Los vínculos con la Argentina, frente a una nueva etapa

Para los Kirchner, el desafío es cómo encarar la relación después del giro de Chile a la derecha
La última vez que le preguntaron por sus preferencias respecto de los candidatos chilenos, Cristina Kirchner graficó con una elipsis su clara inclinación por la Concertación de Eduardo Frei. "Una tiene sus amistades, vinculadas con las afinidades políticas", dijo ante LA NACION, en Santiago, apenas dos meses atrás, en su última visita de Estado al país trasandino.

Ayer, a medida que se confirmaba el triunfo de Sebastián Piñera, crecían en Buenos Aires los interrogantes sobre el futuro del vínculo bilateral con un cambio de signo político en Chile. Ahora, admiten cerca de la jefa del Estado, el desafío es sostener la relación más allá de las fuertes diferencias ideológicas con el futuro gobierno.

Según supo LA NACION de altas fuentes oficiales, la diplomacia que conduce el canciller Jorge Taiana comenzó a trabajar en una estrategia para pasar de la afinidad política que permitió un acercamiento con Michelle Bachelet a la consolidación de una relación institucional con las nuevas autoridades chilenas.

La intención oficial es mantener "en el más alto nivel" el vínculo, que fue relanzado el año último con elocuentes gestos de sintonía bilateral, con la intención de superar dos décadas de vaivenes y desencuentros. Incluso, pese a las fuertes disidencias con el modelo político encarnado por Piñera.

No escapó a los analistas del Palacio San Martín el cambio que implica para el mapa político de la región la llegada de Piñera al Palacio de La Moneda. A priori, esperan una menor afinidad de Chile con Venezuela y más tensión con Bolivia, países con los que la Argentina tiene una sintonía particular. Y evalúan que Piñera tendrá, por el contrario, más cercanía con Perú y con Colombia, países con los que la Argentina tiene un trato ciertamente más distante.

En cualquier caso, la distensión es la característica sobresaliente del actual vínculo de la Argentina con Chile. Esa distensión ha sido una consecuencia directa de la sintonía entre Cristina Kirchner y Bachelet. Ambas presidentas sellaron una suerte de relanzamiento de la relación apenas dos meses atrás, con la firma de un tratado bilateral para jerarquizar el vínculo: un protocolo que incluye la construcción conjunta de obras de integración física por 4000 millones de dólares, acuerdos migratorios para la libre circulación fronteriza y políticas jurídicas para facilitar extradiciones.

Se lo conoce como el acuerdo de Maipú y se propone como el paraguas jurídico y diplomático que permitirá superar el Tratado de Paz y Amistad de 1984, que, según la diplomacia de ambas naciones, permitió clausurar un largo período de desconfianzas mutuas.

La firma de los documentos fue acompañada por gestos. Cristina Kirchner y Bachelet exhibieron una profunda sintonía para expresar el cambio de viento en la relación. La presidenta argentina llegó a decir que con Bachelet estaban protagonizando "un nuevo cruce de los Andes" en la fastuosa ceremonia en la que suscribieron el acuerdo de integración, que rememoró simbólicamente el abrazo de los libertadores José de San Martín y Bernardo de O´Higgins en la batalla de 1818 en la que triunfaron sobre las tropas realistas.

Esfuerzos económicos

La preocupación de la diplomacia argentina para lograr sostener el vínculo más allá de las diferencias con el nuevo gobierno tiene explicación. El documento que firmaron los dos países es de largo plazo e implicará esfuerzos económicos para lograr el cumplimiento de los objetivos delineados. Sobre todo, aquellos que implican avanzar en la integración de las fronteras con obras físicas y políticas migratorias comunes.

Los países proyectaron la realización de obras en conjunto en los pasos fronterizos a lo largo de los 5000 kilómetros de frontera que comparten. La Argentina y Chile tienen 53 pasos binacionales.

Las obras conjuntas incluyen además dos proyectos centrales. El primero de ellos es la construcción del ferrocarril trasandino, con una inversión de 3500 millones de dólares. El otro proyecto es el túnel de Aguas Negras, que une San Juan con La Serena, con una inversión de 800 millones de dólares.

El dato alentador es que el recorte en el suministro de gas por parte de la Argentina a Chile, que en años anteriores fue condicionante de la relación, ha comenzado a ser superado y ya no forma parte de la agenda de conflictos. Esto ha sido merced a la reconversión energética chilena, que provocó que el país trasandino redujera su dependencia de los envíos de Buenos Aires.

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