Viajes a la ruina

Ciento dieciséis personas resultaron damnificadas por una agencia de viajes que prometía pasajes a precios promocionales, a cambio de su pago al contado. Los viajes jamás se realizaban, pero el responsable goza aún de libertad, y de un acuerdo de juicio abreviado con pedido mínimo de condena. ¿Le damos, además, un premio?
Sucedió en esta ciudad, durante el período que va desde abril de 2007 hasta mayo de 2009. Muchos recordarán haber visto avisos publicitarios que ofrecían la tentación de un viaje soñado, que se hacía realidad a precios mínimos o en tarifas de 2x1, como si fuesen tarros de café de un supermercado. Cuando las víctimas potenciales acudían a la firma Ona Viajes, de Gascón al 3095 o Avellaneda 1337, se les informaba que, para obtener tales descuentos, era necesario pagar el viaje al contado en el acto de la reserva, por anticipado y en efectivo. De esta manera, el titular de la agencia en cuestión, Carlos Enrique Nievas, efectivamente estafó a las 116 personas denunciantes, ya que las reservas de vuelo con diversos destinos, el Caribe o Europa fundamentalmente, no existían. Cuando los clientes comenzaron a desesperarse porque sus vouchers nunca llegaban, se comunicaron directamente con las correspondientes líneas aéreas, y lo verificaron.

La investigación judicial demostró la naturaleza intencional de la estafa, es decir que Nievas jamás esperó cumplir con los compromisos que había asumido. La Dirección Nacional de Turismo no tenía información de que para ese año Ona Viajes fuera a realizar el plan de viajes que efectivamente ofrecía. Ni siquiera se registró allí la necesaria baja de actividades de la agencia con los tres meses de preaviso. Simplemente, cuando el dueño se vio apretado por los reclamos de los pasajeros, cerró sus oficinas y se fugó.

La Asociación de Agencias de Viajes del Sudeste Argentino, que debe garantizar el control de tales comercios, indicó que si bien Nievas estuvo afiliado en el 2004, había sido dado de baja por falta de pago de la cuota social. La licencia otorgada para funcionar como Ona Viajes había sido retirada en mayo de 2008 -fecha en que se cometieron varios de los ilícitos- por falta de estructura funcional: no había actualizado su domicilio, ni las condiciones de operatividad de sus locales, generando una situación de incertidumbre frente a los usuarios. La empresa proveedora de pasajes a Ona Viajes, Aero Península S.A, afirmó que esa firma de turismo no gozaba de ningún plan de financiación que sostuviera su oferta especial. Todo lo expuesto tiende a demostrar el carácter doloso de la operatoria, es decir que Nievas jamás pensó en cumplir, y que se trata, en efecto, de un ardid.

La trampa

Técnicamente se llama estafa a obtener un provecho injusto mediante un engaño que induce a la víctima a cometer un error: prestar voluntariamente su patrimonio en beneficio del autor de aquel engaño. La estafa comienza con el despliegue de un ardid que generará un perjuicio: la trampa. En este caso, el fiscal menciona el delito de estafa reiterada, ya que son más de cien los casos en los que ardid del acusado y error en que cae la víctima pueden verificarse. El perjuicio patrimonial resultante asciende a $574.000. De aquí se demuestra lo lejos que está la operatoria de un mero incumplimiento contractual, hecho que podría considerarse involuntario, fruto de la negligencia o la incapacidad.

En abril del presente año, como resultado de la investigación, el fiscal actuante Pablo Martín Poggetto y el abogado defensor Osvaldo Verdi acordaron la realización de un juicio abreviado. Por las 116 estafas en concurso real, el fiscal solicita únicamente la pena de dos años y ocho meses de prisión de ejecución condicional, más una probation breve.

