"La victoria ha tenido cierto sabor amargo"

Rosendo Fraga mesuró el resultado electoral del oficialismo; otros politólogos también realizaron el balance de lo que dejó el acto electoral
Una semana después de los comicios, ya no suenan la pirotecnia de los triunfadores ni los lamentos de los que no llegaron. Las plazas quedaron vacías y se barrió la serpentina de las calles. En cambio, se profundiza el trabajo en los escritorios de los encargados de realizar las lecturas que arrojaron los resultados de las elecciones.

Y es que toda votación, por contundente e inapelable que aparezca en un principio, siempre da lugar al análisis. Y siempre de ella puede extraerse material que no se muestra evidente ante el ojo no entrenado. En este sentido, vencedores y derrotados pueden realizar distintos balances a partir de un mismo acontecimiento. De este modo, si se tienen en cuenta determinados factores, un triunfo en las urnas no necesariamente implica una victoria política, y viceversa.

Este parecería ser el caso de los resultados comarcanos de la elección del domingo, según se desgrana del análisis que realiza el director del Centro de Estudios Unión para una Nueva Mayoría, Rosendo Fraga. "Cuando se espera obtener el 70% de los votos y se consigue 20 puntos menos, el triunfo aparece diluido. Si, en cambio, se espera el 20% y se logran 10 puntos más, aunque no se gane, el resultado parece una victoria. Esto es lo que parece haber sucedido en Tucumán, donde un claro triunfo oficialista estuvo por debajo de las expectativas y, en consecuencia, la victoria ha tenido cierto sabor amargo", dice el politólogo.

Alegrías y tristezas

Pero Talía y Melpómene (las famosas máscaras del teatro, que representan a las musas de la comedia y de la tragedia) bien podrían participar de las lecturas de café que realicen no sólo el oficialismo sino todas las fuerzas que tuvieron parte en la contienda.

Tanto el Frente para la Victoria (obtuvo dos escaños para el Senado y tres bancas de Diputados) como el Acuerdo Cívico y Social (ACS) (que se quedó con la tercera senaduría y con el cuarto diputado en juego) tienen motivos para sentirse alegres y tristes a la vez. El Gobierno, porque logró poco más del 50% de los votos pero mostró un retroceso respecto de anteriores votaciones. El ACS, porque si bien alcanzó el segundo lugar, quedó más cerca del tercero que de polarizar con el oficialismo futuras confrontaciones electorales.

Todo balance sirve en tanto y en cuanto se le anexan perspectivas, acciones a realizar para corregir el rumbo o para profundizarlo, según el corolario de la evaluación. La agrupación que desoiga esta premisa corre el riesgo de repetir los errores y de quedarse en aciertos que devengan anacrónicos.

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