Vigencia de las ideas de Juan Perón

Por Antonio Cafiero.

Ninguno de los grandes líderes políticos del siglo pasado mantiene actualmente una vigencia siquiera comparable a la de Juan Perón.

Ninguno de los grandes líderes políticos del siglo pasado mantiene actualmente una vigencia siquiera comparable a la de Juan Perón. Churchill, Roosevelt, Stalin, Mao, Nehru, Franco, Adenauer, De Gasperi, De Gaulle y hasta Getulio Vargas permanecieron en el poder más años que el propio Perón, e impulsaron transformaciones comparables a las del justicialismo. Sin embargo, hoy sus ideas están lejos de ser rectoras de movimientos políticos relevantes.

Podrá parecer extraña esta afirmación, vistas las discrepancias entre los distintos sectores que hoy aspiran a representar al peronismo. Pero me animo a demostrar que –más allá de las disputas por el liderazgo– son más las ideas que nos unen que las que nos separan. Por supuesto, los politólogos que quieren defenestrar a nuestro movimiento tienden a ver en sus diferencias internas una brecha ideológica insalvable que sólo en el pasado habría podido ser zanjada por el supuesto oportunismo de nuestro fundador. Sin embargo, el peronismo históricamente ha dado una importancia peculiar a la elaboración y la difusión de ideas. Lo que no tiene es una ideología cerrada, y eso quizá confunde a los académicos. Pero tal como demostraré en estas líneas, los valores que hoy comparten la mayoría de los peronistas no nacen de una conveniencia coyuntural, sino de un conjunto de ideas que supo sintetizar Juan Perón en su doctrina, y de ahí su vigencia aun pasados 35 años desde su fallecimiento.

En primer lugar, los justicialistas siempre creímos en la Nación como categoría histórica. Es a partir de nuestra propia identidad desde donde pensamos y obramos. Ella nos ha permitido impulsar la integración regional como una manera de fortalecer la soberanía política.

Además, el peronismo siempre se ha afirmado sobre un humanismo que afirma la dignidad de la persona y su destino trascendente. Para el peronismo, el ser humano no es sólo un ciudadano, es una complejidad multifacética que trasciende el mundo en que vive. Esto habla de la existencia de derechos que hay que reconsiderar incesantemente para que la vida merezca ser vivida.

Para el justicialismo, los derechos humanos no se detienen en lo jurídico-institucional, pues también hay derechos sociales, económicos, culturales y hasta espirituales que los constituyen, porque el ser humano es sujeto de necesidades complejas. Esto supone afirmar que la libertad está ligada a la responsabilidad social y a la solidaridad como exigencias de la vida en sociedad.

Por la misma razón, para el peronismo la democracia no es sólo pluralismo político, sino que además incluye otros fenómenos –distintos a la política– que hacen a la justicia y la dignidad humana. Una democracia sólo es tal cuando construye una sociedad donde cada persona se siente sujeto en el quehacer de la comunidad que integra, cuando permite la consolidación de fuerzas transformadoras que animen la conciencia y generen la capacidad para doblegar el estancamiento y la injusticia, y cuando inspira a distintos sectores políticos y sociales a profundizar la participación popular como instrumento para modificar las relaciones de poder.

El pueblo es el sujeto capaz de transformar la historia y constituirse en su gran protagonista. Esta visión de la democracia no incita a la generalización del conflicto social, pero para el peronismo la lucha es parte inescindible de la democracia con justicia social. No nos concebimos como un dique de contención de los conflictos, sino como un canal profundo y generoso que ha nacido para irrigar a toda la estructura social con la energía de las demandas postergadas.

Para el peronismo la democracia se consolida cuando se desarrolla la capacidad de resolver los problemas, no cuando nos acostumbramos a convivir a pesar de ellos. La "calidad institucional" de una democracia no puede significar otra cosa que la capacidad de las instituciones para conducir a la sociedad hacia objetivos fijados democráticamente.

Por último, la política supone una acción colectiva, plural y consciente de transformación de la realidad. Es la capacidad de instaurar una realidad fundada en valores de la comunidad. La política no es tan sólo el "arte de lo posible", sino el arte de hacer posible lo necesario. Esa fue la mayor enseñanza que Perón nos ha dejado, y que aún hoy sigue vigente.

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