VICENTE LOPEZ | Del conflicto encapsulado global, al más grave conflicto local: la seguridad.

Las ventajas de anticipar conflictos políticos, sociales y económicos son evidentes, y es por ello que se han desarrollado distintas teorías al respecto a lo largo de los siglos.
Uno de los enfoques de análisis en este sentido que se utiliza a nivel mundial, y que hubieran permitido anticipar conflictos como por ejemplo el de Somalia, o el de Darfur (Sur del Sudán), por citar sólo algunos de los más recientes, es el que utiliza dos variables, una de origen Maltusiano y otra de raíz Hobbesiana.

De Thomas Malthus (1766-1834), tomaremos dos cuestiones: concentración de población en un área geográfica dada y capacidad de producir alimentos; de Thomas Hobbes (1588-1679), consideraremos la tesis básica de su “Leviatán” que consiste en que los hombres crean el Estado con monopolio de la fuerza para protegerse de la violencia de otros hombres.

Todos los conflictos localizados antes mencionados cumplen con estas dos cuestiones, por un lado, alta concentración de población con bajísima capacidad de producción de alimentos, o grave falta de los mismos y otras necesidades básicas insatisfechas, y por el otro, la presencia de “señores de la guerra” que ejercen la coerción sobre la sociedad apuntándola con un fusil y que reemplazan a un Estado ausente que debería administrar la fuerza con la ley en la mano.

Con estas variables de análisis ¿que podríamos deducir de nuestra realidad latinoamericana en general y Argentina en particular?

Desde hace años, existen por ejemplo en Brasil, “Estados dentro del Estado” en las favelas de Río de Janeiro y San Pablo, en dónde el narcotráfico hace flamear sus estandartes en abierto desafío al Estado constituido, inclusive mostrando puntualmente cierta “capacidad militar”. En Venezuela, los “grupos de choque” chavistas reinan armados en los barrios marginales, creando verdaderas “zonas liberadas” de la autoridad del Estado y la Justicia, acosando a cualquier persona que no comulgue con la mayoría gobernante circunstancial. Los últimos sucesos en México relacionados con el narcotráfico nos eximen de mayores comentarios.

En la Argentina, todavía estamos a tiempo de evitar males mayores a los que ya tenemos, por ejemplo en el Gran Buenos Aires, con una clara política que se base en recuperar el control del Estado sobre importantes zonas de barrios carenciados. Por un lado, vía una verdadera política de asistencia social y educación ajena al clientelismo y la prebenda que llegue realmente a los que la necesitan, reduciendo los niveles de conflictividad social y, por el otro, atacando claramente al narcotráfico, desarmaderos, etc, con la política, la justicia y la policía mirando para el lado que tienen que mirar sin hacerse los distraídos.

Si continuamos con la total falta de control sobre las bandas criminales enquistadas en las fuerzas de seguridad, con vinculaciones con el poder político y la justicia, seguiremos fomentando el estado de indefensión de la ciudadanía y la degradación de generaciones enteras de argentinos, algunas ya irremisiblemente perdidas en las drogas y el crimen organizado, cosa que retroalimenta a las mafias que destruyen la escala de valores de toda una sociedad.

En suma Estado presente e involucrado en la resolución del tema de la inseguridad, ejerciendo su irrenunciable derecho al monopolio de la seguridad, eficaz, eficiente y ajustado a derecho, que garantice el Orden Republicano.

De lo contrario, las “zonas liberadas” prevalecerán institucionalizadas y serán otra moneda corriente más del deterioro de la República Argentina.

Por Lic. Luis Parodi Concejal Unión por Todos Coalición Cívica Vicente López

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