La violencia de la cobardía

Por: Ricardo Kirschbaum

La Mesa de Enlace, finalmente, condenó los escraches, esa metodología fascista que comenzó por la izquierda y ahora se ha incorporado naturalmente a la política, cualquiera sea su signo. El vocero de las entidades rurales esta vez fue Eduardo Buzzi, de la Federación Agraria, que dijo que el escrache no es una forma legítima de manifestarse.

"No al escrache, sí a la protesta", dijo Buzzi intentando terminar con un tema molesto con el que el oficialismo machacó despues de los ataques de productores a Scioli y Rossi.

La oposición dice que el kirchnerismo intenta victimizarse y el oficialismo acusa a todos los que no están en esa vereda de ser tolerantes con las agresiones. En ese debate dialéctico, unos recuerdan conductas anteriores y los otros las presentes pero queda la duda si, en verdad, el escrache es repudiado. Ya sea por "golpistas" o porque "hay mucha bronca", la justificación de ese tipo de reacciones intolerantes es frecuente.

Siempre parece haber una buena razón para encontrar un atajo y no ser contundentes y consecuentes con el repudio.

Los escraches no han sido, en general, penados y esa impunidad no ha hecho más que multiplicar este método antidemocrático.

La política necesita de actitudes y conductas claras para comenzar a recuperar credibilidad. Son los dirigentes los que debieran trabajar para disminuir la brecha con el resto de la sociedad, terminando con esa creencia de que el sistema se resume esencialmente en el acto de votar.

La violencia ha estado demasiadas veces presente en la política argentina. El escrache es una forma de acción directa violenta, en general de grupos que actuan en banda contra indefensos. Es, además, un acto cobarde.

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