Viene a casa bien vestido.

BRASIL 2 - PARAGUAY 1: Brasil vendrá al Monumental después de ganarle a Paraguay y acomodarse en la punta de la tabla. Ojo...
Pocas cosas son más excitantes, más alegres, que bailar, cantando, bajo la lluvia. Mejor aún, de noche. Ya otras veces Brasil había sentido la lluvia, pero entonces había sido la lluvia de sus lágrimas, el agua de su fútbol inverosímil, su fútbol que justamente hacía agua, llorón. Recife vio bailar, final y nuevamente, a Brasil. La verdad, sin embargo, sea dicha: el equipo de Dunga certificó con lo suficiente una victoria justa, un partido que ganó por saber esperar, pensar. Justo cuando Argentina lo espera, caníbal, en el Monumental, Brasil derrocó a Paraguay (uno de los últimos 12 puntos) del liderazgo de las Eliminatorias. Y se pareció, encima, a Brasil.

Ambos actores leyeron el obvio libreto, lo dejaron arriba de una mesa y salieron a jugar. Salieron, autómatas, a hacer lo que todos esperaban que se hiciera: el visitante lo aguarda al local, siempre abroquelado, mientras que el local le busca los ladrillos flojos. Poca originalidad, seguro. Tanto a Brasil como a Paraguay les faltaba lo que agiganta a un actor: sentimiento, alma. Brasil iluminó la noche en un minuto con dos remates (Robinho y Kaká), pero era el fuego de una vela rápida, cortísima. Desde entonces hasta el 1-1 el local debió jugar el partido que quiso Paraguay: sin gambeta, sin desborde, con demasiados pases que añoraban ser finos, muy justos, pero morían siempre en las canilleras de Cáceres o Da Silva. Y Paraguay, ay Paraguay, qué sería de ti sin Cabañas. El 10 la aguantaba, molestaba, variaba un encuentro que sin él no hubiera sido el que fue en el primer tiempo. Dirá usted que los partidos tienen dos, claro, y eso fue lo que Brasil entendió. Paraguay jugó como Argentina: esperando, saliendo rápido y bien, hasta que llegó el segundo tiempo y con él, acaso, la realidad.

El equipo de Martino (suspendido, vio el 2-1 en un palco) sabe jugar a la cornisa. Pero estas cosas tiene esa táctica que no conoce el gris: te equivocás y te saluda el suelo. Un solo paso en falso dio Cáceres, y Nilmar se ubicó detrás de él. El pase de Melo, pinchándola, había sido suculento; el delantero la bajó de pecho, un rebote lo favoreció y su derechazo fue el 2-1, la justicia, la vuelta a la normalidad. Y entonces resaltaron, una vez más, los guiones: Brasil se divirtió, bailando, bajo la lluvia, con tantos espacios, y Paraguay entendió que su letra se cortaba en la mitad de la cancha. Líder, entonces, llega Brasil. Pase, pase nomás, le decimos, mientras la cámara enfoca el cuchillo que escondemos a nuestra espalda.

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