La vida de Zelaya y de quienes lo acompañan en la embajada de Brasil en Tegucigalpa

El depuesto presidente hondureño y las 60 personas que lo acompañan en la sede diplomática tienen un solo baño. La comida que reciben todos los días está baboseada por perros del Ejército, que tiene la orden del Gobierno de facto que revisar todo lo que hasta allí llegue
El derrocado presidente de Honduras, Manuel Zelaya, todavía se encuentra en la embajada de Brasil en Tegucigalpa, junto a otras 60 personas, donde la presión por parte del Gobierno de facto de Roberto Micheletti ha llegado a límites insospechados, dejando a los habitantes del lugar como si fueran prisioneros de una guerra civil que se ha desatado, aunque aún no tiene esa definición más que en la presa.

Los hombres y mujeres que acompañan a Zelaya viven en la sede diplomática con un solo baño, duermen en el piso y sobre cartones, no tienen heladera ni horno y deben alimentarse con comida que llega al lugar abierta y babeada por los perros del Ejército, que controla todo lo que llega hasta allí.

Sin embargo, eso no es todo. Los malos olores también invaden la embajada. Según explicó el presidente del Comité para la Defensa de los Derechos Humanos (Codeh), Andrés Pavón, "son los gases que tiró el ejército el día que Zelaya llegó a la embajada y que han caído a las cloacas".

"Nos tienen rodeados como si fuera un campo de concentración nazi. Tiran agentes químicos, cortan las llamadas con microondas", agregó Hugo Suazo, viceministro de Seguridad. De hecho, las tres calles que permiten llegar hasta la sede están cortadas por militares y vallas de cemento.

Tal es la presión del gobierno de facto que se ha denegado el permiso para ingresar frazadas, comida en lata y hasta remedios homeopáticos. El mecanismo para ingresar alimentos y ropa es siempre el mismo: un camión del Codeh llega hasta donde están los militares que custodian la embajada, la requisa de los mismos se demora y su ingreso tarda entre cuatro y ocho horas, publicó el diario Clarín.

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