"Mi visita a la Argentina es más que un compromiso del corazón"

De gira por la región, dijo que viene al país a agradecer a Cristina las gestiones por su liberación.
Reposada, de vuelta a una vida relativamente "normal" y mucho más "reflexiva" después de la avalancha de sucesos buenos que se atravesaron en su vida desde el rescate -en julio por el Ejército colombiano-, la ex candidata presidencial Ingrid Betancourt regresó la noche del sábado a su país, casi de incógnito para no desafiar a la muerte y sus amenazas, con el propósito de iniciar una gira por varias ciudades sudamericanas, entre ellas Buenos Aires, donde dará las gracias a Cristina Kirchner por su compromiso y el de su esposo hacia su liberación y la solidaridad dada a su madre Yolanda Pulecio. En una entrevista con Clarín realizada en la sede de la embajada de Francia en Bogotá, la ex rehén señaló que en su encuentro con la mandataria le pedirá no desfallecer en el propósito de ayudar a la liberación de dos políticos y 26 policías y soldados que aún permanecen en las selvas colombianas y que buscará su apoyo para hacer que la guerrilla de las FARC deje de existir. Antes de partir hacia Ecuador, segundo país en su gira de una semana que también la llevará por Brasil, Perú, Bolivia, Chile y Venezuela, Betancourt se encontró ayer con los familiares de los actuales rehenes de las FARC, quienes la declararon como su "embajadora" para que realice gestiones de buena voluntad que impulsen la libertad de sus seres queridos. Siempre de la mano de su madre, de la que no se desprende en instante alguno, Betancourt también respondió interrogantes sobre su vida sentimental. Habló de su relación con su actual esposo Juan Carlos Lecompte y admitió que el secuestro deja secuelas también en los sentimientos hacia los seres queridos. Se arrepintió de desoír los consejos para no emprender un peligroso viaje en búsqueda de votos que la llevó a pasar siete años secuestrada y reiteró que su intención no es llegar a ser presidenta de Colombia. Controversial, afable, con un manejo magistral de su imagen ante los cientos de medios que la acosan a donde vaya, Ingrid Betancourt habló a Clarín.

¿Cuál es la idea de emprender esta sorpresiva gira y dónde la llevará?

Esta se podría llamar la gira de 'dar las gracias'. Pasaron tantas cosas desde mi liberación y todo ha sido tan apabullante que no quería dejar pasar más tiempo sin tener la oportunidad de llegar hasta donde cada uno de los presidentes latinoamericanos que se comprometieron de lleno con mi liberación y la de mis compañeros para agradecerles, darles un enorme abrazo de amistad y gratitud y seguir buscando su concurso para abolir este terrible drama del secuestro. También quiero pedir a esos presidentes amigos que impulsen acciones concretas para la liberación de mis (ex) compañeros de secuestro.

¿En ese sentido, cuál es su propósito en Argentina?

Uy, si este es un viaje de gratitud, mi visita a la Argentina es más que un compromiso del corazón. Usted no se imagina la deuda tan grande que tengo hacia ese país. Todo lo que hizo en su momento el presidente (Néstor) Kirchnner por buscar una solución al problema de nosotros los secuestrados. Esfuerzo enorme que fue seguido con creces por la presidenta Cristina que no sólo acogió esa bandera sino que la llevó más allá y todo el cariño, respeto y el trato especial que le dio a mi madre (Yolanda Pulecio) en los momentos más oscuros. Mi mamita me dice que siempre, en la peor de las angustias, cuando la luz al final del túnel parecía apagarse, aparecía la presidenta Cristina y volvía a encender la llama de la esperanza.

¿Pero al ser sorpresiva esta gira uno se imaginaría que trae un as bajo la manga para buscar una solución al conflicto que vive su país?

No, aquí no hay ases bajo la manga. Yo traje una carta muy hermosa al presidente Uribe donde el presidente Sarkozy le reitera y le confirma los puntos en los que Francia quiere seguir actuando a favor de mis compañeros (secuestrados). El presidente Uribe le manda un mensaje y en él se tocan temas confidenciales que debo mantener en la mayor reserva. Pero déjeme aclararle algo. Yo no estoy aquí ni como interlocutora, ni como mediadora de nada. Personalmente, por mi experiencia vivida en la selva, me siento incapaz de ir a hablar con las FARC sobre algún tema, y también por las amenazas de muerte en mi contra, claro, pero sí creo que alguien debe hablar con ellas y plantearles la opción de vida distinta al uso de las armas. Hoy (domingo) me reuní con los familiares de mis compañeros secuestrados y recibí de ellos una especie de mandato para que sea la embajadora de mis compañeros que quedan en la selva. Pues así lo haré de corazón. No ahorraré esfuerzos en tratar de representarlos, en dar lo mejor de mi para que el drama que yo viví y que ellos continúan padeciendo se acabe pronto. No me pregunte por qué pero tengo el presentimiento que esta será la última Navidad que mis compañeros pasen en la selva y haré todo lo que esté a mi alcance para que sea así.

Déjeme tocar un tema tabú. Se dice mucho de su situación sentimental. ¿Qué pasó con su esposo (Juan Carlos Lecompte)? ¿Hubo un rompimiento?

Esa sí que es una pregunta difícil. Es difícil en la manera en que uno como ex secuestrado padeció muchas circunstancias en la selva y los seres queridos también tuvieron que sufrir otras aquí. Fueron años y años de cautiverio. En mi caso casi siete. Entonces, lo que uno como víctima de este crimen desearía es tener la posibilidad de conservar su espacio, de tener la posibilidad de dejar decantar muchos sentimientos, muchas sensaciones y decidir en últimas el rumbo de los latidos de su corazón. Esto nos pasa a todos los que estuvimos secuestrados. Con ello espero haberle respondido pero sin revelarle nada (risas). Ahora, yo quiero mucho a mi esposo, mi Juanqui es y siempre ha sido un gran amigo. Lo llevo en lo más íntimo de mi corazón. Lo demás no importa".

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