El rol del vicepresidente y la tensión política

Por Rosendo Fraga

En los últimos días, dentro del oficialismo ha surgido preocupación por el rol que podría tener el vicepresidente de la Nación, Julio Cobos, en el tratamiento de la ley de medios en el Senado, que ya tiene media sanción de la Cámara de Diputados.

No se trata de que vuelva a desempatar en contra del oficialismo, como sucediera el 17 de julio del año pasado con el tratamiento de la resolución 125.

Nunca en la historia sucedió que la Cámara quedara empatada entre la totalidad de sus miembros presentes y que entonces al vicepresidente le tocara desempatar.

Fue un azar excepcional que muy difícilmente vuelva a repetirse.

Pero el rol del vicepresidente como titular del Senado sí tiene incidencia en el tratamiento de la ley.

Quizás por esta razón, el viernes de la semana pasada el jefe de Gabinete, Aníbal Fernández, públicamente le pidió que diera un paso al costado, una forma bastante directa de pedirle la renuncia.

Cobos lleva ya catorce meses enfrentando este tipo de planteos e insinuaciones y ha demostrado coherencia y firmeza al rechazarlos.

Más de una vez dijo públicamente que si querían que deje el cargo iban a tener que hacerle juicio político, que es el procedimiento establecido por la Constitución Nacional para destituir y desplazar tanto al presidente como al vicepresidente.

Para hacerlo hace falta una acusación fundada, la que debe ser resuelta por ambas cámaras, y para poder destituir a cualquiera de los dos integrantes del binomio presidencial se requiere la mayoría especial de dos tercios.

Es claro que el oficialismo aunque mantenga la mayoría simple en Diputados, como lo acaba de demostrar, y eventualmente lo puede hacer en el Senado, dista de tener los dos tercios necesarios para votar la destitución.

Desde el punto de vista histórico, nunca en más de un siglo y medio desde que fuera sancionada la Constitución Nacional de 1853 se sustanció un juicio político contra el vicepresidente y no parece fácil que se lo haga ahora.

El rol que puede adoptar Cobos se ha hecho evidente el mismo día de la media sanción de la ley de medios en Diputados, cuando en el plan de labor parlamentaria para el tratamiento en el Senado dispuso enviarla a cinco comisiones, cuando el oficialismo pretende mandarla sólo a dos.

La diferencia es clara: si se envía a sólo dos, es posible el llamado tratamiento exprés por el cual, trabajando rápidamente y sin mayor debate, análisis y discusión, el proyecto de ley de medios podría tener sanción definitiva en la primera quincena de octubre. Si en cambio se envía a cinco, como ha propuesto el vicepresidente en forma coherente con sus manifestaciones anteriores de que la ley necesita tiempo para ser estudiada, el tratamiento de dilata más. El 10 de diciembre entra en funciones el nuevo Congreso, en el cual la mayoría oficialista dejaría de funcionar.

Más que los números para la votación, en los que el oficialismo tendría por ahora una leve mayoría, lo que se discutirá es el tratamiento en cuanto a sus tiempos: el oficialismo pretende una rápida sanción definitiva con la composición actual del Congreso y la oposición busca dilatarla hasta que entren en funciones los nuevos legisladores.

La cuestión es que nuevamente la Presidenta y el vicepresidente se encuentran en posiciones enfrentadas en un tema crucial.

El viaje presidencial. Sobre esta situación, el viaje de Cristina Kirchner al exterior por una semana hace que Cobos asuma la presidencia y en consecuencia no pueda presidir el Senado en un momento decisivo o crítico. En este caso, el senador justicialista José Pampuro es quien lo reemplazaría y éste está claramente alineado con el oficialismo.

Si el proyecto entra en el Senado una vez que Cobos esté en el ejercicio de la Presidencia de la Nación, Pampuro podría reducir la cantidad de comisiones que lo traten.

Si bien el juicio político no está entre las posibilidades del oficialismo, sí lo está el viaje de la Presidenta y ello es el recurso táctico que seguramente va a utilizar para impedir que Cobos influya en el tratamiento de la ley.

Pero más allá de las cuestiones institucionales y de la importancia que tendrá el cumplimiento del reglamento de la Cámara de Senadores (como lo demostró la controversia que se desató en Diputados, al considerar la oposición nula la sesión que dio media sanción a la ley de medios por haber sido violado el reglamento) hay una realidad política: las encuestas muestran en forma coincidente que Cobos es el político con mejor imagen y el que tiene más intención de voto para las elecciones presidenciales del 2011. En este marco, cuanto más critique el oficialismo a Cobos, más crece en la opinión pública, al aparecer como el límite posible al hiperpresidencialismo del matrimonio Kirchner.

Su convocatoria a la búsqueda de un consenso nacional en momentos de fuerte tensión política es la diferencia más relevante que plantea con el kirchnerismo y seguramente la ha hecho pública para dejar sentada su posición antes que desde la presidencia se aleje de las funciones que tiene en el Senado.

En conclusión, las circunstancias vuelven a encontrar a la Presidenta y al vicepresidente en posiciones diferentes en un proyecto crucial, aunque hasta ahora donde esta diferencia se plantea es una discusión de procedimiento del llamado derecho parlamentario.

El autor es director del Centro de Estudios Unión para la Nueva Mayoría

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