Hay vida después de los K

Todos, en mayor o menor medida, se preparan para una etapa que se cree inexorable: la que seguirá (aun no se sabe cómo) a la breve y terminal hegemonía de los Kirchner. En Neuquén, la dialéctica emepenista hace lo mismo, pero no mostrará las cartas hasta después de junio.

En la gran ensalada nacional, con un peronismo que se prepara para el post-kirchnerismo, una UCR que resucita intentando capturar para sí la centro izquierda remanente, y un liberalismo comandado por Mauricio Macri que pretenderá consolidar su gestión en la Capital como plataforma para el 2011, Neuquén es apenas un ligero sabor, disimulado entre el aceite y el vinagre.

El contexto nacional de sabores fuertes influye y determina; y es posible que el día después del 28 de junio lo haga aun más, cuando la política comience a fijar el rumbo de la economía con el impulso que solo da la posibilidad de modificar un estatus quo asfixiante, bloqueante, anulador.

El MPN, que irá el domingo a unas internas un tanto insustanciales, ya que no disputan el poder partidario sino los aspectos marginales de ese poder, enfrenta en esta coyuntura la razón misma de su esquizofrenia congénita, que la gestión de Jorge Sapag ha exacerbado.

Los dos discursos –el del ahorro frente a la caída de recursos, y el del gasto para atemperar la conflictividad- no pueden durar para siempre como tales, pues confunden al electorado y los propios dirigentes. De hecho competirán entre sí cuando los referentes principales discutan la sucesión del poder pensando en el 2011, fase que vendrá tras la resolución que se encuentre al "consenso" por la conducción partidaria.

Es, sin duda, la realidad económica en donde se referencia la capacidad de gobernar. Los K no son los mismos entre otras cosas porque se esfumó el escenario internacional de "viento a favor" que los acompañó durante cuatro años y medio. Al MPN le pasa lo mismo, porque les pasa a todos: no es lo mismo gobernar con plata que sin ella.

Por eso, uno de los hemisferios cerebrales del partido provincial en el gobierno se ocupa de blanquear y explicitar todo lo posible la permanente caída de recursos. Lo hizo durante la última semana, en un informe muy claro, en donde se dan números oficiales ciertamente inquietantes, que permiten deducir fácilmente que la actual administración ha comenzado a sustentarse en los recursos extraordinarios, ya que los ordinarios no alcanzan.

Ante este evidente desfase, que provoca de hecho un alarmante déficit en las cuentas públicas, la línea que encabeza en el Gabinete el ministro Leandro Bertoya procura instalar la certeza de que los recursos extraordinarios se concentrarán en obra pública y fomento a la actividad productiva privada; y que mientras tanto el Estado deberá hacer el esfuerzo de achicar los gastos –en personal, sobre todo- implementando iniciativas como el congelamiento de vacantes, la jubilación anticipada, y otros resortes habituales ya en la Argentina durante épocas de vacas flacas.

El otro hemisferio cerebral, que como hemos explicado en notas anteriores parece funcionar con independencia, sigue apostando al incremento del gasto en salarios y subsidios laborales como mecanismo de contención social. Esta línea, que también se explicita bajo el concepto de "paz social", es encabezada por el ministro Jorge Tobares. Es la más cuestionada en los últimos tiempos, y de hecho ha sufrido la baja –hecho no menor- de Walter Jonsson, despido que derivó en el fortalecimiento circunstancial de un elemento neutro en el Gabinete, como es el ministro César Pérez.

El gobernador Sapag, en este juego dialéctico, reserva para sí –o por lo menos es lo que se evidencia- el rol de administrador de hemisferios cerebrales en disputa. Es algo así como la conciencia que une los rayos dispersos de la psicopatología gubernamental estatal, para intentar conducirlos hacia un mismo rumbo, el de la posibilidad de sanación.

La gran apuesta de la gestión, en este difícil escenario argentino, es el de la concreción de la represa Chihuido I. Es la obra que podría anunciarse con bombos y platillos en junio, antes de las elecciones. Es la obra que desvive al corazón mismo del poder, y no es para menos, dadas su importancia histórica y su relevancia como elemento transformador de la economía regional, a mediano y largo plazo.

El gobierno ha trabajado mucho en este tema, que descansa ya definitivamente en la financiación que podrá otorgar el Estado nacional, a través de los ya menguados fondos de ANSES. Según Elías Alberto Sapag, el hermano del gobernador y operador principal de la arquitectura política de este emprendimiento, la gente de Amado Boudou –con la venia de Julio de Vido, que es lo mismo que decir Néstor Kirchner- ha prometido garantizar no menos de 70 por ciento de los estimados mil millones de dólares que hacen falta.

Chihuido I depende, en este contexto, de mantener aceitadas y en funcionamiento las "buenas relaciones" con el gobierno de Cristina Fernández. De esto no hay ninguna duda, y no debe esperarse otra cosa.

En este contexto, el MPN seguirá alineado con los K todo lo que haga falta, aunque haya que tragarse algún sapo en el camino. Así lo hará, aunque prepare en la intimidad de su organismo de insaciable amplitud, una etapa post-kirchnerista, como el mismo peronismo está haciendo en el país.

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