Se viene el sinceramiento en dólar, tarifas, deuda e Indec.

Luego de las elecciones legislativas y gane o pierda, el Gobierno deberá comenzar a tomar medidas para hacer frente a los problemas que se han ido acumulando durante los meses de campaña. Los analistas observan cuatro temas claves: el tipo de cambio, el precio de los servicios, el peligro de default en 2010 y los cuestionados indicadores. Y advierten que la confianza en Cristina cayó casi el 40%. La soja sigue siendo el motivo principal para el optimismo. Algunos economistas ortodoxos anticipan un ajuste brutal. Escriben el ex ministro Roberto Lavagna y Eduardo Curia.
Fogueados en los ciclos de alzas y bajas económicas del país, ya no son los economistas los únicos responsables al trazar los escenarios posibles para la segunda mitad de 2009.

Es la "percepción" de muchos ciudadanos, quienes consideran que a partir del lunes se vienen nuevas y decisivas vueltas al timón. Entre ellas una modificación del tipo de cambio para favorecer a la industria. Los únicos que rechazan esa posibilidad son los candidatos del oficialismo: para ellos no hay motivos para ninguna reforma porque así como vamos estamos bien.

En cuanto a los cambios, hay quienes quieren ver que se viene un ajuste ortodoxo, decidido y profundo. Otros aceptan que la cuestión sólo girará en torno al valor del dólar o a cambios presupuestarios. Todo ello en medio de un tono crispante en boca de los que se enfrentan en los comicios de mañana.

La realidad es disputada por extremos puntos de vista. Después de negar con insistencia las consecuencias de la crisis internacional, la Presidenta terminó afirmando que el 2009 sería el más complicado de las últimas décadas.

Cuatro meses después de aquel anuncio, Julio De Vido, ministro con poder en la administración K, señaló, aferrándose a las cifras que sigue lanzando el intervenido INDEC: "La Argentina no detiene su marcha. Este año volverá a crecer por séptimo año consecutivo". ¿¿De qué marcha están hablando??

Ocurre que los indicadores son claros cuando se refieren al derrumbe de la inversión y la fuga constante de capitales, la caída en las ventas de muchísimos sectores es lamentable, la deuda externa a saldar supera las posibilidades que tiene el país, las provincias se sienten acosadas por el déficit y hay reclamos constantes de la administración central, no hay crédito, se pierden puestos de trabajo.

Hay grupos empresariales que desean adoptar una postura más crítica contra el Gobierno.. Están inquietos por mayores intromisiones del Estado en los sectores privados y así lo han hecho saber representantes de la Unión Industrial en los Estados Unidos.

Los discursos electorales de Néstor Kirchner alimentaron esos fantasmas que no dejan dormir a muchos directivos. El titular del Partido Justicialista se aferró a la defensa de la intervención del Estado en la economía para diferenciarse de la oposición y, en especial, de Francisco de Narváez.

En un reciente discurso la Presidenta utilizó la tribuna en San Juan en ese mismo camino: "Aquellos que dicen que el Estado solamente debe ocuparse de la seguridad, la salud y la educación es porque quieren que otros intereses manejen la economía. Ya nos pasó a los argentinos durante década... Los que quieren volver para atrás son los que protagonizaron la década del noventa y obtuvieron rentabilidades como las privatizaciones".

Es paradójica la ausencia de memoria. Porque fue el matrimonio Kirchner un firme propulsor en 1995 de la privatización de YPF y de otros activos del Estado cuando eso beneficiaba a Santa Cruz en materia de compensaciones por regalías.

Pero, si como augura la oposición, se vienen los cambios, ¿de qué naturaleza serán? ¿Dependerá sólo si triunfa el Gobierno o si termina derrotado? Pero ¿acaso las elecciones legislativas son tan decisivas para configurar un nuevo mapa? ¿O quizá fue el Gobierno quien fijó la posibilidad de esas modificaciones cuando apostó, con los candidatos testimoniales y el adelanto del comicio, al todo o nada, como si se tratara de una batalla decisiva donde se juega su existencia o su perduración? Lo único que parece importar es que nadie, fuera del Gobierno, se anima a aportar un pronóstico certero sin leer primero los resultados de mañana.

Entonces, si nadie desea correr riesgos, ¿quién tiene la brújula que oriente ante los distintos escenarios que pueden presentarse? No se encontrará esa orientación exacta si se busca la opinión de los economistas argentinos, una de las profesiones más demandadas de los últimos tiempos.

