Una victoria lograda con métodos de kamikaze

Por: Jorge Oviedo.

Dos cosas han quedado claras en medio de la enorme confusión creada en torno al Banco Central, sus reservas y la forma de destituir a su presidente. Una es que el kirchnerismo ha conseguido un control mucho mayor que el que ya tenía sobre la autoridad monetaria y sus manejos.

La otra es que si quiere disponer de las reservas, debe negociar con un grupo de legisladores más grande y exigente que los que hasta diciembre último, antes del cambio de composición del Congreso, le permitió sacar leyes a su gusto. La presidenta Cristina Kirchner pareció disponerse a gobernar por decreto de necesidad y urgencia y negarse a convocar a extraordinarias. Esa estrategia falló.

También queda claro que las reservas se usarán para financiar gasto público, pero será con el apoyo de la oposición y no en contra de ella. Muchos gobernadores quieren salir de la asfixia financiera, no sólo los Kirchner quieren seguir en el poder más allá de 2011.

La oposición hará valer su colaboración y evitará, en la medida de lo que le resulte posible, limitar el uso de las reservas, pero buscará que quede algo en las arcas para 2012, con la esperanza de poder contar con esos recursos si llegan a la Casa Rosada. Tarea difícil la de limitar al kirchnerismo, desesperado como está por fondos y que dispone de argucias para financiarse descapitalizando al Central. Sólo debe repetir algunos de los recursos de los últimos años. Pagar a los organismos multilaterales con reservas, hacer contabilidad creativa para que aparezcan ganancias que luego se transferirán al Tesoro son apenas dos ya antes utilizadas.

En estos aspectos y por un camino bastante más tortuoso que el que esperaban los Kirchner han logrado una victoria, quedándose finalmente sin intermediarios con el Central. Néstor Kirchner y Aníbal Fernández ya han lanzado sus gritos de guerra contra el próximo enemigo al que parece que atacarán pronto: la Corte Suprema.

El problema es que la victoria sobre el Banco Central puede ser una del estilo kamikaze si el matrimonio gobernante no procede con una cautela que hasta ahora no ha mostrado. Hasta ahora los mercados no han reaccionado mal y resulta conmovedor ver cómo funcionarios que hablan pestes del capitalismo, los mercados internacionales y los financistas, dicen que el Fondo del Bicentenario era buenísimo porque precisamente los mercados, según ellos, lo recibieron bien. Es una curiosidad descubrir que Diana Conti adhiere a la teoría de los mercados racionales a pesar de que considera monstruos a otros argentinos con iguales convicciones a ellos.

Pero un súbito cambio en la manera de evaluar los manejos monetarios podría restaurar la fuga de capitales que se registró durante más de dos años y que se llevó unos US$ 40.000 millones. ¿Cómo reaccionarían los Kirchner en ese caso? Redrado, al renunciar, sembró sospechas. Reveló que, como se sabía por trascendidos, a finales de 2008 una parte del Gobierno quería devaluar. El economista se adjudicó el mérito de haberlo evitado, pero sea por renuncia o remoción ya no estará.

El jefe de la Comisión Nacional de Valores, Alejandro Vanolli, es un oficialista que aceptó el cargo luego de que su antecesor, Eduardo Hecker, se alejara del cargo por una trifulca con Guillermo Moreno, su pareja y Ana Edwin, quienes se le presentaron para exigirle a los gritos que lanzara una embestida contra Papel Prensa.

Vanoli, mucho más alineado con la Casa Rosada, ha criticado a Redrado por no haber extremado el control de capitales en medio de la fuga. Es decir, le imputa no haber hecho más difícil que quienes lo deseaban pudieran comprar dólares. El propio Redrado, críptico pero admonitorio, dijo que mientras estuvo en su cargo se mantuvo la libertad del mercado cambiario. Cerca del Gobierno están, por ejemplo, los especialistas del Plan Fénix, que aconsejan un control total del mercado de cambios, al estilo de lo que hizo Malasia durante la crisis asiática de 1997. Sería para la Argentina volver al pasado, con un más que probable retorno a los mercados negros.

Pero no es el único retorno al pasado que se propone. En el Gobierno hay planes para reformar la Carta Orgánica del Banco Central, para poder usar las reservas para dar crédito de fomento, por ejemplo. Un proyecto lo hizo la presidenta del Banco Nación, Mercedes Marcó del Pont. Y también una reforma de la ley de entidades financieras, diseñada por Carlos Heller, que podría derivar en la nacionalización lisa y llana del sistema bancario.

El problema es que no sólo sería volver al pasado, también esa clase de manejos parecen incompatibles con un canje exitoso y un retorno a los mercados voluntarios. El Gobierno congeló los dos proyectos, que navegaban viento en popa, en cuanto el ministro Amado Boudou logró convencer al matrimonio Kirchner que con el canje era posible volver a financiarse en los muy líquidos mercados internacionales a tasas muy convenientes. Para un país con déficit financiero es más que tentador.

El viceministro de Economía, Roberto Feletti, por ejemplo, quiere hacer fondos de inversión con las reservas, al estilo de China y algunos estados árabes. El pequeño detalle es que esos países en muchos casos no tienen déficit y, más importante, no están en default.

Otro punto no menor que no se menciona es que, a diferencia de la Argentina, donde el superávit comercial es privado, en esos países algunos de esos fondos se forman con los dólares que ganan en el exterior exitosas empresas con participación estatal. Por ejemplo, el estado de Bahrein es propietario del 30% del capital del grupo inglés McLaren, conocido internacionalmente por su equipo de Fórmula 1, y tiene un conjunto de empresas de alta tecnología. En cambio, en la Argentina las empresas estatales, como Aerolíneas, suelen ser fuente de importantísimos déficits y una carga para el Tesoro y los contribuyentes.

Algunas de las otras alternativas en danza son colocarle una letra del Tesoro en pesos a los bancos locales y con los fondos recaudados comprarle a las reservas del Central los dólares para pagar la deuda. Es posible. La banca pública no tendrá más remedio, aunque cada vez es más difícil encontrar liquidez ociosa. Los privados podrían aceptar con gran disgusto y los extranjeros se resisitirán todo lo que puedan.

Otras alternativas son todavía más peligrosas, como capturar parte de los depósitos en dólares que no pueden prestarse a quienes no tienen ingresos en moneda extranjera. Una letra del Banco Central o un encaje remunerado se han mencionado como posibilidades. Pero la contrapartida puede ser una enorme desconfianza en el sistema financiero.

Para los Kirchner y sus planes los límites pueden venir de una violenta fuga de capitales o de un embargo al Central por parte de los holdouts por el uso de las reservas. Si el público comienza a desprenderse de los pesos a gran velocidad porque cree que perderán su valor por devaluación o inflación, entonces las cosas serán más difíciles.

¿Pero por qué razón tiene déficit fiscal la Argentina, que tiene la presión fiscal más alta de la historia, que siguió aumentando los impuestos en medio de una recesión y cuyo gobierno se ha apropiado de sumas multimillonarias de ahorro privado? El nivel de gasto público es el más alto de la historia, pero su eficiencia deja mucho que desear. En cuestiones sociales, pero también en infraestructura, que es justamente donde también se promete aplicar las reservas. En esa área el Gobierno saca sus peores notas en materia de transparencia, con sobreprecios escandalosos, como en el caso Skanska. El precio de capturar el Banco Central puede ser la pérdida definitiva de la confianza.

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