De Vido, Moreno y Echegaray, los recaudadores K

De Vido, Moreno y Echegaray, los recaudadores K
El manejo de la caja para la campaña quedó en manos de hombres que responden al ministro de Planificación. Quienes son y qué hacen.
Los recolectores de los aportes privados para la campaña electoral del oficialismo tienen rostros nuevos. No quedó ninguno de los hombres de Alberto Fernández que en 2007 se pusieron el frente del trabajo que derivó en una serie de escándalos por la financiación ilegal del proyecto político que llevó a Cristina Fernández de Kirchner al poder.

Ahora el que tomó el comando es el rival del ex jefe de Gabinete: Julio De Vido. Sus hombres son los que ahora controlan la caja y los que deberán evitar que su emprendimiento termine en un nuevo Valijagate o en otro Farmagate.

El subsecretario de Coordinación del Ministerio de Planificación, Roberto Baratta, se habría convertido en un prolijo recaudador de los fondos, una tarea que antes hacía el compañero de viaje de Antonini Wilson, Claudio Uberti. El director de la AFIP, Ricardo Echegaray, sería otro de los hombres del Gobierno que estaría golpeando la puerta de empresarios "para sumar dinero y facturas". También aporta a esta tarea el secretario José María Olazagasti, y hasta Guillermo Moreno presiona por su vínculo con empresas amigas. Ya no están más el ex superintendente de Servicios de Salud, Héctor Capaccioli, ni el tesorero Sebastián Gramajo. Son otros tiempos.

Colecta. Un reciente diálogo entre un funcionario de tercera línea del poderoso ministerio y un empresario de la construcción desnudó el nuevo circuito de recaudación para sostener la campaña de la fórmula Kirchner-Scioli.

El funcionario pide una "colaboración" para la realización de un acto en el que va a participar el ex presidente, pero el empresario se niega y reclama que primero se le pague una obra que tiene prácticamente frenada en la ciudad de La Plata. El hombre de la cartera que conduce De Vido pide disculpas por el retraso, promete que va a hacer las gestiones para destrabar la deuda y vuelve a pedir "el favor", esta vez en nombre de Baratta.

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