El virus de la rebelión se expande en la provincia.

Cuestionaron con dureza a su ministro de Salud, Claudio Zin, por la falta de una estrategia centralizada contra la influenza. La interna del PJ se calienta tras la derrota electoral.
Por primera vez tras la derrota electoral del domingo, los intendentes peronistas del conurbano bonaerense se reunieron con el gobernador de Buenos Aires, Daniel Scioli. Al contrario de lo que difunde el Gobierno, los jefes comunales no temen las represalias de la Quinta de Olivos por la mala performance electoral: ya comenzaron, incluso, a plantear sus críticas tanto a Scioli como a los Kirchner.

La reunión de los jefes territoriales del PJ bonaerense fue en la sede porteña del Banco Provincia (BAPRO). La excusa fue la epidemia de gripe A que castiga en el conurbano más que en ninguna otra parte del país. Con Scioli como testigo mudo de sus planteos, los intendentes se mostraron enojados con el ministro de Salud bonaerense, Claudio Zin, a quien acusaron de no haber planeado una estrategia unificadora para luchar con la enfermedad. Hasta ahora, la relación de los jefes comunales con su gobernador se basaba en la armonía, aunque muchos criticaban en la intimidad la pasividad en la gestión sciolista. Ayer, esas críticas se hicieron públicas, según contaron a Crítica de la Argentina varios de los protagonistas de la reunión en el BAPRO.

Los intendentes culparon a Zin por no haber previsto las consecuencias de la epidemia y, sobre todo, lo criticaron porque no implementó un plan de acción unificador para todos los municipios. Ante la emergencia y la psicosis social, los jefes comunales se vieron obligados a tomar decisiones de a grupos: los intendentes de Avellaneda (Cacho Álvarez), de Quilmes (Francisco Gutiérrez), de Lanús (Darío Díaz Pérez) y de Lomas de Zamora (Jorge Rossi), por ejemplo, coordinaron el cierre de los boliches de sus distritos, cómo debían atender a su clientela los comercios e incluso qué medidas debían tomarse en los bingos, un negocio muy sensible.

Uno de los intendentes más críticos fue Alberto Descalzo, de Ituzaingó, un aliado K que en la elección perdió la mitad de las bancas distritales que puso en juego: se quejó por la falta de medios para someter a los pacientes al diagnóstico para saber si tienen o no gripe A. El jefe comunal de Ensenada, Mario Secco, elevó una queja más dura: exigió que se garantice el pago a los pediatras de los hospitales, ya que los sueldos están retrasados.

El PJ bonaerense entró en estado deliberativo tras el fracaso electoral. Kirchner deja trascender que la mayoría de los intendentes son los verdaderos culpables de su derrota. Así lo expresaron dos de sus voceros habituales, el dirigente social Edgardo Depetri y el intendente de José C. Paz, Mario Ishii. Hablaron de "traidores", deslizando así que la mayoría de los jefes comunales mandaron a sus militantes a cortar boleta por sus listas, abandonando a su suerte a Kirchner-Scioli: "No deberían haber aceptado acompañar si no estaban de acuerdo con el modelo. Voy a hablar uno por uno con los traidores", amenazó Ishii. Varios de sus colegas, en realidad, piensan lo contrario: que fue la candidatura de Kirchner la que los hizo sacar a ellos menos votos.

Ayer, en la reunión del BAPRO, no estuvo presente uno de los intendentes más cuestionados por los K, Hugo Curto, de Tres de Febrero, que por primera vez en muchas elecciones perdió en su distrito, lo que fue mal visto por el oficialismo. Curto le dijo a Crítica de la Argentina que no fue porque está enfermo. Y se excusó de seguir hablando: "No escuché lo que dijo Ishii".

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