Una victoria importante en el umbral del tsunami económico

Una victoria importante en el umbral del tsunami económico
Por: Oscar Raúl Cardoso

Chávez logró la reelección indefinida antes que la economía le cause más complicaciones.

Hugo Chávez se ha convertido en este febrero con una década en el poder no solo en el jefe de Estado más antiguo en ejercicio en América, sino que se ha hecho fuerte políticamente con una propuesta que había sido rechazada de modo claro en diciembre del 2007 en las mismas urnas: la reelección sin límites.

Ahora bien, es interesante considerar dónde ha ganado esa fortaleza, con un envidiable 54 por ciento de los votos emitidos en el referendo.

Parece haberlo hecho en el límite mismo del precipicio político que podría darse si la crisis económica global sigue golpeando a Venezuela, especialmente en el valor del crudo, su principal producto de exportación y de fondeo de sus proyectos.

Hace una década Chávez encontró el costo del petróleo a unos 40 dólares el barril que luego se disparó a más de 100 dólares la unidad, una meta de ingreso que ningún país productor parece capaz de volver a alcanzar en el contexto de deflación y reducción de la actividad económica global. Ayer ese indicador había llegado a U$S 37,20 por barril.

Aun así, el triunfo en las urnas del país no es poca cosa para el presidente Chávez quien, en la votación del domingo, revalidó su legitimidad empleando la misma herramienta que repitió quince veces a lo largo de toda su década en el poder: elecciones esencialmente libres.

Ninguna voz importante acusó de fraudulento el resultado de modo específico, aunque sí está claro que la oposición supo que estaba enfrentando a todo el Estado en esta puja.

Hubo algún momento en los dos meses pasados en que esos opositores creyeron que estaban a un tris de herir de muerte al proyecto chavista, quizá como eco de la derrota electoral que le impusieron al Presidente en diciembre del 2007.

Chávez desarticuló la intención esta vez con una combinación de carisma popular que se niega a desvanecerse, un contento social con su proyecto particularmente en los sectores más golpeados de la sociedad, el empleo a fondo de los recursos del estado y una cooptación de la ambición opositora (gobernadores y alcaldes a quienes concedió la misma posibilidad de reelección que buscaba para sí).

El venezolano quedó también en las puertas de un frente externo que -por el reciente cambio presidencial en Washington con la llegada de Barack Obama y el estallido de la crisis global- podría abrirle la puerta a una etapa de mejor entendimiento con el Norte que, sin embargo, requerirá de la diplomacia más fina, un estilo al que Chávez no parece inclinado.

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