Ahí viene el campeón

VELEZ 3 - ARSENAL 1: Vélez salió al campo con el trofeo y le hizo honor: sufrió 15 minutos, pero luego ofreció una función de alto vuelo.
La primera imagen no es la que vale. El juicio prematuro habría condenado a Vélez bajo los cargos de descontrol en el mediocampo y ausencia de recursos ofensivos. El dominio de Arsenal resultó un suceso fugaz, que acabó en el primer cuarto de hora. En ese lapso los de Burruchaga hicieron los deberes con aplicación y conciencia: adoctrinados en la contención sobre los laterales, ahí donde Vélez suele fijar su plataforma de lanzamiento, en especial con Papa, volantes externos y laterales poblaron la zona, impidieron movimientos con libertad y cruzaron la pelota con la intención de hacer amplia la cancha. Sin contención en Somoza, la misión de restablecer el orden se concentraba en Zapata. Era una señal favorable...

Arsenal no sacó ventaja con los centros, ni en movimiento ni en los córners que acumuló por cantidad en ese cuarto de hora. El reclamo, legítimo, por el gol anulado por la indicación del línea Taddeo (inexcusable por la posición del primer línea, con campo visual sin obstáculos) puede generar reprobación, pero no confusión. Más allá de que Vélez debería haber remado desde la desventaja prematura, los modos que expuso para desequilibrar a su rival en los 65 minutos restantes, ricos en diversidad, permiten aventurar que el campeón podría haber asumido ese desafío lejos del trauma del 0-1.

Una vez que Zapata le hizo de sostén a Somoza, que Cubero paró a Pérez en sus excursiones y que Moralez hizo un ejercicio responsable de la libertad concedida por Gareca. Maxi crece con la compañía adecuada, ajeno a la obligación de estacionarse en una región específica y convencido de que destreza, en velocidad, es un arma dañina; por eso fue capaz de asistir y convertir. Con ellos, Vélez acomodó el desarrollo del juego al registro reciente.

Zapata representa otro ejemplo de sabiduría. Despojado de rollos con los plateístas, el Chapa es una joya escondida. Se sabe que puede rendir por la banda izquierda, por físico y pie, pero más resalta cuando le brilla el cerebro: la bastan pasitos para acertar la posición, ya como tapón, ya como cinco adelantado. Si una maniobra arranca con un hilván prolijo, difícil que la ropa no quede a medida. Y a Zapata jamás le tembló el pulso para la costura.

Arsenal, salvo en Campestrini y en Jara (va a todas y protege bien la bocha), se disolvió en su esfuerzo, frágil atrás y superficial por los extremos, sobre todo porque Yacuzzi y Galván no llegaron al fondo. Vélez tiene todo armado: plantel extenso en jerarquía, adaptabilidad a diferentes circunstancias (varió, sin complejos, del 4-4-2 al 4-3-3, casi sin usar los laterales para atacar) y la certeza de que no abundan los que puedan subir una apuesta idéntica.

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