Con el viento en contra

Carlos Pagni

LA NACION

Néstor Kirchner comenzó a caminar con viento en contra. Anteayer perdió el control de la Cámara de Diputados de la Nación. Y también produjo una crisis en la Legislatura bonaerense para impedir que el PJ de ese distrito lo deje librado a su suerte en 2011, como planeaban sus principales dirigentes. Se nota que Kirchner no está preparado para la adversidad. En los dos casos la torpeza agravó sus dificultades.

Ya está a la vista cómo funcionará el nuevo Congreso. Los Kirchner perdieron la mayoría automática con que contaban en Diputados y, con ella, algo intangible pero crucial: el manejo del tiempo parlamentario. Quedará atrás la mala costumbre de deglutir leyes sin respirar, impuesta por el matrimonio presidencial a los representantes del pueblo.

Los acuerdos, además, se volverán más costosos. Se acabó el margen por el cual llamaba a diputados y senadores al comisariato de Olivos para exigirles que aprobaran las leyes "sin tocar una coma". Ahora los dueños de los textos serán los aliados que acompañen al oficialismo con su voto. En síntesis, a los Kirchner les llegó el tiempo de aprender a decir "gracias" y "por favor". Será como volverse bilingües.

Cuidados

El Gobierno dio una señal clara de que es consciente de esta declinación. A la hora de reclamar comisiones, Kirchner se cuidó bien de retener las de Peticiones Poderes y Reglamentos y la de Juicio Político. En ellas se decide el eventual desafuero de los legisladores -el de él, por ejemplo- y la destitución del Presidente y de los jueces.

En adelante, el Senado se volverá decisivo, aunque tampoco allí los números le sonríen al Frente para la Victoria. Miguel Pichetto, el jefe de bloque, examina la conducta de Carlos Verna y María Higonet. Estos pampeanos todavía no definieron de qué lado están. Si se pliegan a la oposición, habrá un empate en 36 votos. Julio Cobos se convertiría, de nuevo, en dueño de los Kirchner.

Omar Jorge, gobernador de La Pampa, será el hombre más presionado de la Argentina. Hay tiempo para convencerlo. Los senadores se organizarán en febrero.

El inestable equilibrio parlamentario aumenta también el relieve de los decretos de necesidad y urgencia (DNU): son, con el veto, la vía de escape que tiene el Poder Ejecutivo para una eventual encerrona.

No debe extrañar, entonces, que la batalla por el control de la comisión bicameral que controla esa prerrogativa presidencial se vuelva sanguinaria. Los diputados de la oposición pretenden quedarse con 5 de los 8 miembros que corresponden a su cámara. La definición debe producirse antes del próximo 16.

La derrota de Kirchner no debería conducir a malas interpretaciones. Nadie ganó la mayoría que él perdió. Los diputados que dieron quórum a pesar del oficialismo no son un bloque. El comportamiento de la Cámara será el resultado de la interacción de numerosas minorías. La Presidenta y su esposo, que fantasearon con la transversalidad, deberán acostumbrarse a ella. Habrá tantas transversalidades como temas se sometan a debate.

El núcleo estable de la oposición está integrado por la UCR, el PJ disidente, la Coalición Cívica y el Pro. Son alrededor de 105 legisladores, que se pueden transformar en mayoría si se trata de refundar del Indec, reformar el Consejo de la Magistratura o suprimir los superpoderes del jefe de Gabinete.

La centroizquierda de los socialistas, de "Pino" Solanas y Claudio Lozano, de Eduardo Macaluse, o de Martín Sabbatella y Vilma Ibarra constituye una bisagra, en este caso. Ellos pueden votar en contra de los Kirchner. Pero también a favor, si ellos proponen una nacionalización o, por ejemplo, una reforma bancaria como la que promete impulsar el esposo de la Presidenta.

Kirchner deberá aprender un oficio que jamás practicó: la negociación. Anteayer desbarató los acuerdos a los que había llegado el jefe de la bancada oficial, Agustín Rossi, que -según se insistía en la Cámara- amenazó con renunciar cuando se sintió desautorizado. Tendría que aprender de la Presidenta. Ella interrumpió su charla con el presidente del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), Luis Alberto Moreno, para hablar con su marido: "Si no lo atiendo, se me pasa a la oposición", bromeó. Esa conversación fue, al parecer, la que hizo bajar a los diputados oficialistas al recinto.

El país ya se ha ido acostumbrando a los errores de principiante que comete el santacruceño. Convocó a 1000 invitados, como si se tratara de una asunción presidencial, para que vieran de cerca cómo perdía el poder. En su caso, tendría que aprender de Pinky: el miércoles ensayó en su casa, con cuatro colegas, la liturgia que presidiría al día siguiente. A igualdad de fuerzas, suele triunfar el método.

Kirchner debería advertirlo, ahora que está debilitado. Anteayer ordenó a Daniel Scioli y a Alberto Balestrini modificar el artículo de la reforma política que permitía realizar las elecciones primarias provinciales en una fecha distinta de las nacionales.

Esa disposición hubiera permitido, a intendentes y legisladores, ponerse a salvo de la posible derrota presidencial del santacruceño en 2011. Balestrini, que no ingresará a la historia del federalismo, entregó a la conducción de los diputados oficialistas el nuevo texto, que debían aprobar esa tarde: el calendario electoral de la provincia será fijado por la Nación. Lo redactó Carlos Zannini, en la Casa Rosada.

Sin tiempo

El Senado provincial debe volver sobre sus pasos el lunes, antes de que el oficialismo pierda la mayoría.

Allí hay una revuelta, encabezada por el vicepresidente del cuerpo, Federico Scarabino. Acusan al diputado Fernando Navarro ("Chino") de haber alertado a Kirchner de la fuga que estaban preparando -llamémoslos así- sus seguidores. Kirchner les bloqueó el túnel.

Los bonaerenses que se resistan a despeñarse con él en el abismo de 2011 tienen ahora una sola salida: seguir los pasos de Carlos Reutemann, Juan Schiaretti o Jorge Busti. Es decir, romper.

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