Las viñas de la ira

Las viñas de la ira
Algunas presunciones sobre cómo se desarrollará la política nacional y la provincial en esta semana vendimial. Lo único seguro es que las pasiones arden.
En el escenario vendimial se librará un nuevo round de la lucha por el poder político en la Argentina. Algo que va incluso más allá del debate electoral, ya que hoy se está disputando la nueva correlación de fuerzas que tendrá el 2009 entero. Porque la hegemonía K está relativizada como nunca desde que se comenzó a construir en 2003.

Por eso, cada evento más o menos significativo de la vida política o social, deviene una escenografía propicia para que cada cual se muestre simbólicamente frente a una sociedad excéptica, que no obstante se prepara a disfrutar del espectáculo ofrecido por los actores.

En ese sentido, lo ocurrido el domingo en la Asamblea Legislativa, bien puede ser un precedente de lo que ocurrirá este fin de semana en la Fiesta de la Vendimia mendocina. Analicemos sus protagonistas.

Cristina, la relatora. Así como la gran incógnita de la Asamblea Legislativa se circunscribió al modo en que la Presidenta y su Vice se encontrarían luego de siete meses de guerra de guerrillas, la máxima expectativa vendimial se refiere a si viene o no Cristina, ya que una fiesta será con ella y otra sin ella.

La Presidenta en el Congreso esbozó un peculiar discurso que será el leit motiv ideológico del combate político que el oficialismo piensa encarar este año. Veamos:

1) A nivel conceptual. Cristina ha ido avanzando en una caracterización originalísima de la relación entre Argentina y el mundo a partir del surgimiento de la crisis global:

a) Apenas estalló el tsunami financiero, la Presidenta gritó ¡albricias!, creyendo que el mundo había perdido y nosotros ganado.

b) Luego, cuando vio que la crisis entraba al país, dijo dolida que éramos tan felices hasta que apareció el mundo y nos quitó la felicidad.

c) El domingo, en un nuevo salto cualitativo de esa misma ideología, insinuó que si el mundo hubiera seguido las recetas K, la crisis planetaria no hubiera tenido lugar. Y por ende, ella (como si fuera la agente 99, esposa del superagente 086) se propone llevar a todos los foros internacionales la milagrosa fórmula argentina para salvar a la tierra, ya que los dirigentes políticos del primer mundo no están mentalmente preparados para salvarse.

2) La otra parte del discurso, la dedicó a sus enemigos: al complejo mediático-agrario, monstruo de mil cabezas al que este año intentará desmontar mediante políticas “activas”, como nacionalizaciones o censuras. Con respecto a su otro odio, Cobos, al parecer seguirá intentando matarlo con la indiferencia por arriba y las picardías seudoinfantiles (robos de aviones o granaderos) por abajo.

3) Del “estado de la Nación”, o sea de cómo están las cosas de verdad en el país y de las propuestas de gobierno no dijo ni una palabra. Lo cual es lógico, porque ella no es -en la división de tareas dentro del kirchnerismo- la encargada de la conducción política, sino su “relatora”.

Las dos caras de Cobos. Él tratará, por supuesto, de mostrarse en todo su esplendor en su patria chica. Tendremos entonces a los dos Cobos: al vicepresidente y al político.

El primero es el que quiere la gente, ese personaje que junto a la movilización campesina hizo

volar por los aires la hegemonía kirchnerista con su “no positivo” y a partir de allí se dedicó a dos cosas:

a) Por un lado, a ser uno de los pocos vicepresidentes activos de la historia nacional, usando los símbolos como nadie. En particular como contracara del estilo político K: escuchando a la oposición, proponiendo el consenso en vez del conflicto, la paz en vez de la guerra y ofreciéndose como víctima propiciatoria de todas las maldades que contra él idearon para que renuncie, sabiendo que sólo con soportar estoicamente las humillaciones, su crecimiento en imagen sería exponencial.

b) Pero también vendrá el otro Cobos, el que necesita traducir en capital político su imagen positiva.

Vendrá a la provincia donde nació y murió la concertación entre él y Kirchner, mucho antes de la ruptura entre ambos por lo del campo.

Vendrá a la provincia donde ciertos odios radicales contra él superan en pasión los odios kirchneristas o jaquistas, lo que no es poco decir.

Y vendrá a la provincia que necesita reconquistar electoralmente para aspirar a ser el político que él o los suyos quieren que sea. Aunque a la gente eso le importa un bledo, ya que pocos en el llano lo ven como futuro presidente pero son apabullantes los que lo quieren como actual vicepresidente hasta 2011. Casi como una garantía de división de poderes en un gobierno propiedad patrimonial de una pareja.

O sea, Cobos es por abajo mucho más querido por lo que es que por lo que quiere ser. Como por arriba es mucho más odiado por lo que es que por lo que quiere ser. ¿Y qué es? Pues, un vice trascendente (casi el inventor de la institución vicepresidencia) y un candidato presidencial intrascendente (aspiración que además le obstaculiza su función actual porque lo pone como un vice opositor que oscurece su imagen de un vice controlador).

A esos dos Cobos se verá en Vendimia y veremos cuál se impone.

Un mundo sin periodistas. La política de comunicaciones que los K anhelan para acabar con los monstruos mediáticos se vio el domingo en el Congreso: allí, una precisa dirección de cámara del canal estatal se puso al entero servicio de la Presidenta mostrando todo lo que le convenía a ella y desechando cualquier atisbo supuestamente en contra.

Con lo que queda claro que -con o sin nueva ley de radiodifusión- la utopía kirchnerista en materia de comunicación social es un mundo sin periodistas y sin periodismo.

Es de esperar que en Vendimia ese mundo orwelliano no se imponga frente al hecho popular, bajo la burda excusa de que se quiere mejorar la televisación de la fiesta.

Los dilemas de Jaque. El gobierno local sabe que para ganarle la elección a Cobos en Mendoza debe:

a) Por un lado, contar con el apoyo nacional, pero....

b) Por el otro lado, tratar a su rival Cobos como un adversario y no como un enemigo (como lo tratan los K), porque en la provincia el estilo del odio carece de votos.

Veremos cómo se las arreglará Jaque para ponerle su impronta a la Fiesta impidiendo a la vez que se la impongan Cobos y/o Cristina.

Lo único cierto, por ahora, es que en esta Mendoza Vendimial, las viñas políticas están que arden

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