La visita de Chávez: reclamos por una deuda y un plan K para YPF

Por: Alcadio Oña

Entre los variados motivos que se le atribuyen al viaje de Hugo Chávez a la Argentina, circula uno de peso: los atrasos en los pagos a PDVSA, la petrolera estatal venezolana. Según fuentes privadas, la deuda completa rondaría los 700 millones de dólares, aunque no toda es de vencimiento inmediato.

En la factura entra la carrada de gasoil y fuel que se le compra a través de contratos directos, así el combustible provenga de otros lugares del mundo, porque Venezuela no lo produce. En opinión de analistas del sector, la Argentina podría adquirirlo directamente en el mercado, acaso a precios más bajos y ahorrándose los costos de la intermediación. Medios oficiales interponen el financiamiento de PDVSA y las dificultades para conseguirlo fuera de allí.

Era aspiración de Chávez resolver los atrasos. E interés del Gobierno, asegurarse el gasoil y el fuel que, a falta de gas, aquí se importa en abundancia para abastecer las centrales térmicas. Aunque sean caros y poco eficientes. Desde Caracas ya habían advertido que cortarían el chorro si no había arreglo, pero es comentario en el mercado que se cerró trato a satisfacción de ambas partes.

Está claro que este minué de intereses cruzados pesa mucho en la relación. Quizás más que el revuelo desatado por la estatización de empresas del grupo Techint y la preferencia de Chávez por las compañías brasileñas. Puede contar, también, la eventualidad de que en caso de urgencia se deba apelar al crédito venezolano: eso si, todo a precio de mercado.

De paso, la visita sirvió para alimentar una idea que desde hace más de un mes ronda intensamente en algunos círculos oficiales: que Chávez le financie a Enarsa la compra de una parte de YPF. La posibilidad de ganar espacio en YPF siempre tentó a Néstor Kirchner. Aunque Enarsa, el Estado, en realidad, está cargada de deudas, maneja una caja difícil de descifrar y quedó salpicada por el escándalo de la valija con 800 mil dólares de Antonini Wilson.

La deuda con PDVSA es sólo una parte del impactante déficit acumulado, estos años, por Cammesa. Devenida de hecho en agencia estatal, su situación es un muestrario de los desequilibrios del sistema energético y del modo como se los encaró.

Fue creada en 1992 y su tarea consiste en operar el mercado mayorista de electricidad, administrar la oferta e importar en caso de faltantes. Formalmente, el 80% de su capital accionario es privado, de empresas generadoras, transportistas, distribuidoras y grandes usuarios. El 20% restante pertenece al Estado.

Pero como lo que sale bancar los costos operativos es notoriamente mayor a los ingresos por ventas, finalmente la compañía sobrevive gracias a los fondos públicos. Ella y el sistema energético mismo.

Según cifras que se manejan en el sector privado, hoy las obligaciones de la agencia andan por los 7.300 millones de dólares. Allí entran el combustible adquirido a Venezuela, la compra de gas y electricidad, cuentas con proveedores y generadores y desde luego mucha plata del Tesoro Nacional. Así haya litigio por algunas acreencias, no pasará demasiado tiempo hasta que buena parte de ese paquete quede en cabeza del Estado.

Empujado por la crítica situación financiera de Cammesa y las dificultades para seguir sosteniéndola, el Gobierno empezó a buscar otras salidas. Plata, concretamente.

Operó sobre la montaña de subsidios indiscriminados, con fuertes aumentos de tarifas a los grandes consumos domiciliarios. Y se valió de la ley votada por el oficialismo que implantó los llamados cargos específicos. Impuestos en origen pensados para cubrir inversiones, que ahora se usan en achicar el costo del subsidio a la garrafa social, financiar la importación de gas boliviano y mejorar el precio del petróleo en boca de pozo.

Por esas cosas del tiempo electoral, Julio De Vido "convenció" a las distribuidoras de que frenen una suba extra del gas de por lo menos 30 %. Lo mismo se hizo con las facturas de la luz, en zonas del conurbano que los intendentes K identificaron. Pero el algunos casos, todo es cuestión de tiempo: el ajuste llegaría pasado el 28 de junio y sería retroactivo.

También se exprime cuanto gas haya disponible para el funcionamiento de las centrales, a caballo de una caída vertical en la demanda industrial, o sea, de la recesión. Y se cargan de agua los embalses del Comahue hasta niveles peligrosos, para contar con la mayor energía hidroeléctrica posible durante el invierno.

No habrá crisis, si a esto se lo define como apagones. Pero seguirán las importaciones de electricidad, fuel, gasoil, gas y gas licuado: dólares al fin. Porque la estructura y el horizonte energéticos lucen tan inestables como hace años habían pronosticado varios especialistas privados. Y todo volvería a sacudirse si la economía supera el cuadro recesivo. Parecido al perro que se muerde la cola.

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