Hay más viento de cola, pero la confianza todavía queda lejos

Por: Daniel Fernández Canedo

El mundo decidió que es hora de menospreciar el riesgo". Es el título de un informe financiero que resume el momento que viven los mercados internacionales y del que se beneficia la Argentina.

El jefe de la Reserva Federal de EE. UU., Ben Bernanke, dio por terminada la recesión en su país y eso fue suficiente para que inversores dominados por el pánico sean ganados por la avaricia.

La búsqueda de rentabilidad los llevó a buscar inversiones financieras rentables y los bonos argentinos estaban en la línea de largada.

La estrepitosa suba de los bonos argentinos en la últimas semanas generó un clima de fiesta financiera difícil de equiparar.

En los últimos dos días hubo bonos que subieron 20% y en el año hay aumentos superiores al 130%. Las ganancias resultaron espectaculares.

Como un termómetro, las cotizaciones de los bonos fueron mostrando en los últimos meses los cambios de percepción respecto a que la Argentina pudiese caer nuevamente en cesación de pagos.

En marzo, los bonos Boden 2012 ofrecían una renta de 60% y era casi imposible conseguir compradores ante el temor de otro "default".

Ahora, ese bono promete una tasa de 19%, todavía muy alta, pero indica que el país estaría más cerca de poder conseguir dinero, aunque caro, en el mercado voluntario.

La Argentina se vuelve a ver bendecida por una mejora de la situación financiera internacional pero con algunos cambios imporantes.

Hoy las finanzas le sonríen, pero los precios de los productos que exporta no están justamente para un festín.

Hace dos meses la soja cotizaba a 440 dólares la tonelada. Ayer, y después de subir un poco, quedó en 345 dólares.

El motor que fue la soja -que le permitió al campo ganar, al Estado recaudar y, por lo tanto, gastar-, parece haber alcanzado un techo.

La salida de la crisis internacional está dejando aumentos en el precios del acero. Y, en menor medida, del petróleo, pero la soja no es de la partida.

La próxima campaña agrícola será la de la "sojización". El área sembrada alcanzaría un récord de 20 millones de hectáreas, muy cerca de lo que destinará a ese cultivo Brasil.

Si el clima acompaña, habrá dólares entrando, pero eso recién ocurrirá el año próximo.

Entre tanto, el ministro Amado Boudou seguirá con su discurso de querer volver al mercado de crédito voluntario y de acercarse al Fondo Monetario a velas desplegadas.

Aunque no lo digan, sin acordar con el FMI, sin querer hacer un ajuste fiscal y sin confianza de los inversores, al Gobierno se le hará difícil conseguir dinero a un costo razonable para encarar los proyecto que tiene en mente.

Un plan energético o reequipar Aerolíneas Argentinas resultarían complicadísimos sin un acuerdo con el Club de París.

Y lograr la refinanciación del club de países desarrollados, a su vez, sería imposible sin un acuerdo con el Fondo Monetario.

En su paso por Buenos Aires de hace dos semanas, Olivier Blanchard, jefe de investigaciones del FMI, dijo en una reunión reservada que el organismo quiere que la Argentina vuelva a ser un socio normal.

También lo quiere Boudou. Pero no se sabe si Néstor Kirchner busca coquetear o llegar a un arreglo real.

En paralelo con la obra de Stevenson, los empresarios quieren creer en un panorama estilo el bueno del doctor Jekyll.

En ese camino, el Gobierno logra acordar con los bonistas aceptando una propuesta de los bancos Barclays, Citi y Deustche, que incluye US$ 1.000 millones de dinero fresco para la Argentina.

Después vendría el acuerdo con el Fondo, lo que abriría las puertas a otro con el club de París.

Mientras tanto, con el freno a la salida de dólares, el dólar va para abajo.

El Banco Central compró ayer unos 80 millones para evitar una baja del precio de la divisa.

Y hasta Boudou se animó a pronosticar que el dólar cotizará a $3,95 durante la mayor parte del año que viene.

Sin duda, el dólar quieto provoca maravillas sobre el ánimo de los funcionarios y, también, en términos de efectos económicos. Pero también hay que saber que no dura para siempre.

Dentro de esta visión, el país puede aprovechar el viento de cola que viene de afuera.

También, podría potenciarlo con la descompresión que puede generar el dar vuelta el fuerte proceso de dolarización generado durante los últimos dos años.

Las condiciones financieras en el mundo mejoran, pero todavía la Argentina está lejos de ser confiable.

De hecho, a pesar de todas las mejoras, todavía sus bonos merecen más desconfianza que los de Venezuela o los de Ucrania.

Y aunque a esta altura debería haber más certezas, aún no se sabe si, puesto a decidir, elegirá el camino del prestigioso doctor Jekyll o el del oscuro y terrible mister Hyde.

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