La virtud del equilibrio Ante el ánimo político y social

Las variaciones en los estados de ánimo parecen ser una constante en Jujuy. Es que el agitado clima social, las internas partidarias, los intereses gremiales, las presiones sectoriales y las persistentes asimetrías, son un cóctel muy complejo de equilibrar.
En las últimas semanas la provincia volvió a transformarse (como si fuera un ciclo natural) en un convulsivo escenario de conflictos. Primero fueron los representantes del Frente de Gremios Estatales, luego las organizaciones sociales y después los profesionales de la Administración Pública sosteniendo una lucha sin cuartel. No sería descabellado decir que Jujuy se parece, en ciertas ocasiones, a un campo minado, con peligro inminente de explosión. Extraña sensación si se tiene en cuenta que hace solo un par de meses, la ciudadanía expresó apoyos y quitó la confianza a encumbrados dirigentes opositores. Aún así, las necesidades de corto plazo prevalecen, creando atmósferas de virulencia.

En medio de este panorama el gobierno provincial, sin aquel ya famoso y nostálgico viento de cola que soplaba desde la Casa Rosada, se dedicó (¿tenía otra alternativa?) a la tarea de desatar nudo por nudo la compleja soga de la realidad. Con un desgaste natural y costos políticos cada vez mayores, lo cierto es que funcionarios del Ejecutivo y algunos diputados provinciales lograron apaciguar las aguas y retomar niveles normales de oxigeno. Consecuencia: otra vez las vacilaciones en los ánimos. Se pasó de un estado de preestallido a un estado de tranquilidad por los acuerdos logrados, básicamente económicos.

INESTABILIDAD

Sin entrar en detalle sobre los pormenores de cada compromiso (abordados en profundidad por la prensa) lo que importa es la siguiente pregunta: ¿Cuál es el trasfondo de este panorama tan inestable? Son muchos los puntos que podrían enumerarse, aunque existen dos que empezaron a ser tratados en las mesas de café de calle Belgrano.

El primero de ellos tiene que ver con las dificultades estructurales. Es decir, acá no se trata de nombres o dirigentes que circunstancialmente ocupan el poder institucional. Se trata de construir acuerdos más generales que permitan iniciar cambios profundos. Una fuente de alta confianza reveló a Pregón que dirigentes con aspiraciones a la gobernación empezaron a ver con cierta preocupación actitudes y problemas que se repiten: Desborde de la política salarial, crecimiento de las organizaciones sociales, destino del pequeño empresariado, futuro del tabaco e inclusive aspectos esenciales como la Educación. Aquellos que ya hicieron públicas sus aspiraciones de ocupar el sillón de Fascio saben que si no son capaces de pensar proyectos a mediano plazo, su permanencia en el poder puede resultar breve y hasta perjudicial para la salud. De allí que más de uno reconozca, por lo bajo -obvio-, esa virtud de equilibrista que demostró Walter Barrionuevo. "Está en el medio del tironeo y sigue en la gobernación otros que se muestran inefables antes las cámaras ya se hubiesen ido por su propia histeria y miedos, él no se mosquea y resuelve", dijo la misma fuente con cierto grado de sorpresa.

TENSIONES

El otro punto son las tensiones políticas. Tampoco se trata de proponer que el justicialismo o el propio radicalismo se transformen en un grupo de carmelitas descalzadas. Sería una utopía. El problema es que las internas y las ambiciones terminan imposibilitando la realización de acuerdos sostenidos: Todo se reduce a un básico "toma y daca" y lograr estar en un lugar expectante.

El caso de la Legislatura es el más emblemático: La oposición cayó en un frenesí de denuncias, algunas de ellas valiosas, pero claramente mediáticas. Así, más allá del efecto político, solo logran perder credibilidad. En tanto, desde el oficialismo parecen más preocupados por cuidar el terreno propio. Hoy se habla con liviandad de "halcones" y "palomas", "leales" y "no leales", "capaces" y "no capaces", perdiendo de vista la necesidad de hallar soluciones estructurales. A todas luces, lo que falta es una cultura política. Algunos la confunden con capacidad de "rosca", que en el diccionario popular significa capacidad de hacerse el "bobina". Un ejemplo: dirigentes de que en las últimas elecciones cambiaron de partido y ahora pretenden volver a las fuentes, silbando bajito, como si nada hubiese pasado. Eso es hacerse el "bobina".

CAMBIOS EN

EL GABINETE

Como nada en política es casual, en medio de tanto conflicto el gobernador equilibrista decidió oxigenar su gabinete. El primero en dar un paso al costado fue Julio Costas, a cargo de la cartera de Gobierno y Justicia. Más de uno le había reclamado a Barrionuevo que apresurase la decisión. "Si algo tuvo de bueno Costas fue su lealtad con Walter. Fue el ministro más fiel que tuvo, jamás jugó a dos puntas ni anduvo con la calculadora bajo el brazo, de tipos así es difícil desprenderse", murmuró en el Salón Blanco un barrionuevista puro frente a la emoción de los que festejaban la llegada de Pablo La Villa.

Sin embargo, parece que no será el único cambio importante. Según papeles que circulan en el primer piso de Casa de Gobierno, los cambios llegarían por los menos a cuatro ministerios y al 80% de las secretarias e inclusive direcciones y coordinaciones. Pero Barrionuevo no solo estaría decidido a cambiar de nombres, sino a proponer una nueva política de redistribución. Ya tendría listo en su despacho un proyecto de ley de redistribución de regalías mineras, cuyos principales beneficiarios serían los municipios de la Puna. Lo que se dice toda una forma de entender la realidad. Después se verá si los estados de ánimo están a su favor o no.

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