Estos profesionales no forman parte de ningún bloque de visiones unívocas, contundentes y definitivas acerca del presente y del futuro en el país.

Por ejemplo, en el último mes han trascendido, a través de artículos y conferencias, los que opinan con optimismo y auguran un pronto final de la crisis internacional y nacional que, como se sabe, nacieron con muy graves presagios.

Los actuales optimistas antes eran escépticos, aunque no apocalípticos. De todas maneras, la mutación ha sido muy rápida y no terminan de explicar los motivos del cambio. Los pesimistas, por el contrario, prosiguen, y con argumentos, en sus posturas con diagnóstico oscuro.

Ricardo Delgado, director de Analytica, por ejemplo, señala que la administración de Cristina F. de Kirchner persiste en tener un "doble rostro económico". Por un lado ha logrado hacer creíble su estrategia de administrar el tipo de cambio, dejándolo deslizar suavemente por encima de 3,75, y eso impide un cuadro de tensión en los arreglos salariales y en todo el aparato productivo.

Y así como era cuestionable que el Banco Central no acompañara las devaluaciones regionales de los países vecinos en los comienzos de la crisis, ahora sus autoridades estarían haciendo lo que tienen que hacer. Es decir, no permitir que el peso se aprecie, como sí lo hacen el real brasileño y el peso chileno.

Por el otro lado, empero, el oficialismo –considera Delgado– no ha recuperado la agenda económica que se perdió a partir del conflicto con el campo, más los problemas estructurales signados por la inflación, el superávit fiscal, la deuda externa, los precios relativos y los desequilibrios regionales.

Otro dato para el balance optimista es que aparecen mejoras en los precios de las commodities. La soja, sin derrumbarse, estaría aliviando el corto plazo a partir de lo cual se promete más liquidación de divisas.

En el sector externo las exportaciones se desaceleran, pero más lo hacen las importaciones. Las perspectivas para la próxima cosecha son muy buenas según algunos entendidos y se aguarda una merma significativa de los costos para el productor en alquiler de campos y fertilizantes. Si bien se acepta que la pérdida del valor de la cosecha 2009 por la sequía y las malas decisiones del Gobierno llegó a 15 mil millones de dólares, se cree que en 2010 el campo puede producir 5 mil millones de dólares adicionales a los de este año.

La menor siembra en estos tiempos impacta del mismo modo al transporte de cargas, que puede llegar a perder 400 millones de dólares. Cálculos de Confederaciones Rurales: la merma total del campo equivale, entre otros elementos indispensables, a 43 mil cosechadoras, 140 mil tractores, 350 mil camionetas, 8.600 hospitales de alta complejidad y 430 mil viviendas.

Se entiende y es opinión mayoritaria que la presencia de representantes del campo en el Parlamento ayudará a comprender mejor las complejidades de la producción, a lo que se resiste con tozudez el actual Gobierno.

El economista Juan Llach muestra una lectura esperanzadora del futuro al calcular que la Argentina podría producir y exportar alimentos por millones de dólares más de lo que hace ahora. En estos días el 57 por ciento de las exportaciones locales son productos agroalimentarios, el 15 por ciento petróleo y de otro porcentaje semejante se ocupa la industria automotriz. De los 30 mil millones de dólares de envíos de manufacturas de origen agropecuario, la mitad proviene del complejo oleaginoso, donde impera la soja.

En el terreno del pesimismo hay más extensión y variedad de voces e interpretaciones. Hablando del campo, un trabajo del economista de la CEPAL Roberto Bisang considera que Argentina no tiene posibilidades de aportar ese crecimiento de producción rural, porque el negocio no alcanza a informarse lo suficiente como para modificar su producción de un año para el otro. Asegura que con precios que no son competitivos y ausencia de créditos es muy complicado modificar la matriz productiva de estos días. A lo que viene a sumarse otra traba ya histórica. Así, a partir de los 100 millones de toneladas de granos no tiene cómo canalizar su salida, teniendo en cuenta que no alcanzarían camiones, ni trenes, ni puertos ni rutas amplias para trasladar esa gigantesca carga.

Desconfianza, incertidumbre. En donde hay consenso de opiniones es que la desconfianza es la principal enemiga de la gestión del Gobierno, y mucho más si triunfa mañana . Se ha convertido en una de las más importantes variables a tener en cuenta cuando se mide el ritmo de la economía.

Investigaciones de la Universidad Di Tella, de la Fundación Mercado y de la Universidad de Tres de Febrero consideran que "la confianza" cayó casi un 40 por ciento en 16 meses de gestión de Cristina Fernández.

