Viento de cola, pie en el freno

Por: Jorge Fontevecchia.

Jim Rogers es, quizás, el más célebre inversor del mundo. En 1970 fundó junto a George Soros el fondo Quantum, el de mayor valorización de la historia del capitalismo.

Para la revista Veja, la cuarta newsmagazine del mundo, que lo entrevistó esta semana, "Rogers y Soros son a las inversiones lo que Francis Crick y James Watson, descubridores de la fórma de la molécula del ADN, son a la biología. Pero así como en el mundo de la ciencia todos coinciden sobre que el genio del dúo es Crick, en las finanzas todos saben que el genio es Rogers".

En 1998 Rogers volvió a potenciar su fama porque anticipó el inicio de la escalada de aumento de los precios de las materias primas. Actualmente mudó su empresa –Rogers Holdings– a Singapur, porque quiere seguir de cerca la evolución de las economías asiáticas, el motor de la futura economía mundial.

Ahora, aun en medio de la crisis mundial, dice que "los estancieros serán los verdaderos ricos de los próximos treita años, ellos serán los dueños de las Lamborghini del futuro" (paradójico hoy para los agricultores argentinos). "Los operadores de la Bolsa de Nueva York tendrán que buscarse un empleo de taxista. Los mejores conseguirán trabajo como tractoristas".

"La agricultura es la única área de la economía mundial cuyos fundamentos están mejorando realmente. Ella será el primer sector que comenzará a crecer no bien la crisis mundial acabe." "Las commodities en su conjunto son los únicos productos cuyos racionales no fueron puestos en duda durante la crisis", agrega Rogers, autor del best seller Commodities calientes: cómo cualquiera puede invertir en el mejor mercado mundial y profesor invitado de la escuela de graduados en Finanzas de la Universidad de Columbia.

Argentinísima. La perspectiva económica de Rogers se basa en una premisa simple: los habitantes crecen y la Tierra siempre es la misma. Los países que cuentan con un territorio más generoso en recursos naturales y más espacio por habitante serán las grandes potencias del futuro. Argentina, con sólo 40 millones de habitantes en un territorio de tres millones de kilómetros cuadrados, donde 70% es planicie (la mayor y más fértil del planeta), tiene capacidad de producir alimentos para una población diez veces mayor que la suya. La posibilidad de exportar nueve de cada diez unidades producidas junto con una demanda mundial creciente transforma a la Argentina en la Arabia Saudita del siglo XXI, donde el lugar del petróleo lo ocupan los cereales.

En su último libro, Rogers cuenta cómo se hizo billonario invirtiendo en oro, café, granos, cobre, maíz y algodón. Allí sostiene que "las commodities serán los vehículos de inversión de mayor rentabilidad en un período de 10 a 15 años en adelante" y expuso su índice de precios de commodities –el RICI (Rogers International Commodities Index)–, con el cual comprueba cómo son las inversiones más rentables.

Tras el receso que impuso la crisis mundial, otra vez los precios de las commodities están recuperando su valor. Todo indica que la Argentina volverá a tener viento de cola y se espera que sople aún más fuerte el año próximo. Estos mismos pronósticos llevan a Néstor Kirchner a buscar subir las retenciones a la soja del 35% al 45%, cuando con idéntico fundamento podría bajarlas porque un precio mayor de la tonelada de soja le permitiría al Estado recaudar lo mismo con un pocentaje de retenciones menor, incluso más porque aumentaría la producción, incentivada por una mayor rentabilidad.

Para Rogers, durante el siglo XX hubo tres largos períodos donde los precios de los productos básicos estuvieron altos: 1906-1923, 1933-1953, 1968-1982. Cada período duró, en promedio, 17 años. El último ciclo expansivo en los precios de las commodities se inició en 1999, por lo que se mantendrían los precios altos hasta alrededor de 2015. El rebote de los precios de varias commodities en medio de la crisis económica mundial parece confirmar que Argentina sólo se tomó un respiro de dos años para volver a crecer a tasas asiáticas. Otra vez gozaremos de viento de cola. Lástima que Kirchner pone el pie en el freno.

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