El viejo reclamo del ministerio hecho realidad

El viejo reclamo del ministerio hecho realidad
El diputado Julián Domínguez estará al frente del organismo. Las entidades se mostraron conformes con la decisión.
La Secretaría de Agricultura volverá a ser un ministerio luego de veintiocho años. El jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, hizo el anuncio ayer al mediodía después de reunirse con la presidenta Cristina Fernández de Kirchner. "Lo que se está haciendo es jerarquizar una tarea que debe tener una expresión hacia afuera mucho más contundente", aseguró. El elegido para conducir la flamante dependencia es Julián Domínguez, actual vicepresidente de la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires, quien asumirá hoy por la tarde. Las entidades rurales que integran la Mesa de Enlace celebraron la decisión, aunque advirtieron que su principal aspiración es que la jerarquización del área se traduzca en un cambio de la política agropecuaria acorde con sus intereses.

A comienzos del siglo pasado, cuando Argentina era conocida como "el granero del mundo", el área de agricultura tenía rango ministerial. En 1958, durante la presidencia de Arturo Frondizi, pasó a ser una secretaría, jerarquía que mantuvo hasta la actualidad, salvo por dos breves interrupciones ocurridas durante gobiernos militares. La primera fue con Alejandro Agustín Lanusse, entre 1971 y 1973, y la última con Roberto Viola, en 1981. Ambas dictaduras fueron permeables al lobby de las entidades rurales y el ministerio fue la consagración de ese lugar privilegiado que se les asignó dentro del aparato estatal. De hecho, Viola designó entonces como ministro a Jorge Aguado, un empresario agropecuario de la Confederación de Asociaciones Rurales de La Pampa y Buenos Aires (Carbap). Ahora, en cambio, los dirigentes rurales mantienen un fuerte enfrentamiento con el Gobierno. Por lo tanto, no está claro hasta qué punto la jerarquización puede terminar siendo una concesión frente a las presiones sectoriales.

La designación de Julián Domínguez no expresa el desembarco de las entidades. El flamante ministro no es un hombre proveniente del sector, como lo era Javier de Urquiza. Ni siquiera es un experto en temas agropecuarios como el desplazado Carlos Cheppi. Su perfil es netamente político, lo que en principio da la pauta de que la intención es poner mejores negociadores para tratar de lograr un acercamiento con el sector, sin que eso implique entregar el manejo de la política agropecuaria.

Lo que faltaba confirmar ayer es quiénes integrarán las segundas y terceras líneas del organismo. Página/12 pudo averiguar que la intención oficial es que la nueva estructura cuente sólo con tres secretarías: Agricultura y ganadería, Desarrollo rural y agricultura familiar y Relaciones institucionales. La primera estaría encabezada por Lorenzo Basso, decano de la Facultad de Agronomía de la Universidad de Buenos Aires; la segunda por Carla Campos Bilbao, actual subsecretaria de Producción Agropecuaria y Forestal y esposa del intendente kirchnerista de Moreno, Andrés Arregui, y la tercera por Andrea García, actual intendenta de la localidad bonaerense de Florentino Ameguino y hermana de Patricio García, vicepresidente del Senado bonaerense. Quien pareciera haber quedado afuera de este reparto de cargos es el ex titular del Senasa, Bernardo Cané, quien en las últimas semanas aparecía como número puesto para ocupar una secretaría.

A nivel de subsecretarios es más difícil arriesgar nombres. Fuentes oficiales especulaban con que Carla Campos Bilbao mantendrá su equipo. Por lo tanto, el director de ganadería, Luciano Di Tella, podría lograr un ascenso. Para otra de las subsecretarías de esa área se mencionaba a Susana Márquez, una funcionaria de carrera dentro del organismo. Por el lado de Ba-sso, cobró fuerza la idea de que se rodearía de algunos técnicos provenientes de Aacrea. Además, tendría bajo su órbita a la Subsecretaría de Pesca, donde continuaría trabajando Norberto Yahuar.

Quienes abandonarían el ministerio son el subsecretario de Agroindustria y Mercados Agropecuarios, Rubén Patrouilleau, un hombre que había llegado de la mano de Cheppi, y el subsecretario de Desarrollo Rural y Agricultura Familiar, Guillermo Martini, quien había sido promovido a ese cargo por la ministra de Desarrollo Social, Alicia Kirchner.

La creación del Ministerio de Agricultura, Ganadería, Pesca y Alimentación, ese es su nombre completo, también supone una redefinición de la relación de fuerzas dentro del gabinete. Quienes salen más fortalecidos con esta jugada son los ministros Aníbal Fernández y Florencio Randazzo, porque Domínguez es un hombre cercano a ellos. La que más pierde es la ministra de la Producción, Débora Giorgi, que a partir de ahora queda reducida prácticamente a una secretaría de Industria.

Lo que todavía no se sabe es si este cambio impactará en el poder de Ricardo Echegaray. El titular de la AFIP controla la Oficina Nacional de Control Comercial Agropecuario (Oncca) a través de un hombre de su confianza. Aníbal Fernández dijo ayer que la Oncca dependerá del flamante ministro, pero recién en las próximas horas se sabrá hasta qué punto es así. De hecho, ahora venía dependiendo formalmente de la Secretaría de Agricultura, pero era un secreto a voces que Carlos Cheppi no tenía la menor incidencia en las decisiones de ese organismo. También es una incógnita cómo quedará posicionado el secretario de Comercio Interior, Guillermo Moreno, quien en los hechos venía teniendo más peso en la política agropecuaria que el propio secretario de Agricultura.

El titular de Federación Agraria, Eduardo Buzzi, se encargó ayer de remarcar que los cambios tendrán sentido si la Oncca y la regulación de las exportaciones dejan de estar bajo el control de Echegaray y Moreno. El sueño de los ruralistas es que el flamante ministerio responda a sus directivas y los represente ante el Gobierno. No pueden conceptualizar la idea de que sea al revés.

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