Ese descenso se correlaciona, estrechamente, con el bajón significativo de la producción y el consumo de los habitantes y con la fuga de capitales. Siguiendo datos oficiales, en el primer trimestre de este año alcanzó los 3.627 millones de dólares, aunque cálculos del economista Carlos Melconian entienden que la fuga superará los 15.000 millones de dólares a diciembre de 2009.

Si esa dolarización no se aquieta, se le restará liquidez a la economía, acrecentando la recesión, que ya pesa bastante.

No todo escapa tras países lejanos. Queda debajo del colchón o en las macetas. Engordó bastante el índice de colocaciones de argentinos ("no residentes") en la plaza financiera de Montevideo.

De octubre de 2007 a mayo de 2009 los depósitos de argentinos mostraron un alza de mil millones de dólares, y medidos esos movimientos desde mediados del año pasado el aumento superó los US$ 505 millones. En total los "no residentes" tienen guardados en el circuito uruguayo 2.636 millones de dólares.

Se recuerda que Néstor Kirchner gobernó entre 2002 y 2007 con un buen y sostenido nivel de confianza. Los indicadores hoy iluminan el rostro de miedo de los consumidores. Se postergan compras de automóviles, electrodomésticos e inmuebles, este último rubro con mermas considerables en las cotizaciones por metro cuadrado, en todos los barrios, incluyendo Puerto Madero.

La tendencia que muestran las consultoras es que la gente tiende a desendeudarse y el stock de pasivos se contrae. Pese a todo, la deuda por hogar sería de aproximadamente 9 mil pesos, que equivalen a varios meses de ingresos promedio.

El temor es que, como el crédito "en blanco" no aparece como quisieran muchos, pueda tomar importancia el "crédito informal" con un encarecimiento de las deudas por las altas tasas de interés.

En un reportaje, Roberto Frenkel, uno de los más destacados macroeconomistas del país, sostiene que "la incertidumbre que hay es por lo que hace el Gobierno, no por los datos económicos en sí".

Para agregar que "lo que nos aisló financieramente fue la locura que hizo el Gobierno con el INDEC. Eso, desde el punto de vista de los inversores financieros, fue un semidefault o un default. Se ‘truchó’ el indexador de la deuda de largo plazo en pesos. No sólo para el lado inversor sino también para la gente. A julio de 2007 ya empezó la salida de capital. Del día a la noche la situación financiera externa cambió.Y del lado fiscal. Y eso que lo que había que hacer estaba claro, estaba en las pautas ministeriales: el fondo anticíclico".

Gane o no gane el Gobierno tendrá que explicar en la segunda mitad de 2009 cómo hará para sortear la posibilidad de un default, por incumplimiento frente a los vencimientos de deuda, en 2010.

Federico Sturzenegger suma otro elemento a tener presente después de junio, y es el ajuste de las cuentas públicas por el excesivo incremento del gasto en los primeros seis meses pre-electorales de año. En el primer cuatrimestre de 2009 los ingresos fiscales se estiraron hacia arriba un 12 por ciento (comparado con igual período de 2008), pero el gasto público lo hizo un 28 por ciento. En obras públicas y en sueldos se muestran subas que superan el 30 por ciento.

Es de rigor que en el inmediato tiempo futuro se frenará el ritmo de la obra pública. La oposición que ganará más espacio en el Congreso exigirá más explicaciones y propondrá renovados cambios por el costado impositivo, buscando eliminar el impuesto al cheque y reducir las retenciones al agro, o quizá proponga paralizar la prórroga de la Ley de Emergencia Económica y limitar considerablemente los superpoderes con los que ha venido actuando el Gobierno, sin pudor.

Sin propuestas, sin grandes figuras estas elecciones brindan una perspectiva desoladora. Como balance para el proceso posterior a mañana se llega a la conclusión de que la "actividad kirchnerista", triunfe o pierda NK, perdurará sólo en el cordón suburbano pero no en el resto del país. Para el nuevo tiempo, donde NK no ha dado a conocer su agenda queda pendiente el gran debate sobre el "modelo de país y de gobierno" que buscan los argentinos. La opinión pública estaría pidiendo una manera de hacer política desde el poder menos autoritaria, con un estilo más apaciguado. Todos ponen énfasis en la legalidad y en la transparencia institucional. Aunque consiga gran cantidad de votos la oposición no termina de lograr una imagen sólida porque sus dirigentes viven en constantes fragmentaciones. El resultado de mañana demostrará, lamentablemente, que las soluciones económicas estructurales siguen siendo muy lejanas.

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