Por la ola de violencia en countries, los vecinos crean comités de crisis

Esta semana se sumaron cuatro nuevos episodios. En la madrugada del lunes, en Escobar, asaltaron a dos familias y las golpearon brutalmente. Los propietarios arman redes y buscan recuperar el sueño de la calidad de vida. Cada diez días hay un robo. La novedad en 2009 fueron los casos de abuso sexual.
En La Barra Village, un coqueto barrio de 152 casas de Escobar, los vecinos perdieron la calma desde que un grupo de hombres armados se metió un chalet con la familia adentro. Estuvieron tres horas y el resultado fue que la familia vendió su casa y se fue del country. Los que quedaron se juntaron y pidieron medidas extremas: ahora hay cámaras de seguridad, infrarrojos para detectar movimiento y guardias armados. "Esa fue una decisión discutida pero unánime", dice una vecina, "queríamos quedarnos tranquilos".Ni el ruido del alambre al romperse, ni el de las pisadas sobre las hojas secas, ni el crujido de las escopetas. Nada de eso alteró el sueño de los vecinos de Fincas del Lago en la madrugada del lunes cuando tres hombres atravesaron la cerca y quebraron para siempre la fantasía de vivir en un lugar seguro. Los ladrones entraron a dos casas, despertaron a las familias, les pidieron plata y productos de electrónica, los golpearon hasta cansarse y llegaron al abuso sexual. En apenas una hora, se fueron por el mismo lugar por el que habían entrado.

A la mañana siguiente y a pesar del esfuerzo de la policía y la fiscal Irene Molinari por cercar la información, los gerentes de la mayoría de los countries de la zona ya sabían lo que había pasado. Como en una red improvisada, se contactaron unos a otros y el miedo entró en todos los barrios. El crecimiento de los robos llevó adentro de esas supuestas casas seguras la sensación de pánico. La violencia extrema como la de este caso y el de Haras Santa María, donde hace diez días robaron, golpearon a un matrimonio y violaron a la mujer, generó una respuesta insólita: los countries del partido de Escobar, que se suponían un refugio seguro, ahora tienen comités de crisis para defenderse de los asaltos.

Los vecinos de Fincas del Lago se dieron cuenta de que algo pasaba cuando las dos casas, que están sobre el perímetro del country, se llenaron de policías que mantienen el secreto de lo que pasó esa noche porque la violencia tuvo límites que ningún miembro de esas familias quiere que se haga público. Los ladrones, como en la abrumadora mayoría de los robos en barrios privados, forzaron la puerta ventana que da a una galería, un trabajo muy simple si se tiene en cuenta que son prácticamente vidrios enteros con una trabita fácil de superar. Así se metieron en el primer chalet y despertaron al matrimonio y a sus dos hijos. Según fuentes policiales, "los ladrones siempre buscan plata y los pone muy nerviosos cuando no la encuentran o encuentran poca cantidad". Eso sucedió cuando los tres hombres se metieron en la segunda casa, que está al lado de la primera, y golpearon a la familia y hasta la atacaron sexualmente.

Fincas del Lago, al igual que el resto de los 44 countries de esa zona, se ubica dentro de un área que intercala lujosos barrios cerrados con asentamientos. En el caso de Fincas, por ejemplo, ocupa un predio de árboles centenarios que pertenecía a la embajada de Islandia, pero linda con la "villita" del barrio San Luis, que está del otro lado del débil alambrado que separa una realidad de la otra. Este "club de campo" no tiene cámaras de seguridad en su perímetro ni muchas de las medidas que están tomando en la mayoría de los countries mientras crecen las denuncias por robos. En el partido de Escobar, tantos antecedentes pusieron a los propietarios en estado de alerta.

Muy cerca de Fincas, pero del otro lado de la Panamericana, está Maschwitz Privado, un barrio donde, después de un robo, los vecinos se juntaron en el club house y crearon un comité de seguridad. Para calmar el miedo, invirtieron 800 mil pesos y convirtieron al lugar en una fortaleza: "Cercado de alambre perimetral electrificado –detalla Pablo Fussaro, el director de la comisión–, sensores de intrusión, cámaras que apuntan al perímetro, un armado de recorridos de los guardias totalmente aleatorio a través de un software, y un paredón de 2,20 m terminado con alambre electrificado para la zona en que el country limita con un asentamiento".

La misma reacción se repitió en Los Horneros, también en Ingeniero Maschwitz, cuando una semana antes de un robo habían cambiado la agencia de seguridad, un lugar común que aparece en las anécdotas de muchos asaltos (ver nota aparte). La reunión de crisis se convocó al instante, aunque de los 150 vecinos apenas fueron 30. "Ahora no se salva ningún country", dice un propietario que prefiere no dar su nombre. "Ahora hay gente que directamente no sale de noche y todos cerramos la puerta con llave".

Las historias se repiten y circulan entre un country y otro a través de las voces de sus gerentes, que empezaron a conectarse por una discusión impositiva con la municipalidad de Escobar, pero ahora lo hacen también para pasarse las últimas novedades sobre la inseguridad. Eso sí, todos mantienen el acuerdo tácito de que las malas noticias queden puertas adentro. Ya saben que un country con algún robo violento disminuye radicalmente el precio de sus propiedades.

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