La vida de Alegre: de un barrio pobre, al lujo y a la cárcel

La historia del intendente santiagueño preso por enriquecimiento ilícito; sus orígenes
SANTIAGO DEL ESTERO.- Cada nueva revelación sobre la escandalosa fortuna de Julio Alegre, el destituido intendente de esta ciudad, duele como un puñal entre los vecinos de la calle 7 de Almirante Brown, el barrio pobre de las afueras de la capital, donde vivía el dirigente antes de comenzar su carrera política.

"¡Qué desazón, Dios mío!", exclama Alba Avila, una mujer de unos 60 años, mientras extiende la palma de la mano derecha sobre el pecho, cierra los ojos e inclina la cabeza hacia atrás. Como el resto de los vecinos, está enojadísima con el ex intendente. "Parece mentira. El conocía la pobreza", reflexiona.

La casa en que Alegre vivía con su familia cuando se convirtió por primera vez en concejal, hace diez años, está abandonada y en venta. Es una vivienda de un solo piso, con techo de cemento a dos aguas, sin revestimiento, y rejas verdes oxidadas. En la calle de tierra, pequeñas matas de pasto se intercalan con montoncitos de basura, en los que se divisan botellas de plástico viejas, cáscaras de naranja y envases de yogur.

En la esquina, Alegre se tomaba el colectivo para ir a trabajar a la municipalidad. "Era un don nadie. Manejaba un remise y pedía puchos porque decía que no tenía un peso", recuerda Olga Sanna, una mujer que vive cerca de la ex casa de Alegre. "Cuando llegó a intendente, nos prometió que iba a asfaltar acá y nunca cumplió", agrega, ante la mirada de Avila, que enseguida acota: "No sacamos nada con que esté preso. Lo que pedimos es que devuelva todo lo que robó".

En 2000, luego de que lo nombraran presidente del Concejo Deliberante, Alegre dejó Almirante Brown y se instaló con su esposa y sus cuatro hijos en un departamento modesto del barrio El Palomar. Lo habían elegido concejal en 1999, luego de una larga militancia en la juventud radical: presidió el centro de estudiantes de la Universidad Católica de Santiago del Estero, donde no llegó a terminar la carrera de Derecho.

Tres años más tarde, la familia Alegre se trasladó a una casa ubicada en la esquina de Agustín Alvarez y Obispo Cortázar, también en el barrio El Palomar, donde aún viven su mujer y sus hijos. "La señora está descansando", responde a LA NACION una empleada que saca brillo a las baldosas que rodean la lujosa vivienda, de paredes de lajas, techo de tejas y grandes ventanales con persianas de madera.

Alegre llegó a la intendencia en febrero de 2005, luego de que Gerardo Zamora dejara el cargo para asumir como gobernador. Enseguida, adoptó un perfil alto que lo llevó incluso a almorzar con Mirtha Legrand. Todos los años organizaba festivales musicales, en los que llegó a cantar con la Mona Giménez.

En esos años adquirió una finca en El Zanjón, una zona de casaquintas en las afueras de esta ciudad, donde guardaba sus mejores secretos. En el allanamiento que hizo allí el juez Gustavo Herrera, se secuestraron máquinas para contar billetes, cajas fuertes de más de un metro y medio de alto, cuatriciclos, autos y camionetas, escrituras de casas de Punta del Este y comprobantes de gastos de paseos en limusina.

Tras los operativos de la Justicia, la casa permanece cerrada. Por encima de las lonas verdes colocadas en el alambrado que bordea la propiedad, se puede ver un sendero de pavimento articulado que conduce a una casa de dos pisos, de unos 20 metros de frente. En una esquina de la finca, hay una cancha de fútbol, con tres torres de iluminación de cada lado. En la otra, un establo con caballos, cabritos y gallinas.

Desde el lunes pasado, Alegre espera, en una celda del Cuerpo de Guardia de Infantería, que lo indaguen como sospechoso de un desfalco millonario.

"Hizo la plata con su cargo en el municipio"

* SANTIAGO DEL ESTERO (De un enviado especial).? Hace menos de dos meses, Marcelo Bustos era secretario de Obras Públicas de esta ciudad. En mayo lo desplazaron, al conocerse las irregularidades en el manejo de fondos del municipio. Hoy es uno de los principales testigos de la causa contra Julio Alegre, el intendente destituido. "Hasta las más mínimas decisiones pasaban por Alegre", afirma Bustos a La Nacion. "Lo que le parecía a todo el mundo era que la plata que hizo fue a partir de su cargo en el municipio", dice. Bustos cuenta que el cambio de vida del funcionario fue notorio: "Se veía que le gustaba viajar, le gustaba vestir bien, que llevaba una vida... holgada".

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