"El vicepresidente no debe ser considerado un súbdito"

"El vicepresidente no debe ser considerado un súbdito"
Nelson Castro dice que debe haber un replanteo de la institución
Sarmiento le pidió a Alsina que se limitara a "tocar la campanilla del Senado". Frondizi asumió la presidencia con su amigo Alejandro Gómez como vice: poco después no quiso verlo nunca más. Scioli asegura que Kirchner "aprendió a escuchar" sus silencios".

La historia de los vicepresidentes en nuestro país tiene aristas increíbles y Nelson Castro lo hace explícito en su libro La sorprendente historia de los vicepresidentes argentinos (Vergara), donde combina la historia y la investigación periodística para dar cuenta de las relaciones traumáticas que se dan en el poder.

"La historia demuestra que debe haber un replanteo de la institución", afirmó Castro, en una entrevista con LA NACION. El autor, miembro de la Academia Nacional de Periodismo, compartió ayer un encuentro con los dos últimos vicepresidentes, Daniel Scioli y Julio Cobos, en el ciclo de TV Almorzando con Mirtha Legrand .

En el diálogo con el diario revalorizó la figura del vicepresidente como "un hombre que está en la sombra, pero al que la circunstancia lo puede poner en un primer plano".

-¿El libro nace a partir de la negativa de Julio Cobos de apoyar la famosa resolución 125?

-Era una idea que teníamos desde hace algunos años, incluso desde antes de Enfermos de poder (2005). El tema de los vicepresidentes me rondaba desde la renuncia de Chacho Alvarez. Avanzábamos muy despacio hasta que, por supuesto, cuando apareció lo de Cobos, despertó el interés de repente. Durante la discusión por la resolución 125, muchos legisladores no tenían una idea clara del rol del vicepresidente. Ahí decidimos empezar a escribir la historia y nació el libro, que fue una sorpresa también para nosotros.

-¿Cómo fue la investigación?

-Tratamos de buscar una reconstrucción histórica, lo que hizo la búsqueda más compleja, porque queríamos contar cosas documentadas. Por eso hay mucha reproducción. Quisimos contextualizar los hechos y evitar subjetividades. La riqueza iba a estar en la redacción periodística de los hechos, y eso hizo las cosas más difíciles, porque, como ya sabemos, la preservación de documentos en la Argentina es defectuosa. Por eso fue tan importante el trabajo de Susana Taurozzi, de Rogelio García Lupo y de Guido Baistrocchi.

-Hay miradas contrapuestas del mismo hecho, y eso enriquece el libro. Hay una cierta neutralidad en la narración.

-Queríamos que los que hablaran de esas diferencias fuesen los protagonistas. Es el enfoque con el cual yo quiero llegar allí, para que el libro tenga un valor referencial. Trabajamos a partir de la frase de que el periodismo es la primera crónica de la historia. Por eso queríamos tener el chequeo absoluto de lo que había y eso en el país es muy difícil. Fue una tarea apasionante, siete meses de trabajo muy intenso.

-¿Qué lecciones dejó la investigación?

-Aprendí muchas historias y confirmé que la situación conflictiva entre el presidente y el vicepresidente, que hoy está en boga, no es algo novedoso en la Argentina. Y tuve un aprendizaje de conclusión, que hablamos con Julio Cobos y Daniel Scioli, y coincidíamos con Magdalena Ruiz Guiñazú y Joaquín Morales Solá en la presentación del libro: si no hay un nuevo enfoque del rol del vice, si no hay una integración mayor en la tarea de gobernar, si el presidente no cambia esta idea de que el vice está lejos, incluso en un edificio lejano, los conflictos van a aparecer, tarde o temprano.

-¿Por qué casi siempre el presidente y el vice terminan -y muchas veces empiezan- con una pésima relación?

-Parece que cuando se llega al poder el Presidente dice: "Ahora tenés que obedecer". Y eso es algo que, indefectiblemente, va a generar conflicto. Esa es una enseñanza muy fuerte para la dirigencia política que nos deja la historia.

-Históricamente, el vicepresidente está instalado como una figura decorativa.

-Totalmente. Aun cuando en la campaña hay toda una presión para que sea fulano, porque aporta tal riqueza o tal valor.

-Un caso llamativo fue el de Elpidio González, que terminó prácticamente en la calle.

-Es un caso conmovedor. Un ejemplo de austeridad extraordinario. Un caso prácticamente único.

-¿Qué curiosidades encontró?

-Hay hechos increíbles. Por ejemplo, los vicepresidentes de facto, que es algo oculto para la historia. Ya es un disparate, por supuesto, la ilegalidad del golpe de Estado, pero además el vice tiene dos funciones, reemplazar al presidente y presidir el Senado ¡cuando no había Senado! Por eso lo de "sorprendente" en el título.

-¿Tiene solución esta relación traumática que se da históricamente entre el presidente y el vicepresidente?

-Si no hay un enfoque diferente de la concepción del ejercicio del poder entre uno y otro, no. El hecho de que el presidente llega al poder y cree que es sólo por él y que el otro es un súbdito va a generar conflicto siempre. Por eso citamos al comienzo del libro la frase que se utilizó en la campaña de Estados Unidos. ¿Para qué debe estar preparado un vicepresidente?: para ser presidente. Es imprescindible que se lo tenga en cuenta. Esto mejorará cuando el presidente lo considere un hombre de consulta. Es entendible que haya diferencias; el hecho es que el presidente cree que si acepta alguna sugerencia del vice está cediendo terreno. Es parte de la psicología del poder que debería cambiar.

-¿Qué pretende con el libro?

-Aspiro a que pueda ser un elemento de conocimiento de la historia y, a partir de ahí, de reflexión de la dirigencia política. La historia demuestra que debe haber un replanteo de la institución. Otra cosa que muestra el libro es que nuestra historia es poco y mal conocida. Nos la enseñaron mal en la escuela.

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