La vida es Sabella.

COPA LIBERTADORES / ESTUDIANTES 3 - LIBERTAD 0: Estudiantes lapidario: no le tuvo piedad a un equipo de los bravos como es Libertad, y en la ida se despachó con un 3-0 que lo deja con una gran ventaja para la revancha. La Gata la rompió y Boselli anotó un doblete. Desde que llegó Sabella, el Pincha está invicto y goleando...
Alejandro Sabella reacomodó muchas cosas en Estudiantes. Pero lo más importante que hizo fue devolverle la memoria. La que había perdido, en el juego, antes del arribo del técnico, quien ya de movida les hizo entender a sus jugadores que jugar al fútbol es como andar en bicicleta: podés perder práctica pero no olvidarte. Y también le hizo recuperar la memoria del fuego, la que no había mostrado en la misma instancia de la Libertadores del 08, cuando Liga de Quito lo eliminó mostrando la estampa copera que, por mandato, era propiedad del espíritu Pincharrata. Ayer volvió un lema que les mete miedo a los rivales: "Esto es Estudiantes", y Libertad, equipo bravo si los había, lo sufrió. Como quería Sabella, jugó con mente fría y corazón caliente, y sacó una luz que lo deja husmeando los cuartos de final.

Equipo de arco a arco, Estudiantes se paseó en el primer tiempo y superó, por mucho, todo lo bueno que en juego ya había hecho con el cambio de DT. Recuperó valores de la vieja copa, la de atropellar al rival por fútbol, intensidad y actitud, y expuso atributos de la nueva Libertadores, como cerrar su arco para evitar el fatídico gol de visitante que tanto daño podía hacerle a un resultado con tres goles a favor. Y el responsable fue Andújar, salvador en las escasas veces que se lo convocó.

Estudiantes jugó, además, con el tiempo a favor, un valor enorme. Porque si ya golpeaste a los 28 segundos, resolviste buena parte de la cuestión. Ni medio minuto había pasado cuando la Gata Fernández (tras una exquisita asistencia del Chino Benítez) ya había puesto de rodillas a Libertad, en un primer tiempo memorable del rubio: visión, lucidez, filo, sensibilidad y cabeza. Sí: por todo lo que mostró, la Gata jugó a lo Verón. Una pena que haya debido salir, lesionado, en el entretiempo. No se puede esconder debajo de la alfombra la ayuda de que le dio terna arbitral brasileña, porque la jugada del penal (premio Oscar para Angeleri, que voló con sólo sentir el vientito de la pierna de Miguel Samudio) sepultó las aspiraciones paraguayas, por el 2-0 y por la expulsión del defensor guaraní. No necesitaba este Estudiantes semejante auxilio, porque sin la Gata, la Bruja se había puesto el chip que más le gusta, el que le permite manejar tiempo y distancias en el juego. Así le metió un centro-asistencia para el 3-0 de Boselli, que concretó en el complemento todo lo que había perdido en la primera etapa.

Juego y fuego son los elementos, en definitiva, que lleva Estudiantes en su histórica etiqueta, la del tricampeón de la Libertadores, la de los Animals que ganaron la Intercontinental, la que volvió a chapear en esta Copa. Falta mucho, pero este Pincha tiene paso y corazón de León copero. Porque Sabella, al fin, le devolvió a Estudiantes una palabra implícita en su pedigree: mística. Si la sigue respetando, a Libertad se le hará casi imposible revertir la historia.

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