo: no habrá presidentes en Washington saludando personalmente a Obama, pero CFK será la única mandataria que “dará la nota” ese mismo día (o un día antes, no importa) reuniéndose con Castro en la Isla.

Lo más curioso, en todo caso, es que, tras el triunfo de Obama sobre el republicano John McCain, desde el oficialismo se llenaron la boca diciendo que a partir de ahora se abría una posibilidad para que Argentina pueda recomponer su alicaído vínculo con los EE.UU., agravado por el sonado caso de la valija.

Incluso, Cristina no se cansó de enviar señales en busca de una mejora en las relaciones, seducida por una supuesta “proximidad ideológica” con Obama que, obviamente, no existió entre los Kirchner y George W. Bush.

“No hay animosidad hacia Washington. Las relaciones con Venezuela son de interés económico y comercial”, ensayaban ayer en ámbitos políticos para explicar lo inexplicable. Lo concreto es que no parece haber elegido la Presidenta un gesto demasiado amigable para estrechar lazos con Obama, a quien dice admirar. Como es habitual con este Gobierno, los hechos parecen contradecir a las palabras.

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