La viga en el ojo propio

Por: Ricardo Roa

El Riachuelo es el peor de nuestros ríos. Ya ni siquiera es un río: es una mezcla de deshechos y bacterias. Contaminación pura y ambulante. En toda su cuenca con el Matanza de más de 2000 kilómetros cuadrados viven expuestas unas 10 millones de personas. Y aunque parezca increíble, va de peor en peor

Hay una larguísima historia de planes y promesas incumplidas, antes y después de los célebres 1000 días augurados por María Julia. Y un muestrario de ineficiencias igual de grande. El último aporte fue de Romina Picolotti, que también se comprometió a sanearlo: hizo tan poco que la mayor parte de la plata que le dieron no la usó.Hasta la Corte se metió en el tema. A mediados del 2006 ordenó a la Nación, la Ciudad y la Provincia elaborar un plan integral. Y cansada de dilaciones, hace 9 meses fijó plazos y multas diarias por nuevos incumplimientos. Ahora, el Defensor del Pueblo y un grupo de ONGs denuncia que no se avanzó nada. Y el juez a cargo del asunto admite que "las acciones en la práctica llevan más tiempo que en los papeles". Como se ve en los resultados, un tiempo gigantesco.

No hacemos acá lo que debiéramos pero nos sobra perseverancia para ver la paja en el ojo ajeno. El principal objetivo ambiental del Gobierno es "limpiar" a Botnia. Hacerla desaparecer de la costa uruguaya aunque la contaminación no haya podido probarse. Se entiende: la que denunciamos frente a Gualeguaychú. No la propia. El agua pesada del Riachuelo sigue peligrosa e inmóvil, cada día más contaminada. La limpieza es costosísima y técnicamente muy compleja. Esto se sabe desde hace mucho. En otros lugares del mundo tener un brazo de agua así sería una bendición. Aquí y por culpa de nosotros mismos es lo contrario. Una maldición para millones.

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