Inadmisible. Martín Ferra, abogado de una de las víctimas, Beatriz Azucena Rondinara, se presentó solicitando la recalificación legal, ya que considera que semejante concurso legal no puede dar lugar sino a la consideración expresa de la estafa piramidal, fenómeno en el cual los damnificados y el daño al patrimonio se multiplican de manera vertiginosa, toda vez que el acusado, desde la punta de la pirámide, obtiene un beneficio de todos.

Ferra denunciaba, además, que el acusado Nievas no había cumplido con los requerimientos de su situación procesal, ya que se ausentaba de su domicilio fijado, por lo cual solicita revocar aquella eximición de prisión. Reclama su detención inmediata, así como la prohibición de la salida del país, y la inhibición general de bienes, ya que todavía no se había hablado de la reparación económica.

El abogado amplía el concepto de la estafa piramidal, indicando que la figura resulta especialmente gráfica para demostrar la forma en que las múltiples estafas se cometen a partir de una actividad legalmente habilitada: en la cima se encuentra el autor de los hechos, que siempre es titular de una empresa financiera, con actividad económica de gran fluido de dinero. En la base de la pirámide se van acumulando los damnificados, extendiéndola a lo ancho y a lo alto. Una vez que no hay más excusas posibles para la dilación de su cumplimiento, el autor decide fugarse con el capital.

Los autores de estas estafas, luego de desvalijar a cientos o miles de clientes que captaron con espectaculares campañas publicitarias, llenas de ofertas que se usan como anzuelos, se retiran de la ciudad y se radican en otra distante, para comenzar de nuevo. Ya hay denuncias de que Nievas se encontraría en la actualidad operando al amparo de una agencia de viajes de La Plata, y de otra en Mar del Plata.

Cuestión de seriedad

En su entrevista en la 99.9, Ferra citó la simetría que encuentra entre este caso y la estafa realizada por el financista neoyorquino Bernard Madoff, el fraude financiero más grande de la historia de los Estados Unidos, ocurrido en 1987. Fue cercano a los dos billones de dólares, y se centró en la utilización de fondos de inversiones libres.

Madoff había despertado una gran credibilidad entre sus inversores utilizando estratagemas, y generó así una pirámide formada por otras pirámides de inversión, que se fueron acoplando a medida que avanzaba la maniobra. Similar fue la operación del banquero estadounidense Robert Allen Stanford, con más de 30.000 clientes en 131 países, que prometía intereses más altos que las tasas interbancarias de cualquier país, y usaba este anuncio como gancho llamador de los inversores. En el ámbito nacional, el ejemplo cabal fue la estafa realizada por el financista tandilense Eugenio Curatola, que poseía sucursal de su firma Curatola y Asociados en nuestra ciudad, situada en San Martín y Jujuy. Él manejaba fondos de inversión off shore en dólares, y ofrecía a sus clientes participar del mercado internacional con divisas de alta rentabilidad, que por supuesto jamás aparecieron.

Ante la misma operatoria criminal -es decir un objeto lícito que opera como paraguas protector de la estafa cuando se sabe de antemano que no se cumplirá con lo prometido-, el resultado del proceso judicial no ha sido siquiera similar. Indica Ferra que a partir de la reforma del Código Penal -que deviene de la llamada Ley Bloomberg-, los máximos previstos para los delitos en concurso deben sumarse, y no seleccionarse la aplicación del mayor de ellos. Por esa razón, y considerando la cantidad estrepitosa de estafas reiteradas por Nievas, la pena máxima debería llegar a los 50 años, lo cual justificaría que se revoque la eximición de prisión de que viene disfrutando el imputado. Dicho monto de pena no admite la ejecución condicional.

La condena prevista para el norteamericano Madoff es de 150 años de prisión, mientras que Nievas ni siquiera está obligado a devolver el dinero a las víctimas de sus estafas, lo que le permite vivir de maravillas mientras prepara su siguiente golpe. "En los países donde la justicia es seria", dijo Ferra, "esto no sucede: parece que le estamos dando un premio".

Comentá la nota